Àngel Quintana

Aparte de ser un gran cineasta del absurdo y del sinsentido, Quentin Dupieux es un cineasta político. Bajo la apariencia de una comedia grotesca, Full Phill se convierte en una película que reflexiona sobre los sistemas de poder y la descomposición de una autoridad masculina y supremacista que es incapaz de comprender el mundo que quiere controlar y vigilar. Dupieux parte de la relación entre un padre (Woody Harrelson) y su  hija (Krysten Stewart) para poner en crisis la figura paterna y llevarla hacia el absurdo. El padre, presentado como un americano con gorra, es un ser neurótico, obsesionado con vigilarlo todo y en mantener su mundo inalterable. Su figura es la de una autoridad agresiva, la caricatura de una masculinidad autocomplaciente que necesita imponer su orden sobre los demás. Su necesidad de control no es solo psicológica, sino política. Dupieux lo filma como alguien incapaz de aceptar la autonomía ajena, encerrado en una lógica donde la familia y el propio relato deben obedecerle. Frente a él aparece la chica que ha vivido a espaldas de ese poder y que organiza su venganza mientras va comiendo bulímicamente todo lo que encuentra.

De forma progresiva, Dupieux filma la caída del patriarca a través de una lenta erosión. Todo el desgaste íntimo que experimenta el supremacista americano encuentra su reflejo en el París convulso que Dupieux filma, atravesado por manifestaciones de las que no sabemos cuál es la causa. El París en el que las calles no cesan de arder es reflejo de ese mundo convulso ante el cual el poder americano, masculino y occidental es incapaz de adaptarse, ni de darse cuenta de la existencia de una realidad cambiante. El humor grotesco de Quentin Dupieux conecta con una canónica escena de la película de Monty Python, El sentido de la vida (The Meaning of Life, 1983). Esta referencia aparece cruzada con otra al film La mujer y el monstruo,  de Jack Arnold.  En la suite del hotel parisino, la chica visiona una película de serie donde el monstruo del lago surge desde lo reprimido para devorar directamente una serie de cabezas, símbolo de la razón y del dominio. El monstruo no surge como una anomalía, sino como un ser surgido de un sistema grotesco que, como el supremacismo americano, también empieza a destruirse desde dentro.