El primer largometraje de Guillermo Polo parece estar atravesado por una energía desquiciada, algo histérica e histriónica y, a la vez, algo cargada de nostalgia. Lo carga el diablo es una de esas películas que no parecen encajar en ningún género porque los transita todos a la vez: es trágica, cómica, mágica, hilarante… Una cinta que tiene sus referentes en cinematografías muy diversas: hay una clara influencia de cierto cine norteamericano (de Tarantino o Robert Rodríguez, fundamentalmente); del cine de narcos mexicano y de un absurdo muy propio de la comedia española. El resultado es una road movie castiza, caótica y libre que no renuncia a su esencia costumbrista y patria materializada en un estilo visual retro.
Infinidad de elementos (la señalética y la cartelería son un auténtico viaje al pasado para el espectador, así como la estética del film, más propia de los años setenta, e incluso la música) traen al presente una España marchita, la de bares y gasolineras de carreteras, en un trayecto que culmina, como no podía ser de otro modo, en Benidorm. Un colofón perfecto para un relato sobre el anquilosamiento de una sociedad aún atrapada en la promesa de prosperidad que fue el turismo costero. En el centro de la historia, un desencuentro y un encuentro. Una búsqueda de uno mismo donde el viaje no es más que la excusa para confrontar el duelo, y a la vez, afrontar la propia vida
Cristina Aparicio
España, 2024 Guion: Guillermo Polo, Guillermo Guerrero, Mr. Perfumme, Vicente Peñarrocha
Montaje: Ernesto Arnal, Vicente Ibáñez
Fotografía: Pablo García Gallego
Intérpretes: Pablo Molinero, Mero González, Antonia San Juan, Isak Férriz, Emilio Buale, Luifer Rodríguez








