Print Friendly, PDF & Email

Michel Jelelaty es también Miguel Alonso. Jelelaty nació en el Líbano hace algo más de 50 años. Hijo de un padre conservador y de una autoritaria madre de origen sirio, tuvo que esconder su homosexualidad durante aquella etapa inicial de su vida, marcada, entre otras cosas, por su intervención como soldado en la guerra de Siria. Alonso asumió su nuevo nombre en la España de la Transición, donde emigró huyendo de un ejército de fantasmas que le impedían mostrarse tal y como era. El paso de la prohibición a la libertad total también puede verse como el de la privación más absoluta al de los excesos descontrolados. Y es que la vida de este traductor de profesión sufrió un cambio tan radical que, todavía hoy, a él mismo le cuesta de entender. Quizá por ello se entregue sin ambages a protagonizar este documental terapéutico que Eliane Raheb va construyendo a medida que revive los traumas que Miguel debe ir superando para terminar de aceptarse. A mitad de camino entre la reconstrucción biográfica en clave performativa y el ejercicio de introspección de corte psicoanalítico, La guerra de Miguel muestra las posibilidades del cine como instrumento sanador. Asistimos a un proceso plenamente autorreflexivo y metalingüístico que busca en todo momento ayudar a este protagonista subyugado por la autoridad materna, torturado por los recuerdos de guerra y condenado por su condición homosexual. La película da cuenta de la complejidad de su personalidad valiéndose de una suerte de collage que combina entrevistas, animación, material de archivo y representación teatral, de manera que parece ir construyéndose al mismo tiempo que trata de definir a su fascinante objeto de estudio. Esa mezcla de formatos se corresponde, sin duda alguna, con la idiosincrasia fluctuante de Jelalty/Alonso.