Felipe Rodríguez Torres

El mito de la carretera americana se ha edificado tradicionalmente sobre la urgencia de la huida y el anhelo utópico de libertad. Algo que ya vimos en la road movie luminosa y reverencial Sal & Dean: Tras los pasos de Kerouac (2025) y ahora en la doliente Into the Jaws of the Ogre, ópera prima de Mahsa Karampour. Si el documental de Rosa García Loire y Miguel Hualde decide reactivar con entusiasmo juvenil el viaje contracultural emulando el espíritu de On the Road, Karampour propone un contraplano devastador donde el asfalto estadounidense no conduce hacia la liberación, sino hacia las fauces del desarraigo y el trauma histórico.

El film sigue el reencuentro de la directora con su hermano Siâvash, antiguo cantante punk exiliado de Teherán tras una tragedia mortal que desmanteló su banda. Al cruzar Nueva York y adentrarse en las autopistas, la puesta en escena opera por acumulación de ausencias. Mientras en Sal & Dean el viaje se tiñe de un espíritu lúdico, musical e intelectualizado sobre el sueño americano, en Into the Jaws of the Ogre la inmensidad geográfica se transforma en un purgatorio psicológico. Karampour registra con pudor el repliegue de su hermano, quien se refugia en personajes imaginarios para eludir los fantasmas del pasado. La cámara adopta un tono íntimo y descarnado que desmitifica la épica del viaje, capturando la fragilidad de un vínculo fraternal que intenta recomponerse sobre los escombros del exilio político.

Y es que el verdadero acierto de Karampour radica en su honestidad formal. Lejos de la mitificación pop que a veces asoma en las derivas beatniks, aquí el paisaje norteamericano es un espacio gris, casi hostil, que no ofrece redención a los supervivientes de la diáspora iraní. El sonido aporta y adquiere un relieve técnico dramático: el zumbido de las ruedas se solapa con el eco de los recuerdos de Teherán, borrando las fronteras entre el presente y el trauma. Into the Jaws of the Ogre se revela así como una pieza desgarradora de la no ficción contemporánea. Una obra que demuestra que, mientras algunos viajan por las carreteras americanas persiguiendo el eco de sus ídolos literarios, otros las transitan simplemente intentando no ser devorados por la memoria de lo que dejaron atrás en una patria herida.