Àngel Quintana

“¿Puedes informarme del día en que empezará el fin?”, pregunta una niña a su abuelo en un significativo movimiento de Rietland. La niña pasa muchas horas junto a su abuelo que se dedica a cortar juncos en unas marismas y a vivir de forma humilde de la agricultura. El paisaje de ese entorno rural parece apacible, la vida avanza al ritmo de las estaciones y el trabajo manual del granjero se centra en cortar juncos y cuidar el ganado. Sin embargo, la pregunta de la niña tiene unas extrañas resonancias porque en ese lugar de Flandes hay algo misterioso, algo siniestro que está escondido tras el paisaje. En los primeros momentos de la película ha aparecido el cadáver de una niña y se ha abierto una determinada investigación. El tono de la película podría ser cercano al de L’Humanité de Bruno Dumont, pero no hay una clara experiencia mística tras las circunstancias, sino una serie de trayectos en los que la luminosidad entra en conflicto con la oscuridad. La cámara se centra en los gestos del granjero, en algo que descubre, mientras intenta buscar una justificación al crimen de la adolescente. Todo el entorno va adquiriendo un tono cada vez más siniestro, como si el anuncio de ese fin planteado por la niña fuera inevitable. Estamos ante la ópera prima del cineasta holandés Sven Bresser, una película rodada con rigor, con un ritmo lento, pero acompasado, y con una clara intención de mostrar cuál es el lugar del mal sin llegar nunca a plantear un golpe de efecto.