La ópera prima de Louise Courvoisier narra la vida de Totone, un joven granjero que enfrenta las tensiones y desafíos de la vida agrícola mientras se embarca en un viaje personal de crecimiento y madurez. La cinta destaca por su mirada hacia el mundo rural y crea una atmósfera cálida con una mezcla estética y narrativa que combina el realismo y el cuento. Se presenta como una propuesta que se construye de forma orgánica, sin más pretensiones formales que la de mostrar el fluir de las vidas del pueblo y de la Francia rural. Envuelta en un tono de comedia cotidiana, la película cuenta con gags que reflejan el pulso jovial y desenfadado de la vida de campo, a pesar de sus dificultades. Aunque a veces pueda resultar un poco naif, su estructura sencilla y directa funciona dentro de los códigos de la comedia francesa en un relato fácil y despreocupado, evocando títulos como La familia Bélier (Éric Lartigau, 2014). Para conseguir esta naturalidad, la directora opta por trabajar con actores no profesionales o debutantes de la región, y así transmitir de forma más veraz las sensaciones y el ritmo de la vida local.
Elio Balezeaux se encarga de la dirección de fotografía; entre sus trabajos anteriores se encuentran cortometrajes y producciones independientes en Francia, donde explora un estilo naturalista y una narrativa visual centrada en los detalles cotidianos y la luz natural. Balezeaux ayuda a Courvoisier a conseguir un lenguaje de la luz inspirado en el impresionismo, movimiento artístico que celebra lo efímero y la conexión con la naturaleza. La película resuena con obras como La cosecha de Camille Pissarro o La siesta de Claude Monet, quienes también captaron esa belleza poniendo énfasis en la luz, y las vidas cotidianas sencillas y laboriosas de las personas que habitan el campo. De una manera ligera y divertida, la película no busca más que contar una historia dulce ambientada en Jura, en la frontera entre Francia y Suiza. Su construcción funciona desde la sencillez invitando a disfrutar de un rato ameno en la vida rural y experimentar la conexión entre la tierra y la comunidad.
Clara Tejerina











