Carlos F. Heredero

Seleccionada por la academia de cine de Brasil para representar a su país como candidata al Premio Goya de la academia española a la mejor película latinoamericana, la nueva realización de Gabriel Martins coloca en el centro de su relato a la Vicentina del título, una ya casi anciana profesora que emprende un recorrido de duelo y recomposición cuando decide pedir perdón, de manera personal, a los allegados de las víctimas del trágico accidente sufrido por el autobús que conducía su hijo, igualmente fallecido en el trance. Vicentina centra el punto de vista narrativo y conduce todo el relato: un itinerario de expiación por asunción de responsabilidades subrogadas y de duelo personal para tratar de asimilar la devastación personal que supone semejante pérdida.

Toda la película se fía a la honda humanidad de Rejane Faria, la gran actriz que inyecta en el personaje de Vicentina hondura y verdad emocional, dolor profundo y mirada sabia al mismo tiempo. Su encuentro con los diferentes familiares de las víctimas le depara todo tipo de respuestas: unas más empáticas y reparadoras, otras más amargas y agrias, pero es el camino lo que verdaderamente cuenta, y Gabriel Martins filma ese recorrido con franqueza dramática (sin alharacas folletinescas, sin retórica autocondescendiente) y con notable entereza visual (el peso y el lugar que ocupa el cuerpo de Vicentina en cada uno de los encuadres). El resultado es una película que, de forma inesperada, viene a dialogar con Tender Loving Care, la hermosa película de Mike Leigh que pone también en el centro de su propuesta el amor y el cariño que el cineasta siente por sus criaturas, a la vez que hablan, ambos títulos, del sentido de los cuidados y de la humanidad curativa que nos habita.