Tres veces más

“¿A dónde van las películas que hacemos?”. Esta frase aparece en las notas de trabajo dentro del libro Jonás Trueba: Le cinéma, c’est vivre trois fois plus (Jonás Trueba, Eva Markovits y Judith Revault d´Allones, 2026), la publicación que acompaña la retrospectiva organizada por el Centro Pompidou Jonás Trueba: Le gôut de present. Esta pregunta vertebró las dos semanas dedicadas a la filmografía del cineasta en París, cuyo principal objetivo es activar las películas y convertirlas en materia viva. Como parte de este recorrido, se proyectó el montaje provisional de su próximo largometraje, bajo el título Film surprise (2026). En el arranque del film, un texto impreso sobre la pantalla blanca alerta a los espectadores de que la película que están a punto de ver es única; es una versión, pero aún se desconoce cuál será su duración final. Las imágenes expuestas son un secreto, que hay que guardar bien. Film surprise es un ser efímero y mutante que han podido ver unos pocos que estaban presentes. “Hay que confiar en la gente”, decía Trueba al inicio de Quién lo impide (2021). Es en este espacio de confianza con el espectador en el que el cine de Trueba se abre en canal, donde todas sus obras entran en diálogo consigo mismas y la vida, donde resucitan. La nueva versión de Los ilusos (2013) –ahora bajo el título de Los ilusos 13+13– presentaba un nuevo etalonaje del negativo original que ahora incluye escenas a color. Esta variación en la experiencia estética es parte del espíritu iluso de revivir una película, de hacer posible lo imposible, de ver una película que ya se ha visto por primera vez. No es la única de su filmografía que se ha resignificado. Tras Todas las canciones hablan de mí (2010), se pudo ver el cortometraje Miniaturas (2011), un montaje de clips rodados con el teléfono de Trueba. Al colocarlo detrás de su primer largometraje, este se alarga, creando un final distinto. La otra película inédita que presentaba la retrospectiva, Vistillas [petites vues] (2026), entiende de la misma manera la existencia de un cine en diminutivo, hecho de pequeños jardines y en el que la cámara funciona como una extensión del brazo del creador. Si Miniaturas ponía a dialogar sus clips por acumulación, reproduciéndolos simultáneamente, Vistillas intenta revelar la verdad de la existencia y la creación de imágenes a través de la aceleración, abriendo el cine a la intimidad del cineasta, entendiendo que la materia cinematográfica es ese momento de observación de la vida mientras está siendo vivida.

El libro editado junto a la retrospectiva trabaja en la misma dirección, hacia esta resurrección, “el cine es la experiencia y no el objeto final”. Como parte de este entendimiento, hay una voluntad por parte de la retrospectiva de remover los cajones de trabajo y ponerlos sobre la mesa. El cine es una de las ramas artísticas que más rastro deja al realizarse. Desde notas de guion a descartes no montados, los restos son también parte de la película, del objeto. En el Centro Pompidou se celebró una masterclass acerca de los procesos de trabajo de la productora, y en la proyección de La virgen de agosto (2018) se incluía una puesta en escena en directo interpretada por Itsaso Arana. Esta vez, cobra vida traspasando la pantalla, llevándose al cuerpo y a la presencia. Un cine de carne y hueso, hecho con los restos, con la luz que entra por las grietas del proceso cinematográfico. Simultáneamente, en las salas comerciales francesas se estrenaba por primera vez La reconquista (2016). Un film con diez años en España, nueva en Francia, se puede volver a experimentar por primera vez. El cine resucitado, el cine que vive tres veces más.

Laura Bermúdez