Pecha Lo es directora y programadora del Festival Women Make Waves. Su participación en la Muestra de Cine Queer Taiwanés, nos brinda la oportunidad de mantener una conversación con ella centrada en la situación actual del cine queer. La muestra, presentada en Sevilla, ha viajado por otras ciudades a lo largo del mes de abril, y continúa su recorrido en los próximos meses por Zaragoza (del 30 de abril al 11 de mayo), Bilbao (del 23 al 30 de junio) y Badajoz (del 7 al 17 de noviembre).
Construir un imaginario queer
Como directora y programadora del Festival Women Make Waves, cuya programación se centra mayormente en lo queer. ¿Cuáles son tus objetivos durante el proceso de programación? Lo primero en lo que pienso es en mi equipo, siempre debatimos sobre la diversidad de la película y, fundamentalmente, sobre el punto de vista, porque a pesar de que solemos seleccionar películas hechas por mujeres a veces el punto de vista no es femenino. Por ejemplo, muchas de ellas se centran en los hábitos tradicionales de las mujeres, promueven los valores de ser buena madre, una buena esposa o ama de casa. Por tanto, nos aseguramos de entender la ideología de la película y lo que intenta decir. También el apartado artístico y cómo los cineastas crean y filman, y el género en el que se mueven porque el festival es pionero en proyectar cine independiente. Siempre intentamos ir más allá de lo conocido.
En una entrevista durante el Festival Internacional de Berlín hablaste de cómo el festival tuvo un impacto en los cambios políticos del país. ¿Puedes hablar sobre el poder político del cine? Creo que hay un impacto inconsciente porque recuerdo hace unos años cuando proyectaba y presentaba películas queer en distintos países y ciudades siempre había cierto rechazo de una parte del público concreto conformado por hombres y mujeres de mediana edad. Sin embargo, años después, parte de esa audiencia que presentaba quejas ahora apoya la proyección de este tipo de cine. Lleva mucho tiempo pero estamos hablando de derechos humanos.
En relación a esto, ¿cómo fue la recepción en Sevilla? ¿Cómo se acercó la gente a estas películas y a las conversaciones tras los visionados? En Taiwán, nuestro conocimiento general sobre España y su gente se basa en una actitud abierta y amigable, especialmente con lo relativo a los derechos LGBT y así es como yo lo he vivido durante el festival. Sin embargo, me sorprendió que un espectador, durante uno de los coloquios, comentó cómo gran parte de los habitantes del país se están moviendo hacia el lado conservador. Es preocupante y demuestra lo importante que es apoyar y organizar festivales centrado en este tipo de cine.
Dicho esto, como programadora, ¿alguna vez has tenido problemas proyectando alguna película Personalmente nunca he tenido ningún problema pero anoche en Sevilla, durante el coloquio de Who’ll Stop the Rain, I-Hsuan Su, su directora, mencionó que durante el recorrido por festivales algunos de ellos le pidieron eliminar algunas de las escenas lésbicas de la película. Es curioso porque muchos de estos festivales se centraban en cine queer o en temáticas cercanas al activismo o al apoyo a los derechos humanos. Fue un momento duro para ella porque quería que la película se moviese y fuese vista pero aún hay problemas con la censura, con enseñar ciertas imágenes queer.
En Who’ll Stop the Rain, El banquete de bodas (Ang Lee) y especialmente en Small Talk (Huang Hui-Chen) hay una fuerte presencia de la familia y las relaciones familiares. ¿Crees que las expectativas familiares son un factor particularmente importante en el cine queer taiwanés? En la cultura tradicional asiática, la familia gravita en torno al control de la persona, sin importar si se trata de un individuo queer, una mujer o incluso un hombre. Por ello, el cine queer trata de romper esos impedimentos y, de esa manera, lo que está haciendo es romper la familia. Es interesante, porque invitamos a una profesora española al Festival Women Make Waves y condujo una investigación que concluyó en que el 90% de las películas taiwanesas en el certamen estaban relacionadas con asuntos familiares. Es positivo que se hable tanto de la familia pero, a la vez, esto provoca que las historias no sean tan diversas. Por ejemplo, El banquete de bodas es una película pionera al hablar de esa dimensión familiar y por ello muchos cineastas siguieron este patrón a la hora de hacer sus propias películas.
¿Crees que Small Talk, como documental que habla tanto sobre la familia como sobre lo queer, es una obra pionera en romper el silencio? Small Talk no es solo importante dentro del cine queer, ahonda en temáticas que van más allá. Lo queer es lo primero con lo que se topa el espectador pero después la película trata de registrar la relación entre la madre, que es una lesbiana de mediana edad, y su hija, la cineasta. Tras este inicio, Small Talk se atreve a hablar de las injusticias que experimentan las mujeres dentro del marco familiar, de la violencia doméstica, de la valentía del divorcio y la autonomía, de las madres solteras y de ciertos rituales culturales como los funerarios o los matrimonios concertados, que ocurrieron hace no tanto tiempo. Creo que expande los límites de lo que puede ser el cine queer y lo que puede representar. Algo muy importante también es que Huang Hui-Chen, su directora, no se graduó de la escuela primaria, algo muy poco frecuente en la sociedad moderna, y aún así acudió a talleres de dirección cinematográfica y de escritura de guion por lo que es autodidacta. Esto es muy empoderante para los cineastas jóvenes y para la realización de cine queer independiente.
Las películas seleccionadas en Sevilla se centran en el conflicto. ¿Crees que hay una falta de imaginario romántico o sexual en estas películas? Si te fijas en la programación de Sevilla puede que lo haya, siempre hay una elipsis o un corte a negro, pero basándome en mi conocimiento del cine queer taiwanés diría que es bastante sexual, especialmente cuando se trata de tramas protagonizadas por hombres homosexuales o individuos transgénero. Quizás no han llegado al punto del cine queer español pero tienen un gran interés en las experiencias sexuales. En el caso de películas centradas en el lesbianismo no es tan frecuente. Por ejemplo, pienso en el cine de Shu Lea Cheang, que hace películas con bastante contenido sexual que giran en torno a lesbianas y otros individuos disidentes. Eso sí, estas fueron financiadas por organizaciones europeas.
A día de hoy, ¿cómo ves el estado del cine queer en Taiwán? Algo que he pensado mucho sobre el cine es que cuando las cosas van mejorando, la gente puede ver todo tipo de programaciones en los festivales de cine. Por ejemplo, en Taiwán hay varios festivales que se centran en lo queer en su selección y presentan una igualdad de género notable en su organización. Por ello, de alguna manera, la gente se tranquiliza, ya no hay un conflicto actual y vivo por lo que no existe ese fervor por descubrir y ver todo el cine al que se pueda acceder. Las ideas de índole queer en la política de Taiwán avanzan pero la voluntad de hacer cine provocativo o revolucionario quizás se está empezando a estancar. Me lleva a pensar mucho en el cine queer que se está haciendo ahora en Latinoamérica, sobretodo documental y centrado en la comunidad trans, aunque en Taiwán también surgen películas como Un viaje en primavera, de Peng Tzu-Hui y Ping-Wen Wang, o se mira al pasado con El río, de Tsai Ming-liang o Fresh Kill, de Shu Lea Cheang. La labor en el festival, en gran medida, es de rescate de ese ímpetu por cambiar las cosas.
Entrevista realizada en Madrid, el 31 de marzo de 2025.
Elena del Olmo Andrade








