Carlos F. Heredero

Ganadora del Premio a la Mejor Ópera prima en Venecia con Sami Blood, la directora Amanda Kernell (hija de madre sueca y padre sami) regresa de nuevo al entorno de la comunidad paterna con una historia que hunde sus raíces en los modos de vida de aquella etnia sobre los helados confines de Laponia. Las manadas de renos y la persistencia de las viejas tradiciones patriarcales son aquí el telón de fondo de una historia de superación femenina y de abusos sexuales narrada por la cineasta con escasas palabras, abundantes elipsis, atención a las miradas y muchos silencios en medio de un escenario que, visto desde la perspectiva de la Europa urbanita, adquiere una dimensión casi antropológica por lo que tiene de retrato de una cultura prácticamente desconocida fuera de sus límites geográficos.

La protagonista es la joven Ejva (interpretada por Elli Sara Valkeapää, una actriz de etnia Sami), que debe hacerse cargo del rebaño de renos heredado de su difunto padre y enfrentarse a las impositivas pretensiones sexuales de Heaika, el jefe de la comunidad. El silencioso y enigmático mundo interior de esta mujer parece estar en permanente tensión frente a las expectativas que la familia y el resto de los hombres del poblado albergan sobre lo que supuestamente debería ser su vida. La aparición del joven primo del Heaika abre para ella una inesperada oportunidad de encauzar sus emociones frente a la depredadora violencia sexual de la que es víctima, pero también empuja la película hacia los cauces de un triángulo amoroso más convencional. Tan circunspecta como su protagonista, la película encuentra sus mejores momentos cuando escruta la mirada escurridiza de Ejva y cuando explora la inmensidad helada del paisaje por la que transitan las enormes manadas de renos en secuencias que tienen un lejano aire de western, aunque el conjunto del film no pase de ser un aplicado drama etnográfico lleno de buenas intenciones.