Ecos del registro

En sus Correspondencias, Jonas Mekas respondía a José Luis Guerin mientras filmaba con curiosidad un árbol desde su ventana, diciendo: “decías algo de que mis películas son reacciones a la vida que me rodea… bueno, son y no son. ¿Quién sabe?”. Otro árbol, esta vez una palmera, es el objeto que observa la cámara de Maryam Harandi de forma espontánea una y otra vez. En un proceso que la constituye casi como una cineasta involuntaria, la revisión de esos materiales la hace consciente de su fijación por la palmera, la cual encuadra y reencuadra desde todos los ángulos que su ventana de Avilés le permite, escudriñando sus formas, observando cómo la luz se ve reflejada y cambiante a lo largo del día. De esta fascinación inicial surge La palmera y de forma accidental surgen también sus resonancias, que no hacen más que aumentar progresivamente cuando se descubre que la palmera está enferma. El objeto cotidiano emerge como intersección de la Historia y la identidad, como un receptáculo icónico que funde las narrativas de prestigio –de los indianos que plantaron estos árboles para evocar una nostalgia privilegiada por lo exótico–, y las del exilio migratorio y los ecos de la guerra de Irán –que la madre de la cineasta recuerda en forma de palmeras decapitadas–. El cortometraje resulta finalmente en un proceso de autodescubrimiento a través de las conversaciones con su madre, de revisión personal de las lógicas de lo autóctono y lo global, y de apertura de una reflexión sobre la identidad de la cineasta como persona migrante y su conexión con esas mujeres iraníes que “escuchaban llorar a las palmeras”.

Con un método de trabajo totalmente distinto pero que reposa también en las reacciones innatas a lo que existe alrededor, surge Portales de Elena Duque. Otro ser natural, en este caso el río Guadalete, es el elemento que filma una y otra vez la cineasta con su cámara en un viaje por su cauce, recorriéndolo desde la sierra de Cádiz hasta el Puerto de Santa María. Una mirada que se posa sobre los reflejos de luz, las formas y los caminos que ha ido excavando el curso del agua y que se completa a partir de la intervención sobre lo filmado. Mapas, esquemas del ciclo del agua, dibujos de la fauna en diccionarios ilustrados y el propio celuloide se convierten en portales expresivos para la creación. El cine, por tanto, se entiende aquí como espacio para la reimaginación y el diálogo constante entre formas, colores y sonidos, que toman su base del registro de la naturaleza y se completan en la experimentación plástica. Las postales antiguas desencadenan una lectura en paralelo del paso del tiempo, que conversa con lo cíclico del río y la erosión paulatina del agua sobre las rocas, los símbolos y los portales físicos –en forma de puentes, arcos y edificios abandonados– que flanquean el río hasta su desembocadura.

Nacho Álvarez