Carlos F. Heredero

Derivada de una miniserie televisiva y, por eso mismo, difícil de valorar en la casi rizomática estructura narrativa que muestra en formato largometraje (el que se ha proyectado en la sección oficial del festival), la segunda realización conjunta de los japoneses Yutaro Seki y Kentaro Hirase resulta ser un noir filmado por sus autores con una decidida voluntad elíptica y, sobre todo, con una poderosa fuerza visual en su puesta en escena. La arquitectura del relato pone en relación a varias personas que, en ciudades y tiempos diferentes, se cruzan con un hombre misterioso que adopta distintas personalidades y profesiones en cada caso. Ese andamio narrativo se muestra aquí deliberadamente fragmentario, a modo de puzle espacio-temporal que, poco a poco, va envolviendo al espectador en una tela de araña cuyo tejedor no es otro que un asesino en serie de quien la policía ni siquiera sospecha.

La violencia criminal queda aquí siempre fuera de campo, sumergida en las intencionadas elipsis de ese peculiar andamio narrativo, pero la verdadera fuerza –casi hipnótica– de la propuesta fílmica reside en su puesta en escena y en la utilización de la música y de la banda sonora. Frente a SAI: Disaster se ha tenido (casi por primera vez dentro de la Sección Oficial en este festival), la sensación de que los encuadres y la planificación tienen un sentido preciso y no otro, de que los movimientos de cámara expresan ideas y de que los tamaños de los planos son los que son porque son ellos, y no otros, los realmente necesarios para construir la densa madeja atmosférica que va cuajando y espesándose poco a poco a medida que avanza el metraje. De esa capacidad expresiva de cada plano y de una utilización de la música y del sonido intensamente dramática, pero muy espaciada y muy intencionada, nace la verdadera fascinación que emana de un thriller considerablemente perturbador que tiene, además, el valor de no ceder a una resolución acomodaticia y gratificadora, y de dejarnos enfrentados (igual que sucede en Un simple accidente, la película de Jafar Panahi), a la inquietante confirmación de que el mal sigue habitando entre nosotros.