Huellas indelebles
Francisco González Quijano
“¿Cuál es el primer recuerdo que conservas de tu infancia?”. La pregunta resuena dos veces en el primer largometraje de Stefan Koutzev. El protagonista tiene la imagen de gatear debajo de la que fue su cama en Corea, un recuerdo que adquiere otra dimensión ahora que vive en Alemania. Incluso su primera memoria lo sitúa fuera de lugar. Ya adulto, Sori parece incapaz de encontrar uno propio. Sin poder desprenderse de las huellas y los sueños que quedaron al otro lado, recorre las calles de una Europa luminosa en las que no logra integrarse del todo. Mantiene apenas un par de vínculos y trabaja como asistente en una galería de arte mientras sostiene ante sus padres la ficción de unos estudios que no realiza.
Ciertos recuerdos tienen la mala costumbre de permanecer cuando uno preferiría que desapareciesen. Sobre esa idea gravita este film titulado con otra pregunta, Why Hasn’t Everything Disappeared Yet? (2026), una reflexión fílmica con ecos autobiográficos del cineasta búlgaro afincado en Alemania. A Sori le gustaría alejarse de un efímero pasado militar, las expectativas familiares y la imagen de una vida que nunca terminó de construirse. La película lo presenta solitario en una azotea, en un plano general que sirve para verlo acercarse al borde y escupir con desdén hacia las calles de una ciudad que no le pertenece. La sensación de extravío se muestra antes de que conozcamos a Sori. La primera secuencia muestra a dos hermanos que descubren, a bordo de un autobús, que viajan a una ciudad equivocada. Durante varios minutos, Koutzev sigue su recorrido y convierte su incertidumbre en la del propio espectador. Tras los créditos iniciales, sin embargo, el film abandona esa historia y nunca vuelve a ella. Una obra que se pregunta por qué no ha desaparecido ya todo comienza borrando relatos y personajes. Algunos quedan fuera de la narración, otros continúan avanzando sin encontrar su lugar.
Mientras el director consigue que ciertas historias se desvanezcan, el protagonista no deja de dibujar a lápiz parte de sus obsesiones. A través de primeros planos, la cámara se suele detener en sus trazos y bocetos como anclajes del pasado. Aquello que se representa sobre el papel también atraviesa su vida cotidiana. La puesta en escena permite ver a Sori entregado a tareas rutinarias mientras conversa con sus conocidos acerca de fronteras, tradiciones o pertenencia. Incluso cuando comparte el encuadre con otros personajes, la película transmite la impresión de alguien que se encuentra solo o de paso. Koutzev llena la película de vehículos, trayectos y espacios de tránsito para hablar de una inmovilidad emocional. Sori se sube igual a unos coches de choque que a un teleférico o a un árbol desde donde observar el paso de los aviones. Son imágenes de movimiento y distancia que dialogan con una cinta que va de sitios equivocados. Los planos abiertos de paisajes luminosos parecen ofrecer una vía de escape al personaje, pero también quedan impregnados por la melancolía que lo acompaña allí donde va. La verdadera pregunta de Why Hasn’t Everything Disappeared Yet? es otra: ¿qué hacer con todo eso que persiste cuando debería haber quedado atrás?
La identidad en el aire
Jazmin Aliaga
La identidad en Why Hasn’t Everything Disappeared Yet? (Stefan Koutzev, 2026) se plantea como algo construido en el vaivén entre los espacios que se habitan y aquellos que ya no. Una identidad que se forma en relación directa con el entorno y con la memoria. En este sentido, Koutzev retoma la sensibilidad de los elementos que ya aparecía en sus cortometrajes: el aire, el agua y la luz del atardecer funcionan como materia que atraviesa la experiencia de Sori Moon (Juho Lee). Cuanto más se entrega a la vida que lo rodea en Alemania, más aparece la pregunta por su pasado en Corea del Norte. La identidad se vuelve así preguntas constantes: ¿quién soy aquí?, ¿quién creen que soy allá?, ¿desde dónde se sostiene esa imagen?
La película empieza con unxs hermanxs en un autobús que van hacia un destino equivocado, pero rápidamente abandona ese gesto para centrarse en Sori y en su forma de estar en un mundo que parece siempre a punto de desajustarse. El cielo, especialmente el atardecer, organiza gran parte de la percepción del film, como si todo quedara suspendido en una temporalidad intermedia. En la inmersión de las conversaciones, aparece una reflexión constante sobre el recuerdo y la identidad, con ecos a Rohmer en esa forma de hablar de lo existencial desde lo cotidiano. Mientras se arma un lienzo, la charla sobre los primeros recuerdos abre una grieta: la identidad como algo que no se posee, sino que se recuerda de manera incompleta y se construye como un dibujo. En la llamada que tiene Sori con su madre, ese núcleo se vuelve más evidente. Su cuerpo casi fundido con la oscuridad del cuarto y la pregunta por su primer recuerdo desplazan la memoria hacia el presente. Ahí se entiende que la identidad de Sori está atravesada por el hecho de haber dejado Corea del Norte y habitar ahora Alemania, entre dos lugares sin estar del todo en ninguno.
Esa condición se expresa en los elementos. Los juegos suspendidos que no tocan el suelo, el martillo en la feria que atraviesa el cielo, el teleférico donde su cuerpo no está ni en la tierra ni en el aire del todo: todo insiste en una lógica de suspensión. Las fotografías despintadas del servicio militar funcionan del mismo modo, como restos de una identidad anterior que aún aparece aunque esté borrada. El agua fluye como la memoria, y el aire aparece como un espacio de tránsito permanente. Dentro del teleférico, el reflejo en la ventana mezcla su rostro con el reflejo de delante, condensando todo lo anterior: el pasado, el presente, la imagen de sí mismo y la mirada de lxs otrxs. El recorrido hacia el río Rin, junto a su relato sobre el carnet de identidad que le dieron después del servicio militar, vuelve sobre lo mismo. Y en ese flujo entre agua y aire, entre recuerdo e imagen, la película muestra a la identidad como algo que existe precisamente en su inestabilidad, en ese estar y no estar al mismo tiempo.








