Carlos F. Heredero

Con un presupuesto de diez millones de dólares, producto de una financiación íntegramente europea (Suecia, Francia, Dinamarca, Alemania y Finlandia), dirigida por un cineasta nacido en Suecia de padres egipcios, que no ha vuelto al país de sus progenitores desde que fue expulsado de allí en 2015, y rodada en Estambul (aunque su acción transcurre en El Cairo), la nueva película de Tarik Saleh es un thriller político que se quiere internacional aunque hunde profundamente sus raíces en la capital egipcia y en el contexto político del régimen militar y autoritario del general Abdel Fattah Al-Sisi, actual presidente del país desde 2014. La propuesta viene a cerrar una supuesta ‘Trilogía de El Cairo’ formada también por las anteriores El Cairo confidencial (2017) y Conspiración en El Cairo (2022), y tiene la virtualidad de colocar al cine en el centro de su complicada trama político-criminal.

El protagonista es el actor más famoso del país, obligado a trabajar en un film donde debe interpretar precisamente al general Al-Sisi –Ministro de defensa y Comandante en jefe de las fuerzas armadas– cuando este toma el poder al derrocar con un golpe de Estado a Mohamed Morsi, ganador de las elecciones y representante de los Hermanos Musulmanes. La intriga tiene todos los componentes más tradicionales del género (conspiraciones militares, servicios secretos, relaciones amorosas peligrosas, salvajes crímenes de estado, denuncia política…) y se articula en múltiples ramificaciones hasta componer un oscuro y pesimista calidoscopio del país al que Tarik Saleh no puede regresar. De sus imágenes, que narran una historia ficcional, emerge un duro retrato crítico del régimen egipcio actual, pero su dimensión estrictamente cinematográfica y su puesta en escena estrictamente funcional no pasan de ser las de un modesto film de género que, mucho se teme este crítico, tampoco habría llegado a Cannes si no fuera porque ya el título anterior de su director ganó aquí el Premio al Mejor Guion en 2022.


Àngel Quintana

Tarik Saleh, cineasta de origen egipcio afincado en Suecia, ha decidido construir una trilogía sobre la corrupción y las formas de poder en el Egipto situado después de la primavera árabe y después del poder de Hosni Mubarak. En El Cairo confidencial utilizaba la estructura de una película de detectives para criticar las redes económicas que gobernaban Egipto. En Conspiración en El Cairo retrataba el poder religioso y la fuerza del islam sunita a través de un acto criminal dentro de una universidad islámica. Finalmente, Tarik Saleh ha decidido completar su filmografía con Eagles of the Republic, donde el retrato se centra en el poder político del presidente Abdel Fattah Al-Sisi y el entorno militar. Como en las películas anteriores, el formato que usa es una historia de conspiración con ramificaciones políticas y con una clara voluntad de llevar a cabo un cine de denuncia.

Eagles of the Republic parte de una premisa interesante, George Fahmy –interpretado por Fares Fares, el actor protagonista de la trilogía completa– es la estrella más popular del audiovisual egipcio, pero las autoridades creen que no ama suficientemente a su patria e intentan vigilar su popularidad y su área de influencia. Una productora le ofrece la posibilidad de realizar el papel del presidente Al-Sisi en una película patriótica que reconozca su camino hacia al poder después de haber apartado a los Hermanos Musulmanes. El actor acepta el papel para evitar amenazas y no ver deteriorado su proyecto. Tarik Saleh teje una especie de telaraña sobre los entresijos del poder y sobre cómo un rostro mediático es utilizado para que actúe dentro de la dinámica del poder. Rodada con más profusión de medios, pero sin la fuerza visual de Conspiración en El Cairo, Saleh lleva a cabo un thriller vistoso, pero que a veces resulta mecánico en su ejecución. La película constituye un retrato feroz de las alcantarillas del estado egipcio, pero lleva demasiado al límite los golpes de efecto y giros propios del género.