Abrir las imágenes mediante el sonido
A la hora de abordar las diez sesiones que compusieron la presente edición de Doc’s Kingdom, celebrado este año en la ciudad portuguesa de Odemira, uno debe hacerse a la idea de cómo este Seminario Internacional de Cine Documental, edición tras edición, dinamita las premisas que homogeneizan la gran mayoría de festivales de cine del panorama: una única sección, no competitiva y alejada de criterios de estreno o duración. Stoffel Deboysere (curador habitual del Colectivo Courtisane y responsable de esta edición del Seminario) propone en ‘Ways of Listening’ (formas de escuchar) releer las premisas del documental etnográfico y el ejercicio antropológico desde el sonido y a través del trabajo de seis artistas invitados.
El entendimiento del sonido como estrategia documental (captadora de lo real) abre la puerta a preguntas complejas y es que, si las imágenes tienen una ética, ¿cuál es la ética de la escucha?, ¿de qué manera suena el respeto? La abstracción sonora frente a la claridad de la imagen abre todo un campo formal que necesita de definir los diferentes modos de escucha. En este sentido, resulta reveladora la presencia de la cineasta vietnamita Trinh T. Minh-ha, con trabajos como Naked Spaces: Living Is Round (1985) o What About China? (2020) y su particular manera de entender la voz en off como forma de “hablar cerca de algo”, en lugar de simplemente “hablar sobre algo”. Una forma de suspender el significado en el lenguaje, puesto que este es fundamentalmente ficcional, y reinventar la figura del narrador documental (heredero de Robert J. Flaherty), que impone su mirada explicando las imágenes, hacia un camino de diálogo con ellas. Y es que esta relación bélica entre el medio sonoro y el visual articula la gran pregunta que ha recorrido cada asamblea durante el Seminario: ¿puede el sonido combatir la mirada colonial?, ¿el lenguaje sonoro y el ejercicio de escucha pueden descontaminar la etnografía del siglo XX? Aquí, el largometraje sonoro Expedition Content (Ernst Karel y Veronika Kusumaryati, 2020), cobra una importancia sustancial, rechazando las imágenes a la hora de documentar una de las expediciones que realizó en 1961 el cineasta Robert Gardner (Aves muertas, 1963) a Nueva Guinea Neerlandesa junto a Michael Rockefeller y Peter Matthiessen (autor de Al pie de la montaña). Gracias a esta liberación del encuadre, el sonido se desvela como un organizador más democrático del material a pesar de su naturaleza abstracta, enfrentándonos a nuestro “ver para creer”.
Para seguir interrogando la naturaleza de esta relación conviene preguntarse de qué manera el sonido se sobrepone a la imagen. Si entendemos lo real como una cuestión de imagen, ¿hasta qué punto el sonido puede estirar esa realidad? Conviene leer el mediometraje Twilight City (Reece Auguiste, 1989) del Black Audio Film Collective como un manifiesto sobre esta relación de la mano del artista sonoro Trevor Mathison, que aquí aprovecha la capacidad del sintetizador para alejarse del naturalismo, cartografiando una realidad emocional tan alienante como la de los suburbios británicos durante el gobierno de Margaret Thatcher. Un expresivo enfoque del cine ensayo que permite en Handsworth Songs (John Akomfrah, 1986) la armonización de gran cantidad de imágenes, encontrando nuevos significados en ellas. Tal y como hace magistralmente 48 (Susana de Sousa Dias, 2009), abordando la puesta en escena de una serie de testimonios de la tortura policial y represión política de la dictadura fascista del Estado Novo (1933-1974) de Portugal mediante imágenes fijas (fotografías antropométricas de presos políticos), abriendo la imagen para traer el pasado al presente con el sonido. “Escuchar a una persona en el acto de hablar, entender su voz como un gesto, emerge como una dimensión política que escapa al uso técnico instrumental del lenguaje y, simultáneamente, a las convenciones cinematográficas”, explica la cineasta portuguesa, que después presentó Fordlandia Malaise (2019). Una película sobre una ciudad fantasma en el interior de la selva amazónica fundada por Henry Ford en la que el sonido actúa como médium para purgar el pasado colonial que ha dado lugar a la nueva identidad de sus residentes.
La reapropiación de la imagen mediante el sonido toma su sentido más literal en The Tuba Thieves (Alison O’Daniel, 2023), donde el robo de las tubas de una docena de escuelas secundarias en el Sur de California siembra la siguiente premisa: si una tuba puede ser robada, el sonido puede ser recuperado. Y es que la meditación más profunda acerca de la materialización del sonido viene de este largometraje pensado desde la no-audición, interpretado en lengua de signos y sin una sola línea de diálogo. No renunciando eso sí, al subtitulado como un instrumento de expansión de lo audible, no como mera transcripción sino dando cuenta del proceso en el que lo real se deforma al pasar por cualquier medio. Este ejercicio, a priori teórico, acaba desarrollando en el espectador una suerte de conciencia sonora depurada a lo largo de las sesiones que componen el programa del Seminario. Una conciencia que nos recuerda lo mucho que basamos el análisis sonoro en la imagen, limitando el conocimiento del lenguaje cinematográfico al omitir una de sus áreas más expresivas.
Colectivo Termita











