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En el pasado Festival de Sitges dos películas reflejaban el eterno impacto de El mago de Oz (Victor Fleming, 1939) en el cine fantástico. La primera era Lynch/Oz (Alexandre O. Philippe, 2022), documental que estudia la relación entre el clásico de Victor Fleming y la filmografía de David Lynch, y que acaba haciendo un repaso de muchos otros cineastas que, de una u otra forma, se han visto influenciados por el icónico musical en technicolor. Pero otro film evidenciaba la atemporalidad de este a partir de una novedosa propuesta formal. Se trata de Pearl, segunda entrada de la trilogía que Ti West anunciaba tras el enorme éxito comercial y crítico de X, estrenada sólo unos pocos meses atrás.

En esta precuela, West nos muestra el pasado de la anciana asesina a la que Maxine, interpretada por Mia Goth, se enfrentaba en X. Viajando atrás en el tiempo, hasta 1918, Pearl cuenta el relato de origen de esta villana y, sin dejar a un lado la violencia o el gore, se adentra en la psicología del personaje dando forma a una obra de terror alejada de muchas de las convenciones del género. Un lugar al que West ha podido llegar gracias a su persistente pasión por la experimentación con la forma.

Desde La casa del diablo (2009), Ti West ha demostrado encajar a la perfección en la categoría de cineasta cinéfilo. Sus filmes más destacados son estudios minuciosos que exploran la estética del terror en distintos momentos históricos. Es esto lo que planteaba con X, como una oda al slasher temprano de los años setenta. Y es también en lo que profundiza con Pearl, esta vez con referentes que van incluso más allá del género. Con una paleta inspirada en las películas en technicolor y una banda sonora a lo Hitchcock, West construye un retorcido mundo de fantasía alrededor de una perturbada joven con un profundo amor por el cine y, sobre todo, una obsesión por ser una estrella –no resulta azaroso que la época en la que se sitúa la historia coincida con los inicios del star system en Hollywood–. Los colores vívidos, la joven protagonista con una amplísima imaginación y hasta una secuencia con un espantapájaros (cuyo destino aquí vira hacia lo lascivo) denotan la mencionada influencia de clásicos como El mago de Oz en una puesta en escena que revela un comentario metacinematográfico en múltiples niveles. El resultado es un logrado contraste entre un lenguaje visual con tintes de cuento de hadas y una historia oscura que esconde el delirio detrás de la fantasía.

La imaginación de Pearl invade la pantalla en múltiples ocasiones, con insertos en blanco y negro o secuencias de baile que van revelando lo que se halla en la mente de esta psicópata. Llegados a este punto resulta imposible ignorar la fuerza arrolladora de la actuación de Mia Goth –que, además, asume en esta ocasión el rol de coguionista–, quien brilla de comienzo a fin (e incluso más allá, a lo largo de los créditos finales), demostrando aún más las inagotables habilidades multifacéticas que ya podíamos avistar en X en su doble rol como la final girl y la villana debajo de capas de maquillaje. Y si Pearl no llegó nunca a ser la estrella que deseaba, Goth es la que West soñaba encontrar. Solo queda esperar para ver lo que este espléndido dúo del terror nos traerá en MaXXXine como conclusión a la trilogía. Y que su huracán nos siga llevando a nuevos mundos que descubrir dentro del género. Daniela Urzola