En su ensayo seminal La responsabilidad de los intelectuales, Noah Chosmky afirma que: “El privilegio da oportunidades y las oportunidades confieren responsabilidades”. La toma de partido y el compromiso político no es un debate reciente dentro de la esfera del arte, pero, ¿exactamente dónde se localizan este tipo de responsabilidades? Y, sobre todo, ¿para qué o para quién? Este tipo de cuestiones quedan patentes en la ópera prima de Pablo Gil Rituerto. Un viaje en paralelo que enfrenta pasado y presente a partir del recorrido que emprendieron en 1961 el colectivo Cantacronache, un grupo italiano de músicos, poetas y escritores antifascistas. Al igual que ese grupo de veinteañeros de izquierdas, la motivación del cineasta reside en la recuperación y el registro del folclor popular antifranquista, pero dibujando nuevos paisajes sonoros con la actualidad social y, a partir de la reinterpretación del archivo (en colaboración con Maria Arnal y Marcel Bagès, Faia Díaz o Nacho Vegas, entre otros), encontrar nuevas dimensiones políticas.
El proyecto, nacido de los aires revolucionarios del 15M, es la consolidación de una lucha contra el olvido; un viaje entre dos tiempos que interactúan por medio de los relatos orales. El cineasta, montador habitual de José Luis Guerin o Isaki Lacuesta, toma como base el libro Cantos de la nueva resistencia española para retomar el camino iniciado por Margot Galante, Lionello Gennero y Emilio Jona, responsable del centro musical etnográfico de Turín que albergaba los más de 9000 pies de cinta magnetofónica y la voz encargada de narrar las entradas del diario de viaje clandestino. Esta lucha de memorias encontrará ecos en la realidad histórica de una España ahogada por el régimen franquista; iniciando un diálogo entre las imágenes de la lucha minera, la expansión migratoria, los campos de concentración franquistas, la infinita reescritura popular de carácter antifascista, la censura o el lugar del artista, con las protestas por los juicos del procés, la inhumana política de fronteras de la Unión Europea y el avance del neofascismo por Europa. La sensibilidad con la que el montaje refleja las ruinas del mapa desmesurado de la memoria hará avanzar la narración cronológica y temáticamente, haciendo de la película un conmovedor acto de resistencia ante un mundo futuro que, mientras se acerca, se vuelve dolorosamente inconmensurable e imponderable.
Felipe Gómez Pinto











