Felipe Rodríguez Torres

¿Es el tiempo elástico y relativo? Un fin de semana puede ser una eternidad y, en cambio, veintinueve años de vida, una ínfima parte de la existencia humana. Y en escasos segundos la vida de cualquiera puede dar un vuelco de ciento ochenta grados. Esa dilatación o contracción del tiempo se encuentra en la base de Nino, la ópera prima de Pauline Loquès. Un diagnostico de cáncer de garganta inesperado le da la vuelta a la vida de su protagonista, Nino (Théodore Pellerin), replanteándose su relación con el entorno, ya sea el familiar, personal, amistoso y sentimental e incluso su propio lugar en el mundo.

En el fondo, una fusión entre el tono y las formas de otras dos películas a competición en la sección Punto de Encuentro: Kika (Alexe Poukine) y The Luminous Life (João Rosas). De la primera, abraza el concepto de acontecimiento fortuito que provoca un giro total en tu sistema de creencias, además de hacer uso de la sexualidad como elemento liberador y terapéutico tanto del cuerpo como de la mente (de maneras muy diferentes); y de la obra de João Rosas, su apuesta por una suerte de slice of life optimista y humanista, gracias sobre todo a la interpretación de su protagonista principal, un Théodore Pellerin al que la cámara y la mirada de Pauline Loquès no deja de escudriñar desde múltiples ángulos (y siempre desde una distancia prudencial), siendo capaz de transmitir de manera elocuente, pero nunca exagerada, el torbellino de emociones que inundan la vida de un joven que se replantea su lugar en el mundo, devolviéndole la esperanza vital, aunque su directora deje abierto a la interpretación el destino final de su conmovedor personaje.