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Víctor Erice: La comunidad del cine (Reflexiones)

Linda C. Ehrlich

“Hay que cerrar los ojos antes de ver” [*]

A veces las películas de Víctor Erice se describen como obras sobre individuos aislados que luchan por comunicarse. Esto dista mucho de ser cierto. Sus filmes  están llenos de conexiones y ecos, son una expresión de la comunidad del cine.

Cerrar los ojos retoma el tema del poder del cine para dar vida a los recuerdos [1]. Rinde un homenaje amoroso y democrático a los géneros cinematográficos: el western, la película de detectives, el melodrama, el romance y la buddy movie. Mientras la veía en el Festival de Cine de Nueva York, encontré sutiles guiños a Rossellini, Ozu, Kiarostami, Godard, Renoir, Nicholas Ray, Howard Hawks y Dreyer. El libreto de Llegada del tren a la estación de La Ciotat (1896) de los hermanos Lumière, de 1896, ofrece un tributo al cine de los inicios y a un momento de Preguntas al atardecer (1996), la secuencia de la película que Víctor Erice realizó para la película colectiva del joven director japonés Miyaoka Hideyuki. En la nueva película de Erice, el proyeccionista Max llega en una pequeña furgoneta con dos bobinas de película, como el camión que llega con la película de la tarde al principio del primer largometraje de Erice, El espíritu de la colmena (1973).

‘El caso del actor desaparecido’. El actor Julio Arenas desaparece pero su imagen se conserva en la película. Se despoja de sus zapatos y se adentra en el mar, recordándome El muelle de las brumas (Marcel Carné, 1938). Las monjas, un guiño apacible a Buñuel, quizás. Los tomates grandes crecen más rápido de lo esperado, como en El árbol de los zuecos (1978), de Ermanno Olmi. Ropa blanca ondeando al viento, un momento ‘a lo ozu’, visto también en Alumbramiento (Erice, 2002).  Rostros iluminados por una gran pantalla de cine, un homenaje a Kiarostami y también a La Morte rouge (Erice, 2006). Pero Cerrar los ojos no es tanto un resumen como una afirmación.

Cerrar los ojos. Caimán Ediciones

En el film, una caja de juguetes se abre como en la secuencia inicial de créditos de Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962), con su caja de puros llena de objetos preciados. Dentro de la caja de Erice hay dados, cerillas chinas y una pieza de ajedrez. Los objetos de la película de ficción ‘saltan’ al ‘mundo real’, sin ninguna inventiva forzada. El impermeable que lleva un personaje en la pantalla aparece en la historia exterior. El impermeable de Erice.

Más que ninguna otra película de Erice, esta narración está abierta a diferentes posibilidades para cada espectador. Guionizada, pero abierta al azar. Mientras vemos Cerrar los ojos, no podemos evitar imaginar otras posibles ‘bifurcaciones en el camino’ para Miguel Garay, el director que busca a su amigo-actor perdido (¿una traición?, ¿un asesinato?, ¿un sueño?). Miguel y Julio miran a través de las barandillas de hierro de la puerta del asilo hacia el mar embravecido. Ese impresionante momento, junto con la encantadora canción de Río Bravo (Howard Hawks, 1959), no estaba en el guion.

Aunque el título se traduce en inglés como un imperativo, en español empieza con un infinitivo. Una apertura de oración sin frase conclusiva.

Una sorprendente película dentro de una película, La mirada de adiós. Ese formato también aparece en El Sur (Erice, 1983) y constituye la espina dorsal de La Morte rouge. Alguien escogiendo una melodía en un piano en Cerrar los ojos nos recuerda a escenas similares en El espíritu de la colmena y a la desgarradora secuencia entre padre e hija en el restaurante de El Sur, con el afinador de pianos trabajando desprevenido al fondo.

Una vez más, nos deleitamos con los suaves fundidos encadenados de Erice. Poco a poco nos acercamos a la estatua de Jano de dos caras en el jardín del Triste le Roy. Dobles. Una película inacabada de la que solo se conservan dos bobinas. En Cerrar los ojos se entrecruzan dos historias, una de 1947 y otra de 2012. Al dybbuk alude el autor del libro que traduce Miguel, Michał Waszyński (1904-1965), director de cine polaco de la película The Dybbuk (1937), una película sobre las dos caras de un mismo personaje. Waszyński, un hombre de identidades mixtas, un judío que se hizo católico.

El cine y su extraña ‘otra cara’, la televisión, uno dentro del otro. ‘Yoes’ desdoblados, como la hija que vuelve de Shanghai, medio china, medio judía, toda una invención. Es tan real como Susana, la joven de La promesa de Shanghai [2], vestida de oriental con un quipao (vestido tradicional chino de seda).

Los nombres cambian a menudo en Cerrar los ojos. Miguel a veces se llama Mike. El pescador Rufino se convierte en Patón. Poner nombre a un bebé que aún no ha nacido se convierte en un juego colectivo. Los mayores olvidan sus nombres. La hija Qiao Shu insiste en su nombre chino (no el que quiere su padre, judío sefardí: el bíblico Judit). En el cuento de Borges La muerte y la brújula (una de las inspiraciones de Cerrar los ojos) el misterio del nombre divino se convierte en una pista para resolver un asesinato triangulado.

Los hombres mayores recuerdan sus años de juventud. Los hombres mayores olvidan.

Hijos perdidos. Hijos que han muerto trágicamente jóvenes.

Un antiguo amor desaparece y luego su rastro aparece inesperadamente.

Referencias a reyes. Un rey triste. Una pieza de ajedrez. El hombre que quiso ser rey. La imagen televisada de un rey que perdió el respeto de su pueblo (Juan Carlos, rey desde 1975, que abdicó en 2014).

¿Cuál es el valor de una mirada? Lo único que quiere el padre judío sefardí es “su mirada, nada más”. ¿Podemos mirar con los ojos cerrados? En la última proyección de la película, Miguel mira atentamente a Julio. Julio cierra los ojos. Escuchamos la película al salir del proyector y, a continuación, la lenta repetición de la nana sefardí.

La sombra de Franco. La sombra del antisemitismo. La cárcel de Carabanchel, cubierta de pintadas y derribada en 2008, en plena noche. Un diseño de panóptico inquebrantable.

El almacén de la antigua empresa de Max (el amigo de Garay) evoca el almacén del estudio del artista Antonio López, donde cada obra escultórica o pictórica se revela bajo una luz suave y nostálgica.

Hacer una maleta. Luego tirarla.

¿Por qué desapareció Julio? Este hombre cuyo apellido es ‘Arenas’. El neurólogo de la residencia de ancianos le diagnostica “amnesia retrospectiva”, quizá provocada por un exceso de alcohol. O tal vez, insinúa la película, solo fuera el deseo de “desaparecer como era”. ¿Podría ser un reconocimiento a quienes eligen su final, como un cineasta admirado por Erice, Jean-Luc Godard?

Las canciones y los nudos marineros perduran en la mente, bajo el nivel de la consciencia.

Marcos dentro de marcos, incluso en el espacio abierto de la playa. Imágenes superpuestas en las ventanillas de los autobuses.

Mares tranquilos. Mares salvajes. La vida continúa, con o sin nuestra ayuda.

Cuando Miguel se sienta en una barca vacía amarrada en la playa, no he podido evitar acordarme del extraordinario montaje inicial de la película japonesa La mujer de la arena (Hiroshi Teshigahara, 1964). Un hombre desaparece y acaba perdiendo su identidad. “Una película sobre todas las cosas a punto de perderse” [3].

Cerrar los ojos. Caimán Ediciones

Reanudación de los proyectos cinematográficos no realizados de Erice: las escenas del Museo del Prado, la segunda parte de El Sur. Por fin, un viaje hacia el sur, esta vez a la zona cercana a Motril, en Andalucía. Todo el proyecto de La promesa de Shanghai. El personaje de Julio Arenas se inspira en el combatiente antifranquista de ese guion. Las reflexiones de Erice sobre El embrujo de Shanghai (1941), de Josef von Sternberg, ven por fin la luz.

Como en todas las películas de Erice, los animales hacen acto de presencia. El perro Kali. Un guiño, quizá, a El río (1951), de Renoir, ambientada en Calcuta, una de las películas favoritas de Erice. Ana sostiene un gato negro, como el gato negro de Alumbramiento y de la película de época de estudiante de Erice. Los peces que se agitan en el cubo de un pescador recuerdan a La terra trema (Luchino Visconti, 1948), igual que la búsqueda prolongada de una persona que ha desaparecido recuerda a otra película italiana: La aventura (Michelangelo Antonioni, 1960).

Nuevas familias, no de sangre. Teresita, muy embarazada, se despide del grupo de residentes de Marina Rincón (todos ellos diferentes) con un “Buenas noches, familia” “… Que esa carta de amor al cine sea, casi tanto o más, una carta de amor a la amistad” [4].

La ‘casita’ que Julio ha elegido para vivir en la residencia de ancianos recuerda a la pequeña cabaña donde se esconde el fugitivo en El espíritu de la colmena. En la nueva película, Ana se atreve a entrar en la habitación de su padre sin llamar, igual que la pequeña Ana en El espíritu de la colmena se atrevía a ir al encuentro del Monstruo. ¿Es Julio el Monstruo? ¿El padre? ¿El amigo? Al anunciar su nombre, ella cierra los ojos.

Dos viejos amigos encalan juntos una pared en Cerrar los ojos. Uno recuerda demasiado. El otro apenas puede recordar su nombre. ‘Las dos caras de una misma identidad’ [5].

Aunque la película trata de una búsqueda, también es una habitación abierta. Cada espectador entra como quiere. Una película que “se hace y deshace en cada plano”[6].

 Los hombres buscan. Las mujeres se mantienen firmes. Mujeres trabajadoras, madres embarazadas, monjas, hijas, esposas que se han ido, amantes, ancianas, mujeres abandonadas por un “mujeriego”.

Fotografías. Una foto ‘salta’ de la película interior a la exterior, convirtiéndose en la clave para identificar a Julio. En El espíritu de la colmena, la pequeña Ana ve a sus padres jóvenes en un álbum de fotografías. En Vidrios rotos (2012) [7], una gran fotografía de archivo adorna la pared del edificio de la fábrica. Se habla de una vieja foto (de nuevo de amigos de juventud) en El sol del membrillo (1993) y en La promesa de Shanghai, una foto de Forcat en Shanghai se convierte en un vínculo entre el hombre mayor y el adolescente Dani.

El polvoriento Cine Lecrín (inaugurado en 1940) se reabre en Cerrar los ojos para recordarle a Julio, y a nosotros, el esplendor de ver una película a oscuras junto a otros, sin las distracciones de la vida cotidiana. “Es una película en la que lo anacrónico es un gesto de resistencia”[8].

Encontrar comunidad. Planeada, o abierta al azar.

“El acto de ver conlleva ahora la responsabilidad de recordar” [9]. Una búsqueda imposible, quizás. Una continuación y un nuevo comienzo.

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A lo largo de las décadas, las películas de Erice nos han recordado los periodos oscuros de la historia de España, los caminos maravillosos (y peligrosos) de la infancia. Nos han mostrado cómo interactúan los ciclos de la naturaleza y los procesos artísticos. Víctor Erice nunca ha dejado de ser el tipo de cineasta que empuja los límites de lo que significa hacer, y mostrar, imágenes en movimiento al mundo [10].

En El espíritu de la colmena, Ana, de seis años, ve Frankenstein en la pantalla por primera vez, en el improvisado ‘cine’ del pueblo. Le pregunta a su hermana mayor Isabel, de nueve años, cómo puede comunicarse con el Monstruo. Isabel responde:

“Si eres su amiga, puedes hablar con él cuando quieras” [Pausa. Silencio total]… Cierra los ojos… y le llama… [Puede oír claramente los pasos del exterior]… “Soy Ana, soy Ana” (pág. 56 del guion publicado).

Los vínculos entre las películas de Erice siempre han sido parte de su atractivo, aunque a menudo son sutiles, quizá nada más que una figurita sobre una mesa o un color dorado [11]. O el vínculo puede ser tan monumental como el examen del efecto devastador de una dictadura o del colapso económico de una ciudad.

Sus películas tratan de conexiones, pasando de una comunidad con sus propias historias (Alumbramiento) [12] a una comunidad que cuenta historias mezcladas (Vidrios rotos). En La Morte rouge, Erice continúa explorando qué se siente al ver una película en una sala oscura en compañía de otros.

Otros temas de las películas de Erice que sirven de telón de fondo a Cerrar los ojos:

Miradas

Escribiendo sobre El espíritu de la colmena, el profesor de cine Juan Egea exclama: “Se puede decir que la película es, en realidad, la historia de una mirada”[13]. Egea se refiere a la extraordinaria secuencia en que Ana Torrent ve a Frankenstein por primera vez.

En la novela de Mary Shelley, el monstruo desea que alguien le mire con deseo y amor (un deseo que se le niega continuamente).

En la escuela, Ana se sube a un taburete para poner los ojos en la figurita de cartón de don José. Ver es completarse.

Intensos intercambios interpersonales

En las dos primeras películas de Erice, padre e hijas entablan intensos diálogos sobre posibilidades: salir a la naturaleza (El espíritu de la colmena), utilizar un péndulo (El Sur).

Otro intenso intercambio tiene lugar en el guion de La promesa de Shanghai, cuando el adolescente Dani y la tuberculosa Susana intercambian sangre [14].

En cuanto a Correspondencias (2005-07), Víctor Erice ha comentado la emoción que sentía cada vez que recibía una nueva videocarta del director iraní Abbas Kiarostami (comunicación personal).

La precisión sobre el tiempo marca muchas películas de Erice, pero no es tan prominente en esta nueva. En Cerrar los ojos, el tiempo parece fluir, interrumpido únicamente por nacimientos y muertes inminentes.

Las fechas de El sol del membrillo marcan el progreso del artista en su pintura, así como la maduración y el declive del membrillo.

En La promesa de Shanghai, Susana cierra los ojos todos los días a las seis de la tarde para ‘comulgar’ con su padre. Las campanadas del reloj de la casa anuncian la hora.

Como indica el título, Ana, tres minutos (2011), la contribución de Erice a la película colectiva 3.11 A Sense of Home, transcurre durante un tiempo preciso [15]. Acompañada por el evocador sonido del shakuhachi, una Ana adulta (Ana Torrent) relata que tiene la sensación de que los muertos nos observan, interrogándonos en silencio. Al final de Ana, tres minutos, la actriz nos da la espalda pero, esta vez, se enfrenta a un espejo, no al paisaje abierto (como hacía en El espíritu de la colmena).

Dificultades para discernir la verdad

En El espíritu de la colmena el padre enseña a sus hijas a distinguir entre las setas comestibles y las venenosas. La seta venenosa huele bien cuando es joven, pero “es la peor… la más venenosa”. En el guion publicado vemos que más adelante Ana ofrece una seta al monstruo.

El aparentemente inocuo pero mortífero cartero de La Morte rouge desaparece en una serie de nuevos disfraces que engañan a todos los habitantes del pueblo durante mucho tiempo.

Desapariciones

En el cine de Erice la desaparición de un ser querido abre un agujero en la vida de los que se quedan. Los padres tienden a desaparecer: de la vida de Estrella en El Sur; de la vida de Susana en La promesa de Shanghai, y de la vida de Ana en Cerrar los ojos.

Vidrios rotos se centra en la desaparición de la fábrica textil de Guimarães, Portugal (cerrada en 2002, cuando la industria se trasladó al extranjero). Aunque Guimarães fue designada Capital Europea de la Cultura en 2012, Víctor Erice pone el foco en otra cara de esta ciudad portuguesa, que descubrió por primera vez durante el rodaje.

Descubrir a través del cine

Erice afirma que el papel del cineasta es encontrar historias que no sean las oficiales, que muestren un punto de vista inesperado. Para él, la experiencia del espectador (incluido él mismo como espectador) es fundamental.

En La Morte rouge, el niño de seis años (el propio Erice) aprende, a través de la experiencia de ver una película, el terrible hecho de que un hombre puede matar a otro hombre, una nueva comprensión que el cineasta identifica como “pérdida de la inocencia”.

El cine como medio de curación y reconexión. Como señala Pierre Arbus en su texto sobre Erice, a menudo hay referencias a la literatura, la pintura (el cuadro de San Jerónimo en El espíritu de la colmena), el cine mudo (Alumbramiento), el primer cine de terror (La Morte rouge), la fotografía (Vidrios rotos), el teatro (Ana, tres minutos) [16].

Reflexiones retrospectivas

El espíritu de la colmena se planteó inicialmente como un extenso flashback, forma narrativa que posteriormente se descartó.

El sol del membrillo ofrece una secuencia reveladora en la que el pintor recuerda un sueño de su infancia. El sueño establece una poderosa relación entre el pintor y el membrillo que, de otro modo, se nos habría escapado.

La excavación de los recuerdos de la infancia es clave en La Morte rouge.

Antiguos trabajadores de la fábrica textil de Guimaräes reflexionan sobre sus días de trabajo, antes de que la industria pasara a manos de obreros que trabajarían por un salario más bajo.

En el universo cinematográfico de Erice, el recuerdo está ligado al olvido. Al final de El espíritu de la colmena, el médico (interpretado por el director Miguel Picazo) consuela a una angustiada Teresa por el extraño comportamiento de Ana tras su noche en la fría llanura. “Poco a poco irá olvidando”.

Canciones para atar cabos [17]

Dos viejos amigos, Antonio López y Enrique Gran, cantan juntos en el patio del pintor.

Los evocadores acordes de Agora non (en dialecto local) flotan sobre la aldea asturiana en Alumbramiento una vez resuelta la crisis del bebé.

El acordeonista que toca al final de Vidrios rotos dirige su canción a la gran fotografía de la pared. Aunque él mismo nunca trabajó en la fábrica, sus padres y abuelos sí lo hicieron.

Vidrios rotos. Caimán Ediciones

Las canciones cierran el círculo. La Cumparsita, Caminito. Y nuevas canciones, la nana judía sefardí Hija mía, mi querida. Un tango con la letra “quisiera morir en la hora de amor”. Fundido a negro.

Los elementos

En El Sur, Agustín, que tiene talento de zahorí para encontrar agua, se suicida junto a un río.

La gran huella en la tierra del misterioso ‘monstruo’ en El espíritu de la colmena.

El juego de las niñas mayores de saltar por encima de las hogueras. La quema de la carta por parte de Teresa al final de El espíritu de la colmena.

Renovación

El nacimiento y la renovación son temas presentes en la mayoría de las películas de Erice, en especial al principio de El Sur y en Alumbramiento (cuyo título implica ‘nacimiento’).

Nuevos brotes emergen por encima de la fruta caída y podrida, al final de El sol del membrillo.

Y apariciones inesperadas: en la segunda parte no rodada de El Sur, aparece un hermanastro mientras Estrella viaja hacia el sur.

Quienes están en los márgenes

El propio director tiene la sensación de trabajar en los márgenes de una industria difícil de manejar. Sus películas muestran una sensibilidad especial hacia los que han caído por ‘las grietas’ de la sociedad (con la historia de La promesa de Shanghai como ejemplo clave). La familia de El espíritu de la colmena vive en una especie de limbo durante los primeros años de la dictadura franquista.

Ana Torrent

Aunque ha participado en muchas otras películas dentro y fuera de España, a la actriz siempre se la asociará con su debut como niña en El espíritu de la colmena, donde sus grandes ojos, sin pestañear, parecen absorberlo todo. La presencia de Ana Torrent en Cerrar los ojos refuerza la idea de circularidad de la película. El rostro joven que ha sido portada de tantos libros y artículos sobre el cine español, y sobre los niños en el cine, es ahora el rostro de una mujer madura. Es ‘Ana después de Ana’, ya no es la niña que llevaba sobre sus jóvenes hombros El espíritu de la colmena.

Delgada y convincente, esta actriz también puede parecer distante y difícil de ‘leer’. Además de sus galardonados papeles protagonistas en Cría cuervos (Carlos Saura, 1936), El nido (Jaime de Armiñán, 1980) y Tesis (Alejandro Amenábar, 1996), también ha realizado notables interpretaciones en Vacas (Julio Médem, 1992), como hábil jugadora de cartas en Juego de luna (Mónica Laguna, 2001) y como nacionalista vasca que abandonó ETA en Yoyes (Helena Taberna, 1999). Ha interpretado a Catalina de Aragón en Las hermanas Bolena (Justin Chadwick, 2008) y ha aparecido junto a Sharon Stone en el remake de Sangre y arena (Javier Elorrieta, 1989). En Iris (Rosa Vergés, 2004) el personaje de Ana Torrent, Magdalena, pasa por un amplio abanico de momentos vitales, como enfermera durante la Guerra Civil española, amante angustiada y luego esposa feliz, sin perder nunca el sentido de la lealtad hacia sus amigos. En esa película descubrimos a un anciano que ha perdido la memoria trabajando en un jardín, como Julio Arenas.

“Soy Ana”, vuelve a afirmar la actriz en Cerrar los ojos. Considérese el homenaje de Erice a Ana Torrent.

Lo que trasciende la condición humana

La lluvia en El sol del membrillo, eco de la primera videocarta de Erice filmada en el mismo espacio del patio. El árbol como ‘ser vivo’ que evoluciona con el tiempo en El sol del membrillo.

El fluir del agua en la última videocarta, disolviendo el mensaje cuidadosamente escrito.

Las pisadas en la arena que abren La Morte rouge.

Las cinco lluvias torrenciales en Cerrar los ojos recuerdan la apertura de El extraño caso de Angélica (2010), de Manoel de Oliveiera, otro homenaje al judío sefardí [18].

Piedra y cielo (2019, instalación artística). Encargada por el Museo de Bellas Artes de Bilbao y la Fundación BBVA, esta instalación forma parte de su programa de Videoarte y Creación Digital. Erice filma el monumento dedicado al músico y escritor vasco Aita Donostia (1886?-1956) que se alza en el monte Agiña, en Navarra. El director se centra en la estela funeraria de Jorge Oteiza. Este cortometraje se divide en dos partes: Espacio Día (11 minutos) y Espacio Noche (casi 7 minutos), tratamientos diurno y nocturno [19]. Con Piedra y cielo, Erice va más allá que en cualquier obra anterior en el examen de una grandeza que trasciende las narraciones humanas.

Reflexiones finales

En una entrevista realizada por Miguel Marías en el Festival de Locarno en 2020, Erice afirma que, en lugar de hablar de ‘espectadores’, preferiría hablar de ‘vecinos’, de los espectadores como una comunidad. Se refiere a “el país del cine”, un lugar sin mapas, donde un lenguaje artístico y emotivo como el de Chaplin podría entenderse en todo el mundo.

En el final del guion publicado de El espíritu de la colmena, se describe a la pequeña Ana mirando hacia fuera. “El rostro en penumbra de Ana. Tiene también los ojos cerrados” (pág. 136).

Luis Martínez califica Cerrar los ojos de “circular y perfecta” donde “todo se refleja en todo… cine que respira cine” [20]. El argumento se desvanece. Las imágenes flotan alrededor de nosotros como palabras traducidas, viejas canciones, un abanico chino.

Cerrar los ojos, con sutiles referencias a películas anteriores de Erice y a Borges, ofrece un tesoro de vínculos y nuevas secuencias que perduran en el corazón y la mente. Como recordaba el analista Francesco Casetti: “El cine sigue siendo un objeto por descubrir” [21].

Traducción: Elsa Tébar

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NOTAS

* N. de la T.: We must close our eyes before you see, verso de la canción Surrender the Soul, de Chris Caswell, interpretada por Karris Allyson (versión inglesa de Medo de amar, de Vinicius de Moraes). 

[1] Cerrar los ojos está protagonizada por Manolo Solo, José Coronado y Ana Torrent.

[2] Aunque La promesa de Shanghai nunca llegó a realizarse, el guion de la película fue publicado por la editorial Plaza y Janés Editores (2001).

[3] Cristina Álvarez López. ‘Films that Watch Us: Cerrar los ojos’; en la web https://laughmotel.wordpress.com/; septiembre 2023.

[4] Carla Simón, ‘Urdimbre de Miradas’. Caimán Cuadernos de Cine, nº 181; octubre 2023.

[5] Elsa Fernández-Santos. Entrevista con Víctor Erice, El País Semanal; 23 de septiembre, 2023.

[6] Luis Martínez. ‘Víctor Erice regresa a la grandeza del cine con Cerrar los ojos’. El Mundo; 23 de mayo, 2023

[7] Incluida en el film colectivo Centro Histórico junto a piezas de Aki Kaurismäki, Pedro Costa y Manoel de Oliveira.

[8] Àngel Quintana. ‘El cine revelado’. Caimán Cuadernos de Cine, nº 181; octubre 2023.

[9] Lawrence Garcia. ‘Close Your Eyes’. Cinema Scope; Septiembre, 2023; pág. 39.

[10] Fernando Ramos escribe que, a lo largo de los últimos veinte años, la obra de Erice ha presentado diferentes formas de reflejar la experiencia cinematográfica. Véase: ‘Repensando el cine desde sus márgenes. Momentos cinéfilos y relocalización en la obra de Víctor Erice en el siglo XXI’. Foto Cinema, nº 23; 2021.

[11] Por ejemplo, el mono de la mesilla de noche de la habitación de las niñas en El espíritu de la colmena remite al primer mediometraje dirigido por Erice fuera de la escuela de cine, Los desafíos (José Luis Egea, Víctor Erice y Claudio Guerín, 1969).

[12] Alumbramiento, la contribución de Erice al film colectivo 10 Minutes Older, fue rodada en el término municipal de Llanes (en los pueblos Palacio De Ardisana y Mere; octubre de 2001). Rodado en un blanco y negro teñido de sepia, es como un cortometraje de la época del cine mudo. Erice también lo consideró como una partitura musical. Utilizó por primera vez un storyboard.

[13] Linda Ehrlich. ‘Víctor Erice’s La Promesa de Shanghai and Alumbramiento: The Promise of Words, The Promise of Time’, en: CinemaScope, nº 23; verano de 2005. Con Juan Egea; págs. 21-23). (Incluido, en parte, en la edición española del DVD de La Morte rouge y Alumbramiento).

[14] Aunque La promesa de Shanghai nunca llegó a realizarse, el guion de la película fue publicado por Plaza y Janés Editores (2001).

[15] Encabezada por la directora japonesa Kawase Naomi, esta película reflexiona sobre la idea de ‘hogar’ ante la triple tragedia del 11 de marzo de 2011 en Japón (terremoto, tsunami, fusión nuclear).

[16] Pierre Arbus. Cinéma de Víctor Erice: aventures et territoires d’enfance dans l’Espagne franquiste. Ed. L’Harmattan; París, 2017. Los temas que esboza incluyen los exiliados, lo rural, la presencia de lo colectivo, carreteras/caminos, lo deshabitado, la red y lo sagrado.

[17] Para conocer en detalle la sensibilidad de Erice hacia el sonido y la música en sus películas, pueden consultarse los escritos del especialista en cine José Ángel Lázaro (Víctor Erice y la Música: La búsqueda de la revelación) y el ensayo de Ehrlich y Martínez: ‘Erice’s Songs: Nature as Music/Music as Nature’, Framework, 51:2 (2010), págs. 199-247 (coescrito con la etnomusicóloga Celia Martínez García), traducido como ‘Las canciones de Erice – La naturaleza como música / la música como naturaleza’, en Secuencias, nº 31; 2010, págs. 7-31 (traducción al español de Steve Wenz).

[18] El hombre sefardí que aparece en Cerrar los ojos dentro de la película recuerda cómo este numeroso grupo de judíos fue expulsado de España en el siglo XV y posteriormente se estableció en toda la región mediterránea, más al norte, en Holanda e Inglaterra, e incluso en el Nuevo Mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial, comunidades enteras fueron aniquiladas por los nazis. El acto de esconderse ha difundido e intensificado a la vez su identidad.

[19]  Víctor Erice. Piedra y cielo, Jorge Oteiza, una evocación. Ed. Museo de Bellas Artes de Bilbao y Fundación BBVA; Bilbao, 2019.

[20] Luis Martínez. Op. cit.

[21] Francesco Casetti. The Lumière Galaxy. Seven Key Words for the Cinema to Come. Ed. Columbia University Press; New York, 2015.

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Linda C. Ehrlich, profesora visitante en la Universidad de Duke, es autora de numerosos trabajos sobre el cine mundial. Su libro más reciente es The Films of Kore-eda Hirokazu: An Elemental Cinema (Palgrave Macmillan, 2020). También ha grabado dos comentarios completos de películas de Kore-eda en DVD para Milestone Film and Video y para Criterion.

Su libro Cinematic Reveries (Peter Lang, 2013) explora la intersección entre la poesía en prosa y el cine. También es coeditora de Cinematic Landscapes (ensayos sobre la interfaz entre las artes visuales y los cines de China y Japón), y de The Cinema of Víctor Erice: Una ventana abierta.

La Dra. Ehrlich ha impartido clases en la Universidad de Duke, la Universidad Case Western Reserve, la Universidad de Tennessee/Knoxville y en dos viajes Semester-at-Sea.

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