En la guerra civil siria, iniciada en 2011, miles de personas fueron víctimas de violaciones de derechos humanos, incluyendo torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones, perpetradas tanto por las fuerzas del régimen de Bashar al-Ásad como por otros grupos armados. La red fantasma está inspirada en la realidad de este conflicto y, en particular, en la persecución de los líderes del régimen que participaron y fueron responsables de crímenes de guerra, torturas y represión.
La película de Jonathan Millet, seleccionada para abrir la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes en 2024, narra la historia de Hamid, un hombre que se une a un grupo clandestino que, desde el exilio, busca llevar a la justicia a los responsables de estos crímenes. La película ahonda en los dilemas morales y emocionales de quienes sobrevivieron a estos horrores y buscan justicia confrontando a sus torturadores. La película sigue una estructura clásica de thriller, saturando por momentos sus recursos, como el reiterado uso de música dramática, que subraya en exceso los momentos de tensión, o una estructura de guion que puede resultar algo básica. La película mantiene las torturas fuera de campo o, lo que es más interesante, se sugiere a través de las narraciones, que ni siquiera se reproducen por completo, así busca las reacciones del espectador al mismo tiempo que los gestos de Hamid. Se aleja del morbo al no mostrar en pantalla las atrocidades cometidas y construye un relato respetuoso que deja su papel escabroso a la imaginación del espectador para completar los huecos. Aunque la película es imperfecta y recurre a varios tópicos del cine social (la mirada a cámara o la música ascendente son una muestra de ello), no por ello carece de interés, porque aunque a nivel formal haya bastantes elementos que caen en lugares comunes o recursos utilizados de maneras redundantes, es un tema al que merece la pena acercarse, pues es una historia mayormente desconocida y que afecta a nuestra historia mundial más actual.
Clara Tejerina











