Àngel Quintana

La biografía de José Giovanni parece escrita para convertirse en un polar. Antes de ser novelista, guionista y director, fue Joseph Damiani, un joven vinculado durante la Ocupación a ambientes criminales y colaboracionistas. Militó en el PPF (Partido Popular Francés) de Jacques Doriot con bases  ideológicas fascistas y estuvo relacionado con el Schutzkorps, organización que colaboraba con las autoridades alemanas. En 1946 fue condenado a veinte años de trabajos forzados por colaboración con el enemigo. Dos años después recibió una segunda condena, esta vez a muerte, por su participación en tres asesinatos cometidos después de la Liberación. La pena fue conmutada y Giovanni permaneció once años y medio en prisión, hasta 1956.

Este pasado ayuda a comprender la extraordinaria insistencia de su obra en torno a algunos temas como la culpa, la condena, la prisión, la lealtad, la traición y, finalmente, la posibilidad de redención. Lo significativo es que Giovanni no convierte directamente su vida en autobiografía. La transforma en una mitología del hombre perseguido que intenta conservar su dignidad cuando la sociedad ya lo ha condenado. Al salir de prisión encontró en la escritura una forma de reconstrucción personal. Su primera novela importante, Le Trou, nacía de su experiencia carcelaria y narraba una tentativa de evasión de La Santé. Jacques Becker la llevó al cine en 1960, con la colaboración de Giovanni. Le Trou es mucho más que una película sobre una fuga, ya que convierte el trabajo colectivo de los presos en una cuestión moral. Los hombres excavan, calculan, esperan y confían unos en otros. La libertad aparece como algo que solamente puede alcanzarse mediante la solidaridad. La cárcel, que en la biografía de Giovanni había sido un lugar de castigo, se transforma cinematográficamente en un espacio donde todavía es posible afirmar la voluntad.

A partir de entonces Giovanni se convierte en uno de los grandes escritores del polar francés y alterna la novela con el guion. Classe tous risques, dirigida por Claude Sautet en 1960, y Le Deuxième Souffle, realizada por Jean-Pierre Melville en 1966, son dos de las obras fundamentales nacidas de sus novelas. En ellas aparece ya el universo que Giovanni desarrollará durante toda su carrera. En ellas vemos a unos hombres que viven fuera de la ley pero que obedecen un código de fidelidad, son hombres para quienes la amistad y la palabra dada tienen más valor que las instituciones. Classe tous risques resulta especialmente reveladora. Abel Davos, interpretado por Lino Ventura, no es presentado simplemente como un criminal perseguido. Es un hombre que pertenece a un mundo que está desapareciendo. Sus antiguos compañeros empiezan a abandonarlo y la verdadera tragedia consiste en descubrir que el código de solidaridad que daba sentido a su existencia ya no funciona. Giovanni convierte así el polar en una reflexión sobre la pérdida de pertenencia. Melville llevará esta lógica a una dimensión casi abstracta en Le Deuxième Souffle. Gu, también interpretado por Ventura, acaba de escapar de prisión, pero su libertad está condenada desde el principio. El honor, la lealtad y el silencio constituyen las reglas de un universo en el que la muerte parece inevitable. Melville estiliza aquello que Giovanni había construido como materia narrativa, ya que transforma el código moral de los criminales en una auténtica liturgia.

Cuando a finales de los años sesenta, Giovanni comienza a dirigir intenta recuperar para sí el control de ese universo. Su puesta en escena es menos sofisticada que la de Becker, Sautet o Melville, pero posee una cualidad directa y física. La violencia pesa sobre los cuerpos y los personajes parecen definidos por sus actos más que por sus discursos.

Su película más significativa, Dernier domicile connu (1970) introduce una modificación significativa. Lino Ventura interpreta a un policía íntegro que es castigado por enfrentarse a los intereses de los poderosos. El antiguo condenado que había contado historias de delincuentes enfrentados a la ley coloca ahora a un representante de la ley frente a una institución que deja de ser justa. El conflicto ya no consiste simplemente en escapar de la policía, sino en descubrir que la institución también puede traicionar al individuo. Esta inversión alcanza su formulación más explícita en Deux hommes dans la ville (1973). Alain Delon interpreta a Gino, un antiguo delincuente que intenta reconstruir su vida después de la prisión, mientras Jean Gabin encarna al educador que cree en la reinserción. La película abandona buena parte de la mitología del gánster para plantear una cuestión política y moral: ¿puede una sociedad aceptar que un hombre deje de ser aquello que fue? Giovanni, que había conocido personalmente la cárcel y el corredor de la muerte, convierte aquí la experiencia de la condena en un alegato contra la pena capital.

El hombre que había sido condenado por colaboración y por graves delitos termina dedicando una parte importante de su obra a personajes que intentan escapar de su pasado y a cuestionar la posibilidad de que la sociedad los condene para siempre. No sería correcto interpretar este cine como una confesión autobiográfica ni como una expiación consciente. Pero sí existe una continuidad profunda entre la experiencia y la imaginación. Los personajes del cine de Giovanni suelen ser culpables, violentos, marginales o ambiguos. Lo que le interesa saber es qué queda del delincuente después de purgar su pena. En sus primeras películas, la respuesta se encuentra en la amistad y en el código de honor; posteriormente, en la posibilidad de reinserción.  La redención de Giovanni no consiste en borrar el pasado. Consiste en filmar personajes que, pese a llevarlo consigo, intentan seguir viviendo.