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En Retorno a Seúl, Davy Chou narra la historia de una joven adoptada por padres franceses que viaja a Corea del Sur en busca de sus raíces. Mientras tanto, en The Quiet Migration, segundo largometraje de Malene Choi (tras la aclamada The Return, 2018) y su primera incursión en la ficción –inspirada en su propia experiencia familiar–, ese retorno nunca se da. Por el contrario, la directora decide enfocarse en el retrato de la vida cotidiana de Carl, un joven de origen surcoreano adoptado por una familia danesa, adentrándose en temas que van desde el racismo sufrido en reuniones familiares hasta una reflexión sobre el problema social que existe en Dinamarca alrededor de las adopciones transnacionales. Tanto el film de Chou como el de Choi se erigen como fábulas coming of age sobre la búsqueda de la identidad, cada una enfocada en momentos diferentes de ese viaje de los protagonistas a la parte desconocida de su historia. En su propuesta, Choi va introduciendo elementos que irrumpen, de manera más o menos sutil, en la aparente vida idílica de una familia de granjeros en el campo. La influencia del cine de Apichatpong Weerasethakul se hace aquí palpable con la inclusión constante de elementos fantásticos: mujeres espectrales que se le aparecen a Carl, ciudades imaginadas e incluso un meteorito que un día cualquiera cae en la propiedad de sus padres. Metáforas sobre la dificultad de pertenecer a un lugar sin conocer el pasado propio. Hay una breve secuencia de la película en la que Carl, agotado por los comentarios que recibe en el cumpleaños de su tía, se sienta en el vestíbulo, con la mirada perdida y una bandera danesa tirada en el suelo. Marie, una camarera con quien comparte vivencias, se sienta a su lado y apoya la cabeza en su hombro y, en ese momento, la cámara gira casi hasta dejarlos de cabeza. Es el único movimiento de este tipo en todo el film y es muy significativa la decisión de incluirlo, de hacer evidente a través de la forma un estado interior que no es anímico sino vital. Porque Carl tendrá que poner toda su vida de cabeza e incluso pasar por un agujero en la tierra para poder llegar al otro lado, a la reconciliación con su familia y su historia, y finalmente dejar atrás esa roca pesada que no lo deja avanzar. Daniela Urzola