Àngel Quintana

The End of It es la ópera prima de la directora catalana María Martínez Bayona, realizada con una clara vocación internacional. Se trata de una película concebida desde una ambición que trasciende el marco local tanto por su escala de producción como por la configuración de su reparto. Arropada por nombres como Rebecca Hall, Gael García Bernal y Noomi Rapace, la película construye un ecosistema interpretativo que parece buscar desde el inicio una circulación global y una inserción natural en el terreno del cine fantástico autoral contemporáneo. The End of It se presenta como una carta de intenciones, planteando un cine de ideas que busca cómo expandirse visualmente más allá de su trama argumental.

La película funciona como una fábula distópica situada en un futuro donde la humanidad ha logrado vencer a la muerte y donde el envejecimiento ha desaparecido. Lo que inicialmente podría presentarse como la culminación del sueño humano acaba revelándose como una paradoja inquietante. La inmortalidad deja de ser una conquista para convertirse en una forma de suspensión vital, un espacio donde el tiempo ya no conduce a ninguna parte y donde las certezas sobre las que se había construido la experiencia humana empiezan a desmoronarse. Claire (Rebecca Hall) celebra su cumpleaños, tiene 250 años y sus huesos han sido susituidos por prótesis. Su malestar existencial la lleva a querer asumir la muerte, como si quisiera revivir una eutanasia futurista. La película plantea hipótesis sugerentes, como la relación entre una madre que decide asumir la muerte como un acto voluntario y una hija incapaz de comprender esa renuncia a una vida potencialmente infinita. A partir de esta tensión emerge una reflexión sobre la memoria y sobre aquello que define nuestra identidad, es decir si los recuerdos son acumulación o pérdida, si el olvido constituye una forma de desaparición y si la muerte no era, en realidad, aquello que otorgaba valor y sentido a la experiencia de vivir.

La película tiene la inteligencia suficiente para no convertir estas cuestiones en simples ejercicios teóricos. Sin embargo, en su parte central parece quedar atrapada en una única idea que se expande sin terminar de transformarse. El relato avanza a través de variaciones sobre el mismo conflicto y transmite la sensación de estar girando sobre sí mismo, como si la propia inmovilidad existencial que describe terminara contaminando su estructura dramática. Pero cuando parece haber agotado sus posibilidades, The End of It encuentra una poderosa vía de escape en su desenlace. Es allí donde la película alcanza su momento visual más inspirado al establecer una inesperada conexión entre la desaparición física y la instalación artística, convirtiendo el acto de la muerte asistida en una experiencia estética de una extrañeza profundamente perturbadora. La imagen deja de ilustrar una idea para transformarse en una experiencia sensorial. Quizá The End of It no logra sostener plenamente todas las ambiciones que anuncia, pero en sus mejores momentos demuestra una personalidad visual y una más que notable ambición.