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Cine para los sentidos

¿Cómo llega hasta la novela de Marcel Rouf, que adapta en el film, y qué le llamó la atención de ella? Hace veinte años que quiero hacer una película sobre cocina. Como todos los directores, yo también quería hacer una película sobre un arte. La cocina toca unos sentidos diferentes a otras artes: el olor, el gusto, el tacto, lo visual… He leído muchos libros sobre cocina. Pensé en adaptar uno que se llama Calor, de Bill Buford, pero no conseguí hacerlo. Y, por casualidad, cayó en mis manos este otro libro, que tiene un contenido muy pasado de moda, pero con páginas extraordinarias sobre el arte culinario y, por eso, decidí adaptarlo. La película cuenta la historia que sucede antes del libro.

Dice que siempre quiso hacer una película sobre cocina, pero en algunas de sus obras como En pleno verano (2000) o El olor de la papaya verde (1993) ya estaba la comida presente, ¿de dónde viene esa pasión? Pienso que viene de mi familia, mi madre era muy buena cocinera. Y como todos los niños, lo primero que dices es: “¿Qué hay para cenar?”. Esto es algo que mis hijos hacen hoy también, solo piensan en eso. Ahora que son mayores y viven en otros países, es la comida lo que les atrae a casa de nuevo. Es algo que forma parte de nuestra vida cotidiana y, por lo tanto, merecía una película.

Sus últimas obras transcurren en el siglo XIX, ¿es una casualidad o tiene algún interés en ahondar en el pasado? Es una coincidencia, y es algo que viene también de una reflexión. Por ejemplo, la película que no pude hacer sobre Calor, sucede en una época moderna, en restaurantes de tres estrellas en Nueva York. Y me di cuenta de que la cocina hecha en el contexto moderno nos remite a todas esas imágenes que vemos en documentales y programas sobre cocina. Esa luz blanca desde arriba que se proyecta en los platos y respeta su color. Pero sabía que si hacía una película sobre la comida necesitaba que estuviera presente la naturaleza y con una luz contrastada. Aunque esta historia se podría trasladar perfectamente a nuestros días.

El primer tramo de la película es una gran coreografía entre fogones, ¿cómo fue ese trabajo de planificación? Muy difícil, la verdad es que hubo una larga preparación. Resultó muy complicado para mí explicar al equipo cómo lo íbamos a hacer. No es como si estuviéramos en una cocina real, todo tenía que estar en su sitio. Había que coreografiarlo todo, ir marcando los movimientos perfectamente. Resultó bastante complejo.

Su película plantea una analogía entre la pasión amorosa y la pasión por la cocina. Sí, la cocina es el arte de la sensualidad puro. Para la vista, para el gusto, para el olfato… El amor es una gran parte de la sensualidad de la vida. Quería introducir esta comparación de una forma sutil, el espectador es el que tiene que crear esta sensación de sensualidad.

El cine culinario no existe como género, aunque existan en la actualidad muchos documentales y programas sobre cocina, ¿manejó algún tipo de referente visual previo? He visto casi todas las películas sobre el arte culinario, porque es algo que me interesa. Mi película favorita es una japonesa, Tampopo (1985), de Jūzō Itami, es un film muy bonito de un director que murió muy pronto. Pero ninguna película ha resultado una referencia para la mía, lo que hago es introducir el amor por la comida dentro de un impulso cinematográfico. Para mí eso es lo importante.

¿Siempre tuvo en mente a los dos protagonistas? ¿Influyó que ellos hubieran mantenido una relación personal previamente? Evidentemente pensé en los dos. Benoît Magimel es un actor maravilloso, ha vuelto de una manera increíble al escenario cinematográfico, incluso ganando el César. Resultan una pareja muy deseada, tanto para mí como por parte de los espectadores, por eso intenté reunirlos.

Llama la atención el trabajo de dirección de arte, la reconstrucción de época. La directora de arte es mi mujer, Nu Yên-Khê Tran, que es la que hace este trabajo en muchas de mis películas y también crea el vestuario. Tiene una mirada especial sobre la decoración, cuando trabajo dejo que fluya la creatividad. Doy un marco, evidentemente, ella lo conoce bien y sabe cuándo mostrarme las cosas. Pero dejo mucha libertad para poder crear e inventar. Tengo la necesidad de ver cosas que me encanten para poder filmar. No ejerzo un control absoluto.

La película habla sobre una estrella de la cocina de la época, ¿se podría extrapolar esta figura a los cocineros actuales, que muchas veces parecen estrellas del rock por su popularidad? Sí, es verdad. Los cocineros son estrellas del rock. Todo empezó con Marco Pierre White, un cocinero británico que tuvo sus tres estrellas Michelin y las devolvió, y eso fue algo extraordinario en el mundo culinario.

Su cine está repleto de historias dramáticas, sin embargo, en este caso busca un poco más el lado hedonista del cine, el disfrute. Sí, totalmente, y eso es importante para mí. Ya estamos suficientemente rodeados de problemas y es importante reivindicar el placer de la existencia, de estar vivo en este mundo, de poder mirarnos con comprensión. Eso es lo que quería mostrar en la película.

En su filmografía tienen mucha importancia los sentidos, en este caso el que predomina es el del tacto. Es uno de los motivos por los que no hay música en la película. Esta presencia de la materia en la película, las verduras, la carne, el fuego, el agua y el ruido que hacen… Pensamos que la música es necesaria para una historia de amor, pero estos sonidos de la naturaleza y la sensibilidad de los personajes consiguen que no necesite música en mi película. Y esto es una decisión muy importante.

¿Hasta qué punto es un director que le gusta controlar las interpretaciones o permite improvisar? No me gusta controlar, me gusta recibir. Propongo un dispositivo de puesta en escena, pido a los actores que se muevan o gesticulen. Y todo funciona, yo no controlo nada. Solo tengo que hacer que funcione bien, y en ese momento surge un placer en todo el equipo. Es simplemente un marco, luego está en manos de cada uno crear algo.

Fernando Bernal

Entrevista realizada en San Sebastián el 28 de septiembre de 2023.