Eulàlia Iglesias
En el año 2008, la actriz Sandrine Bonnaire presentaba en la Quincena de realizadores Su nombre es Sabine, su primera película como directora centrada en su hermana Sabine, a quien acabaron diagnosticando un trastorno del espectro autista. En esta edición, otra actriz, Joséphine Japy, también debuta tras la cámara con una película sobre su hermana afectada con el síndrome de Phelan-McDermid, una enfermedad rara que se parece en su manifestación al TEA más grave. Si Bonnaire se adentraba en su vida familiar a través del documental, Japy opta por la autoficción. Qui brille au combat se adentra en las complejidades de convivir en familia con una adolescente de quince años, Bertille (Sarah Pachoud), no verbal y con discapacidad intelectual, y que por tanto requiere la atención más propia de una niña de tres. A su lado, Marion (Angelina Woreth, el alter ego de Japy), la hermana que está acabando el bachillerato, y por tanto se encuentra en esa encrucijada de querer dejar atrás los lazos familiares para adentrarse en el mundo adulto, de la madre de resiliencia infinita (Mélanie Laurent, elegante en todos los trances) y el padre (Pierre-Yves Cardinal) de tendencia ausente, que parece el más sobrepasado por la situación.
Hay en Qui brille au combat una clara vocación de alejarse de los dramones sobre temas similares. La película registra los conflictos, cansancios, peajes e incomodidades que representa vivir con una persona tan dependiente como Bertille. Pero lo lleva a cabo desde una sobriedad en el tono y en una narrativa que, sin ir mucho más allá de lo convencional, resuelve las situaciones con digna eficacia. Estamos ante el retrato de una familia privilegiada en lo económico, y esto se traslada un tanto al registro del film. Qui brille au combat mantiene siempre la compostura sin dramatizar demasiado ni incomodar a su audiencia, pero con una honestidad encomiable en el tratamiento de los asuntos espinosos que genera una menor dependiente. La película también quiere celebrar, a su manera, lo que supone formar parte de la vida de una persona divergente.








