El replanteamiento del acceso al conocimiento, más allá del dato histórico o el mero juicio político y estético, se pudo ver en la década de los sesenta como el portal hacia el papel de la imagen como creadora de mitos y verdades. Una revolución que supieron percibir y manipular los medios de comunicación masivos a la hora de  de transmitir, desvelar y compartir el destino de una sociedad necesitada de nuevos dioses y dogmas. Una huella que, a pesar de estar construida a imagen y semejanza de la cultura pop, no le era ajena a las sociedades de consumo previas a la globalización. Este tipo de vaguedad superficial supeditada al poder del dinero y a la futilidad de la fama, expondrá la ‘problemática’ en la que camina el último trabajo del cineasta Andrei Ujică. Este falso documental revestido de ensayo poético utilizará la histérica llegada a Manhattan en 1965 de los Beatles para reformular y repasar el convulso clima sociopolítico que vivió Estados Unidos ese mismo año.

A través de dos niveles formales y narratológicos, se confrontarán distintas formas de libertad y expresión que revelarán la fragilidad democrática del país de la libertad. El material de la primera parte (en blanco y negro y 16 mm) recogerá los días previos al concierto del cuarteto de Liverpool en el Shea Stadium. La segunda parte, como si fuera una variante de la misma imagen-tiempo, se localiza en la dispar coincidencia de la Feria Mundial de Nueva York y las revueltas del vecindario angelino de Watts. La contraposición entre el racismo institucional, la violencia policial y la lucha por los derechos civiles, con la inconsciente atmosfera lúdica y capitalista del otro lado de la costa, sintetizará a la perfección la eterna y cíclica polarización de un país en beligerancia constante. Y en medio de estos episodios, se colará la ensoñación de un joven escritor –extensión del propio director– que observa en esta enajenación, los fantasmas de una juventud deliberadamente contradictoria. Al final, el color en formato Super 8 se apoderará de la Nueva York de Tony Schwartz o Holden Caulfield, y encontrará, en esta serie de videogramas de la incomunicación, una delicada metáfora del panorama ideológico que tiene eco en la actualidad inmediata. Un tenue borrador de anotaciones visuales que nos recordará siempre las cosas que decimos hoy.

Felipe Gómez Pinto