Cristina Aparicio

Hay una belleza especial en ser capaz de percibir lo invisible. Lo abstracto, lo etéreo, lo inmaterial… son conceptos reconocibles al ser experimentados, pero a veces, de manera algo mágica y fantástica, es posible percatarse de los sentimientos vividos por otros. Esos destellos son los que apuntalan Will You Still Be My Friend, el primer largometraje de Lu Po-Shun, un coming of age donde la inocencia es el único método para retrasar el cinismo que acompaña a la edad adulta. En su búsqueda de la forma de hacer visible la magia, el cineasta se sirve de las sonrisas incontroladas, las caricias espontáneas, las miradas sinceras, francas… Todo lo que fluye de manera natural aparece en el relato libre, sin censura, sin prejuicios ni etiquetas. Así es como experimentan sus emociones los dos protagonistas de esta historia, dos jóvenes que encuentran en el otro un refugio inesperado que ni siquiera necesitaban.

La evolución de este vínculo queda definida por distintas decisiones formales: desde la manera en que evoluciona la ubicación que ambos tienen dentro del plano (mientras en los primeros compases del film uno queda siempre por delante del otro, llegando incluso a taparse por completo, después pasarán a compartir el encuadre); hasta la elección cromática del azul y el amarillo, colores complementarios que van encontrando el equilibrio. También desde el guion destaca la sutileza con que describe la relación surgida entre los dos amigos, dejando espacio para cuestiones complejas como la forma en que opera la presión grupal, la difícil psicología del liderazgo o la formación de prejuicios y conductas homófobas. Cuestiones que matizan una historia que asume el presente en el que vive pero que, sin obviarlo, no se deja arrastrar por sus contradicciones ni sus discursos de odio: al contrario, propone una hermosa manera de entender el amor, puro, inocente y, sobre todo, libre.