En un mundo que trabaja en deconstruirse, donde los patrones relacionales están cambiando poco a poco, los sentimientos salen a la luz y las normas sociales se transforman, los hombres buscan formas de explorar caminos emocionales que se van abriendo gradualmente. A Real Pain enfrenta, en clave de comedia, el conflicto del hombre con sus emociones. Dos primos, David (Jesse Eisenberg) y Benji (Kieran Culkin) deciden hacer un viaje en busca de sus raíces. Al estilo de La extraña pareja (1968), el motor de la comedia son las exageradas diferencias entre ellos, con gags tanto físicos como de carácter. La película se convierte en un viaje de reconexión al estilo de Wes Anderson en Viaje a Darjeelin (2007). Sin embargo, a lo que realmente se están enfrentando no es al legado familiar (como ellos creen), sino a un pasado, tanto personal como colectivo, que les ha negado la capacidad de sentir.
¿Están buscando a su abuela o están buscando el origen de su dolor? En un monólogo, David expone los sentimientos de su compañero y cuestiona sus consecuencias, tanto para el otro como para sí mismo, mostrando la soledad que siente y las dudas y complejidades que surgen debido a su incapacidad de comprender dichas emociones. ¿Cómo se pueden sentir ciertas cosas mientras hay tantas tragedias en el mundo?, ¿cómo no decepcionar a sus ancestros y sus vidas al colapsar frente a problemas cotidianos? Aquí es donde mente y emoción se bifurcan y nace la envidia del hombre ‘correcto’. David ve en Benji una libertad arrolladora que él, atado a su rectitud y creencias, es incapaz de experimentar. No obstante, esta libertad no implica felicidad. Al acercarse a la emoción también conecta con el abismo, lo que implica experimentar tanto lo positivo como lo negativo abiertamente. Sin embargo, en el fondo, es lo que David anhela, porque al menos es un dolor real, a real pain.
Benji llora, ríe, se desmorona o duda, pero el ‘raro’ de la película, el incomprendido que no encuentra su lugar ni consigo mismo ni con los demás, siempre será David. A pesar de los lugares comunes que toca, la película se convierte en una invitación, orquestada de manera fácil y sencilla, a reformular los códigos de lo correcto y lo incorrecto y liberarse de los yugos históricos y sociales de la sociedad machista para poder experimentar la incomodidad. A través de una bofetada deja clara la tesis de que el dolor físico es efímero, dando paso a la carcajada, mientras que el dolor emocional es permanente.
Clara Tejerina











