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Después de When the Waves are Gone (2022), la primera aventura del policía Hermes Pauperan, he aquí que Lav Diaz regresa a ese personaje para seguirlo minuciosamente en otro relato de larga duración –casi tres horas y media– en el que se vuelven a mezclar comentario político y aliento poético, el thriller y su deconstrucción, culminando en la creación de una fascinante cosmogonía, una de las más poderosas del cine del director filipino hasta el momento. Todo empieza con Hermes sumido en una profunda crisis personal y laboral, de la que pretende salir investigando el caso de una modelo desaparecida años atrás, lo cual lo lleva a adentrarse en una zona volcánica, desolada, en la que a su vez coincidirá con diversos personajes que quizá puedan proporcionarle algunas pistas al respecto. Por supuesto, Diaz aborda este material con su habitual bagaje: un blanco y negro seco y arisco, una serie de planos fijos que parecen cortados y montados con un hacha, un relato elíptico y oblicuo que, paradójicamente, no tiende hacia la síntesis sino a la expansión, como si a veces le importara más crecer hacia los lados que seguir hacia delante… Al mismo tiempo, la historia queda partida en dos en su mismo centro, dividida por imágenes televisivas de la erupción del volcán, y se permite cambiar de tono para que Hermes –el mensajero de los dioses, en la mitología griega– conecte con una mujer que conoció a la chica desaparecida y su perro, un vendedor de pasteles de yuka, un tipo cuya principal ocupación es cavar y cavar en busca de sus familiares sepultados por la lava y un adusto vagabundo que malvive recogiendo trastos viejos, curiosamente llamado Aquiles –lo cual permite regresar a la inspiración homérica del film–. No habrá final para la peculiar investigación del atribulado policía, en parte porque todo se diluye en acciones cada vez más dispersas, en un ritmo pegajoso y gobernado por el ambiente siniestro de la zona; en parte porque él mismo se convierte en ermitaño asceta; y en parte porque parece ser que Diaz prepara otra película que completará la trilogía. Pero la vocación telúrica de Essential Truths of the Lake, título que remite a la propia vocación hermenéutica –que viene de Hermes– del film, permite adivinar que nuestro hombre se está convirtiendo a la vez en un narrador desbordante, un poeta secreto y un cineasta capaz de entender que, más allá de las apariencias –políticas o emocionales–, se esconde un universo misterioso para el que quizá no exista solución. En opinión de este crítico, una de las mejores películas de la ya nutrida obra de su responsable. Carlos Losilla