La undécima edición de la Muestra de Cine Polaco, dedicada este año a producciones dirigidas por mujeres cineastas tuvo lugar en Madrid del 3 al 18 de marzo y podrá verse también en MurciaPamplona, Valencia, Granada, Zaragoza, Santander y Córdoba.

Buscaremos la cordura

 “La realidad exige que también se mencione esto: la vida continúa.”

Wisława Szymborska

Este mes se celebró en Madrid la undécima edición de la Muestra de Cine Polaco, organizada por el Instituto Polaco de Cultura de Madrid. Una muestra dedicada a explorar las diversas facetas del cine contemporáneo de Polonia a través de las miradas de sus creadoras. Sí, creadoras, porque este año el ciclo iba dedicado a las mujeres cineastas.

En la inauguración regalaron varios objetos: una tote bag, el programa del ciclo y un par de libros sobre mujeres polacas relevantes en la historia. Al hojear uno de ellos, un nombre me llamó la atención: Wisława Szymborska, una poeta ganadora del Premio Nobel en 1996. Su obra, caracterizada por la sencillez, la ironía y la reflexión filosófica, aborda temas como la existencia humana, la historia y el azar combinando lo cotidiano con lo trascendental. Este estilo particular, desde los temas al marcado sentido del humor, resuena directamente con la programación del ciclo, donde las directoras aportan una mirada propia cargada de humor, para explorar temas como el amor, el trauma y la necesidad del otro. En la programación, la comedia se convierte en un medio de resistencia, y refleja las diversas visiones de estas creadoras sobre los deseos y anhelos de la sociedad contemporánea.

Szymborska escribe en Nada sucede dos veces: “Medio abrazados, sonrientes, buscaremos la cordura, aún siendo tan diferentes cual dos gotas de agua pura”. A su manera, Maria Zbąska inaugura el ciclo con Esta no es mi película (2024), una obra que podría definirse con esta cita. En ella, una pareja afronta el peso del tiempo en su relación, y debe decidir, a pesar de sus diferencias, si quieren seguir apostando por un futuro común. La película adopta un enfoque optimista y aventurero, evitando el dramatismo y tratando con humor e ironía preguntas como: ¿cómo se sobrevive al tiempo compartido?, ¿cómo seguir adelante cuando todo parece haberse convertido en costumbre? o ¿puedo vivir ahora en soledad?. Así enfrentan los protagonistas las dudas individuales de forma compartida.

La mezcla de ironía, sátira y humor negro ha sido una forma de reivindicación cultural y de exploración de la identidad a lo largo de los años. En este ciclo, el humor aparece de manera transversal, como en La fiesta del fuego (Kinga Dębska, 2023) donde actúa como recurso para suavizar la dificultad. En el cine, ha servido a lo largo de la historia para explorar la memoria colectiva y hacer más accesibles ciertas emociones, al menos, en una primera instancia. Ya lo hicieron El crucero (1970), de Marek Piwowski o El oso (1980), de Stanisław Bareja, pero mientras esas películas utilizaban la comedia como una respuesta ante la realidad opresiva, en este caso sirve para indagar sobre los traumas, los anhelos no vividos o los deseos reprimidos universales. Los cortometrajes de la muestra también juegan con el humor, pero en ellos la comedia se convierte en un instrumento de reinterpretación de la realidad a través de lo absurdo, lo incómodo o lo surrealista. Así, cinco pequeñas piezas exploran las aristas del lenguaje cinematográfico y demuestran que el humor no siempre es amable y puede convertirse en una herramienta para desafiar la rigidez de la realidad y dar voz a lo inesperado.

Tal vez la propuesta más diferente en cuanto al tono sea uno de los pases especiales: El grito (1983), de Barbara Sass, que, junto con Woman of… (Małgorzata Szumowska y Michał Englert, 2023) muestra el humor de la protagonista de manera ambigua, cómplice a veces, incómodo otras. Sin embargo, lo que hace destacar a El grito es su valor como reflejo del momento histórico en que fue realizada la película. La historia muestra la vida marginal en Varsovia desde la perspectiva de una mujer que lucha contra una realidad hostil. Su mirada desafiante y el uso de la ironía como estrategia de supervivencia reflejan un contexto en el que primaba la lucha por la autonomía, y la precariedad se vivía en todos los ámbitos de la sociedad. A través de ella, podemos observar una evolución de la representación de la mujer en el cine polaco: de figuras solitarias y atrapadas en estructuras opresivas que utilizaban el humor como medio de protección y de aislamiento, a mujeres que encuentran en la comunidad y en el vínculo con el otro nuevas maneras de reivindicación y apoyo. Pero este tema no solo está presente en el trabajo de las directoras polacas, sino que se trata de un tema en auge en los últimos años que coincide en otras directoras de corrientes internacionales, como Cèline Sciamma en Francia o, sin ir más lejos, directoras españolas como Carla Simón, Pilar Palomero o Elena López Riera (entre otras), quienes abordan estos temas desde diferentes tonos y perspectivas.

Volviendo a Polonia, esta reivindicación puede leerse desde una reacción a su historia reciente, un país marcado por el comunismo y su transición al capitalismo, lo que ha supuesto el paso de una sociedad supuestamente sustentada en la colectividad a otra marcada por el individualismo. Ante todo este movimiento, surgen nuevas necesidades, tanto cinematográficas como humanas, que reivindican y transforman la importancia del otro. Por ejemplo, en El lunes mojado (Justyna Mytnik, 2024), son las amigas quienes sostienen a la protagonista; en El lago salado (Kasia Rosłaniec, 2022),  esa red de apoyo se convierte en un espacio de libertad desde el que explorar, mientras que Donde empezamos (Monika Majorek, 2024) muestra cómo las relaciones familiares pueden ser un salvavidas para sobrellevar el trauma.  Todas ellas encuentran refugio en sus redes de seguridad, ya sean familiares, comunitarias o de amistad. Porque, al final, lo que reclaman estas directoras es que una sociedad, por su propia naturaleza, no puede existir ignorando la presencia y la necesidad del otro.

Clara Tejerina