Eulàlia Iglesias

Productora de buena parte de la filmografía de Sean Baker, con quien también codirigó Take Out (2004), Shih-Ching Tsou ha presentado en la Semana de la Crítica su debut en la dirección, Left-Handed Girl, en el que el responsable de Anora también colabora en la coescritura del guion y firmando el montaje. Casi todo en esta ópera prima ambientada en Taipei recuerda al cine de Baker, y no precisamente a sus mejores valores. El film se desarrolla como una suerte de revisión de The Florida Project ambientada en Extremo Oriente. Aquí también tenemos a una madre soltera que intenta salir adelante en la vida con su encantadora niña pequeña, en una situación de precariedad agravada porque no puede pagar el alquiler del puesto del mercado en que trabaja. No falta el ángel de la guarda que las protege en su lugar de trabajo, y la joven sexualizada, aquí la hija mayor de la protagonista. Left-Handed Girl por tanto se centra en una serie de personajes que se mueven en los márgenes en una situación precaria y que, en algunos casos, sobreviven mediante trapicheos. La película está atravesada por la energía de unas protagonistas casi siempre en movimiento, una cadencia que subraya el montaje de Baker. La localización en Taipei propicia que la propuesta responda a los tópicos de un cierto cine oriental: el colorismo del mercado callejero, los viajes en moto por sus calles, las luces de neón… Tsou incorpora una lectura de género enraizada en el contexto cultural. Parte de la situación difícil que vive la protagonista se explica porque ha sufrido una clara discriminación por parte de sus padres en una sociedad patriarcal que privilegia a los chicos por encima de las chicas. Pero el film se recrea en los aspectos más facilones que han contribuido al éxito del director de Tangerine (2015) la explotación del encanto cuqui de la niña pequeña, el sentimentalismo de los conflictos, el humor facilón de una serie de personajes entrañables, el giro melodramático que desemboca en la catarsis emocional y, en general, los continuos recursos facilones para emocionar al gran público. Lo mejor de la película, el argumento que justifica el título: la pequeña de la familia utiliza su mano izquierda para ejercer el ‘mal’ cuando su abuelo intenta corregir el hecho de que sea zurda diciéndole que esa es “la mano del diablo”.


Jaime Pena

Una película marcada a fuego por la Palma de Oro del año pasado (y Oscar de este año), lo que a todas luces se revela un tanto injusto. Porque Lef-Handed Girl es una película producida, coescrita y montada por Sean Baker, lo que nos puede llevar a identificar el estilo de Baker (y los ecos de The Florida Project son innegables) en el montaje y alguno de los temas de la película. Pero esta influencia convendría relativizarla: Shih-Ching Tsou codirigió con Baker Take Out en 2004 y ha producido muchas de sus películas (no Anora, pero eso es una anécdota). Es decir, que estamos ante una ópera prima en solitario de una actriz y productora ya muy veterana: quizás cabría hablar de un estilo Baker/Tsou, para lo bueno y para lo malo. Solo así se explica la ambición de una película que condensa en menos de dos horas (eso no lo consigue Baker siempre) las peripecias que afectan a tres (o más, dejemos ahí el misterio) generaciones de una familia, todas mujeres, desde la abuela con sus negocios en la inmigración ilegal, la madre con sus problemas económicos para mantener su puesto en un mercado y hasta las dos nietas, una ya adulta, sosteniendo su independencia gracias a una prostitución ocasional, y otra una niña de unos cinco años, la zurda del título, que es el eje sobre el que gira toda la película.

Que sea zurda es el elemento que desata buena parte de la trama (hay otra subterránea que solo se desvelará hacia el final). El abuelo no puede soportar que su nieta coma con la mano izquierda y le dice que  es la mano del diablo. Así que la mano actúa ‘por su cuenta’ y se entretiene robando todo tipo de objetos en el entorno del puesto de la madre: una mano cleptómana y una niña que no puede controlarla, al fin y al cabo el abuelo ya le ha proporcionado una causa y una explicación. Así que la mano, aunque sea la del diablo, es capaz de lo mejor y de lo peor, siempre inconscientemente, claro. En una ocasión salvando a la abuela de ir a la cárcel y en otra (la escena más divertida de la película, todo un hallazgo cómico) lanzando una pelota a una mascota y provocando un aparatoso accidente. Como la hija mayor se desplaza siempre en moto por las calles y autopistas de Taipei, los ecos de Hou Hsiao-hsien resultan no sé si más voluntariosos que reales. Pero ahí están esas carreteras, esos primeros planos de la motorista, esos colores saturados y un montaje acelerado que, esto sí, no debe nada al cine de Hou. De hecho uno siente el deseo de levantarse y pedirle a Tsou que pise algo el freno, que nos está contando tres historias en paralelo y que, por momentos, vendría bien concederles a cada una de ellas algo más de tiempo y de pausa. Pero Left-Handed Girl es una película sobre la agitación y la velocidad urbana y no se le pueden pedir peras al olmo.