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Pere Portabella habla de Informe general II (versión ampliada de Caimán CdC nº46)

28 enero, 2016

Pere Portabella habla de Informe general II

portabella

© de la imagen: Óscar Fernández Orengo

 

En 1976 decido hacer Informe General I sobre una realidad en la que estaba totalmente implicado; no se trataba de hacer un documental, sino de utilizar la radicalidad de mi lenguaje de forma que tanto el actor como el espacio, sea este vacío o un decorado, todo forme parte del conjunto, incluso la materialidad de la imagen. Y otra cosa, que sigo utilizando hoy, es que no haya nada de entrevistas… salvo, en ese primer Informe, las excepciones de Gil Robles y Carrillo, pues ellos representaban el período de la República y el cierto modo el canon, ya fuese este la utopía socialista o la encarnación de la derecha de toda la vida. Acabada la película, al principio ninguno de los que salían en ella la quería ver: ni Felipe González, ni nadie… Poco a poco, con la distancia, comenzó a haber cierta curiosidad.

Pero al poco de todo eso, tras las elecciones, me encontré como senador, y luego como miembro de la comisión constitucional, lo cual fue una experiencia muy especial. Por ejemplo, por la presencia de senadores nombrados directamente por el rey; entre ellos Camilo José Cela, que se enfadó ante la mala calidad literaria en la redacción de la Constitución, según él un bodrio; por lo que tuve que explicarle qué era lo importante en ella, que debía tener suficiente ambigüedad para ser aceptada por todas las sensibilidades, y que frente a todos los instrumentos que todavía estaban en manos franquistas debíamos alcanzar un consenso… tras lo cual no volvió a ninguna reunión.

La sorpresa me llega cuando, tantos años después, al invitarme al Festival de Rotterdam con mi nueva película, me dicen que es fundamental proyectar también el primer Informe, pues constituyen un conjunto. En cierto modo, aquella que podía ser considerada coyuntural en su momento adquiere ahora otro valor. Hace unos años opté por implicarme en este otro proyecto, que ya tenía un precedente con unos medios mucho menos precarios; aunque ya entonces, sin steadycam como ahora, la cámara siempre estaba en movimiento; y también los personajes siempre hablaban entre ellos.

Lo que justifica la estructura de la película es que el arte y la ciencia se dejan aparte, como un mero añadido superficial. Por eso lo hago al revés: la película se abre con la puesta en cuestión de un modelo institucional, que tendría en el Louvre su máxima expresión; toda esa parte la puse en marcha cuando me llamó Borja Villel, el director de MNCARS (donde ya había hecho yo alguna cosa hace unos años) para decirme que quería que hiciésemos una retrospectiva o algo así. Pero a mí eso no me parecía interesante, por lo que nos pusimos a hablar del fondo de las cuestiones sobre arte y cultura; además podíamos aprovechar un foro que se iba a hacer.

Aquí teníamos, pues, el Reina Sofía, ese objeto urbano situado en el centro de Madrid. De entrada se trata de dos edificios que son intrusos entre ellos: uno es el hospital del siglo XVII y el otro, el de Nouvel, es un “scalextric”. Preguntémonos para qué coño sirve este espacio en este momento. En definitiva, colocar esto por delante en la película me parecía importante, porque supone evitar el desprecio que habitualmente hay sobre todo eso desde lo político. Claro que eso tenía que estar íntimamente relacionado con lo que pasaba en la calle, porque los movimientos sociales en aquel momento habían cogido una dimensión brutal. Estábamos en 2014, y desde 2011, desde el 15M, habían crecido; además, un mes antes del 15M ya se había constituido la Asamblea Nacional Catalana. Son dos movimientos que se convierten en sujeto político, y resultan significantes sobre lo que puede representar la quiebra del bipartidismo, de una alternancia que implicaba un bloque dominante ajeno a cualquier reforma, pues, por ejemplo, la Constitución no había tenido ni una sola reforma, salvo una hecha por teléfono… pero tampoco se habían reformado la ley de partidos o la ley electoral. Ocurre que ya no son los partidos quienes toman la iniciativa política, sino que es la presión de los ciudadanos la que lo hace, como en una especie de performance: no del modo de las tradicionales confrontaciones corporativas, que pueden darse por cuestión de salarios o reivindicaciones tradicionales, sino que ahora son confrontaciones transversales, en las que sí, en el fondo hay las reivindicaciones elementales (sanidad, educación,…), pero que ahora se formulan de tal manera que a la manifestación no iba el paciente que estaba en la cama, sino la enfermera, el padre y la madre, los médicos, todo Dios…Se veía clarísimo que ahí estaba pasando algo: durante cuatro o cinco años esas acciones han sido multitudinarias.

Entonces, a partir de aquí se plantea la primera parte del film, la más dura, pues incluso me he encontrado a gente nuestra que se ha sorprendido del lenguaje. Hay que tener en cuenta que lo que hago es que siempre esté presente la ciudad mediante la transparencia de unos interiores desde los que siempre se aprecia el exterior; la calle siempre está ahí, pues es en ella donde se desarrollan los movimientos. Por eso salgo a la calle, a la plaza, como salen las dos contertulias del bar; pero cuando salen al exterior mantengo el plano de la mesa que recoge el camarero, dejando pasar un lapsus de tiempo. Tras eso ya aparece la manifestación, con el fondo de la fachada del museo; más tarde, vuelvo a entrar en el museo, donde solo están los guardianes, los conservadores del valor de cambio de las obras, los vigilantes para que no se lleven un cuadro, pues de hecho no son más que mercancía. Se trataría de romper la sacralización de la obra de arte. En la película hay también una especie de pasada fantasmagórica de lo que fue la izquierda revolucionaria de los años sesenta, con la presencia de Negri…

En la segunda parte ejemplificaba tres debates: los miembros de la Asamblea Nacional; los universitarios de Podemos, una formación nueva, de extracción intelectual, que eran anticapitalistas y radicales y requerían un tratamiento propio, aprovechando la idea del círculo…Y finalmente los científicos. Eso lo tenía clarísimo, pues artistas y científicos son siempre los marginados por todos los partidos políticos; no verás nunca ninguno en las listas para ir al Congreso, les tienen pánico. En la conversación se habla de cosas básicas, de los temas auténticamente globales, estructurales: el cambio climático, la necesidad del reparto del trabajo, la renta básica universal, etc. Frente a los economistas, que creen que se puede seguir creciendo y son optimistas, los científicos están muy preocupados. En los tres casos el escenario es fundamental, como siempre en el cine.

La reunión de los integrantes de la Asamblea Nacional la rodé aquí, en mi despacho, porque estaban en un sitio que no me parecía adecuado, no quería rodarlos en espacio ‘underground’: me parecía absurdo, pues no se correspondía con la visibilidad que habían obtenido, cuando ya habían dejado de lado la de los partidos. Por eso aparecen con esos cuadros en las paredes; yo los tengo porque desde muy pronto establecí contacto con los artistas de “Dau al Set” y son cuadros que forman parte de mi vida; por eso, como fondo para ese rodaje, llaman la atención. Luego viene el lugar de los universitarios, con sus estudios, sus másters, profesores, etc.; escogimos el espacio de un lugar que se alquila para reuniones de todo tipo. Pero aquí el rodaje fue muy distinto: yo iba con la steadycam y también usamos una cámara situada desde arriba.

Así se articulan dos registros: el arte y la ciencia, dos cosas que tienen algo en común, que hablan con códigos propios, pero que acaban confluyendo. Por ejemplo, el arte es algo que te permite crecer, desarrollarte como persona, en la medida en que te abre horizontes concretos para que tú puedas viajar, que salgas de lo inmediato, que te puedas crear un mundo más allá de aquél en el que sobrevivimos. Los científicos son los que realmente plantean los problemas fundamentales, por eso a mí también me parece la mejor parte; algunos se me han acercado y me han dicho que era la primera vez que veían algo así, porque se trata de científicos muy preparados, con estudios en el extranjero, pero que cobran 2000€, que no son los famosos, los gurús, los grandes patriarcas que lanzan sus admoniciones sobre el futuro…; no, ante todo son currantes. Por eso me venía tan bien la horrible moto que tiene uno de ellos, que por cierto es mi hijo: me sirve para mostrar lo que son. Lo mismo que el espacio en el que se desarrolla su discusión: la cantina del CSIC, con las máquinas de bebidas de fondo, las basuras… Porque en el cine el escenario, el lugar donde colocas a la gente, es fundamental. Al final, retorno al museo, donde selecciono dos obras que son públicas: una de ellas es la de Oteiza.

Para esta película (a diferencia del primer Informe) no he llamado a Carles Santos para nada. Todas las músicas que hay me las han mandado los que participan en la película, la gente de las mareas, etc. Así tienen la fuerza de los propios hechos que ilustran. Solo me he tomado una licencia, que es cuando pongo una música de piano-bar, que procede de El crack, de José Luis Garci… la elegí porque es una música relajante, que convenía en ese momento.

En el primer Informe, los que aparecen corresponden a la elite política del momento; en este segundo apenas es así. Entonces estábamos ante un relevo, en el momento de salir de la dictadura, ante una generación –en la que también estaba yo– que se tuvo que entender con los franquistas; ahora no hay líderes políticos que tengan el sentido de entender el tránsito que se está haciendo; en este film apenas hay elites políticas, pues incluso Ada Colau no era tan significativa cuando se hizo la película; su intervención en el Foro es, evidentemente, previa a su despegue popular.

El corazón de un sistema democrático es la Constitución, y los dos partidos que nosotros privilegiamos (para evitar una multiplicidad de partidos) no han tocado nada, o incluso no han hecho más que joder el asunto, de tal forma que han podido mantener su alternancia. Esto ha sido letal. Además, eso acentúa la partitocracia, de forma que el que está ahí, instalado, se convierte en una pieza que depende de la cúpula, olvidando que la propiedad del escaño es de los ciudadanos. Y lo más terrible es que han roto la moral y el respeto de los ciudadanos hacia las instituciones. Porque lo peor de todo no es encontrar un canalla que roba, sino el desprestigiar las instituciones.

Por otra parte, nosotros llegamos tarde a un proceso que en Europa se había dado tras la guerra y que había pasado por las grandes coaliciones, en un momento en que se dieron cuenta de que no podía mantenerse un capitalismo salvaje y había que dar algo a la gente: garantizarles la vejez, la salud, etc. Eso ocurría cuando el continente había sufrido cerca de sesenta millones de muertos en las dos guerras que lo habían asolado. La cuestión es que aquí se quedaron dos partidos grandes, que no han tocado nada a lo largo de los años.

Pero las nuevas movilizaciones han coincidido con una situación de crisis sistémica, que además en Cataluña coincidió con el provocado fracaso del nuevo Estatuto de Autonomía, tras haberse ganado en el referéndum. Así vienen a coincidir las dos crisis, una que afecta a todo el Estado y la otra que se concreta en Cataluña, como dos paralelas. Comparando el comienzo de ambas películas, cuando en la primera se ven las manifestaciones de febrero de 1976 a favor de la amnistía y ahora las manifestaciones de los diversos movimientos, parecen más una romería, o una performance, con las fuerzas de seguridad protegiendo más que reprimiendo. Pero algunos políticos del PSOE o incluso del PP –de los que no diré sus nombres– sí me han dicho que eso va en serio; que son acciones que se autoconvocan, pero muy serias. Hacer una cadena humana de cuatrocientos kilómetros como la del 11 de septiembre es un auténtico hecho cultural y político.

Tal vez pueda haber un cierto contraplano –sobre la cuestión catalana– respecto a lo que aparece en la película, aunque creo que apareció después. De hecho hay cosas que dejé fuera: así pasé de Ciudadanos que aparece cuando aquí, en Cataluña, el PP se va a la mierda. Además, si los introducía me veía obligado a meter al PSOE de Pedro Sánchez… Yo acabé la película pocos días antes de las elecciones de septiembre; y ya ves lo que ha ocurrido en los últimos tres meses: cómo el presidente Mas ha tenido que retirarse para salvar a Convergencia frente a unas nuevas elecciones; y el nuevo presidente, que tuvo un papel esencial en la organización de la cadena humana, al frente de un gobierno independentista, con un Parlamento con mayoría independentista… Así que ahora nos encontramos en una cierta situación de ilógica política: la conducta del gobierno central ha sido un continuo error. Si ya en el año 2012 hubiese creado un gabinete permanente durante dos o tres años para abordar la cuestión de Cataluña (no solo con los independentistas, sino con todos: Convergencia, los empresarios, la izquierda, etc.) y fraguar un acuerdo que conllevase reformas estructurales, eso hubiese frenado un proceso que, por el contrario, se ha acelerado en estos años; se ha pasado de un máximo de un 15% de independentistas, que podían estar representados por Esquerra Republicana, a cerca de un 50% que además tienen la Generalitat, muchos Ayuntamientos,…Así la impresión que sigue dando Rajoy es de amenazar con mandar a la Guardia Civil, lo cual demuestra una estupidez… Sí, ya sé que en la película quien sale demasiado beneficiado es Artur Mas, ya me lo han dicho algunos, que tal vez debería salir del Palacio de Justicia de otro modo… Pero mira lo que son las casualidades: cuando estaba haciendo esa parte de la película aparecieron las exculpaciones de Jordi Pujol…

Dada la rápida evolución de los acontecimientos, puede parecer que la película muestra una foto fija, pero si tuviese ocasión no la modificaría en nada: tiene que ser una foto fija. Todo informe es una foto fija. Todo esto partiendo de la base de que lo que yo hago siempre es ficción y artificio; nunca he hecho un documental, pues siempre me he sentido implicado hasta las orejas. Se trata de mi relato, que puede estar equivocado o no. Por ejemplo, en la película funciona una gran metáfora: constantemente están limpiando; en el bar también vemos como limpian la mesa. En el último plano en que sale la máquina que fabrica las urnas por ordenador, hay una mano que limpia…

Estamos en un momento clave, donde los imprevistos son decisivos. Vivimos una época –y esto es fundamental– en la que ya no tenemos pasado, el pasado se lo ha comido el presente; nadie piensa ya en diez años antes, solo en el presente, las últimas referencias no se remontan más allá de un año o dos… Y el futuro nadie lo puede pronosticar, nadie sabe lo que pasará dentro de cinco años; como máximo, prevemos a uno o dos años vista. Vivimos una situación en que las cosas se compactan, aparecen sujetos nuevos, mientras que otros siguen con los esquemas que ya se han visto sobrepasados.

El ‘rapto de Europa’, el subtítulo de la película, significa que el capitalismo avanzado –financiero– está funcionando de una forma incompatible con la democracia; el símbolo de referencia de la democracia para los países de Europa era la ilustración, la racionalidad, las revoluciones como la francesa,…El rapto deriva del fracaso del capitalismo como tal, tras el triunfo de la economía financiera, que es puramente digital, en el cual el valor del producto interior bruto global no corresponde a la realidad de la capacidad de producción. Además, por primera vez está el concepto de humanidad, sabemos que convivimos en un mismo planeta, porque instantáneamente nos está llegando información de todas partes. Y el rapto es el de esa economía financiera, de esos grandes inversores multinacionales que globalizan la acumulación de riqueza y así secuestran la política y han arruinado a la gente. De ahí el valor simbólico de las urnas al final, ese objeto romántico hoy en día. Seguir utilizando las urnas es una cosa de locos; pero en cambio siguen siendo el símbolo de un rito, una liturgia que hace salir de casa a la gente.

Porque, ¿cómo se pudo hacer esa especie de fuga hacia adelante con la complicidad de los estados? Así, cuando se produce un colapso, este es global, a diferencia de los que hubo en otras épocas. Las consecuencias van a ser discutir cuestiones como el reparto del trabajo; nadie más va a trabajar permanentemente. Y entonces ¿qué haces con el ocio? Tiene que haber unos servicios y, sobre todo, la aplicación de la renta básica universal es fundamental, aunque a la gente que tiene el poder le cueste mucho aceptarlo, pues mientras todo esto aguante, vamos tirando. Todo como consecuencia de esa orgía que se montó, cuando contrataron a los mejores informáticos para las grandes multinacionales, sobre todo las financieras, para que hicieran sus simulaciones. Por eso ahora estamos en un momento en que se dan una serie de guerras no declaradas, en las que parte de los ejércitos son privados; además, la crisis financiera es absolutamente sistémica.

El trabajo realizado sobre el primer informe no ha sido muy intervencionista; no son en absoluto cambios sustanciales. Hemos quitado una panorámica que había al principio; luego hemos colocado la parte en que se habla del País Vasco con los planos de los altos hornos, pues no sé por qué los puse separados. De hecho hemos arreglado el deterioro que había sufrido. Ahora bien, lo que sí he hecho es regenerar la imagen de aquellas partes que estaban degradadas y mejorar la banda sonora, que estaba hecha entonces más precariamente, mientras que ahora, con la nueva tecnología, se hacen virguerías.

Declaraciones recogidas por José Enrique Monterde.

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