Àngel Quintana
Todo empezó en el Volksbühne de Berlín, donde Albert Serra dirigió a Ingrid Caven en Liberté, un montaje sobre los libertinos franceses escapados a Alemania, en el que Ingrid Caven —intérprete clave en el universo de Rainer W. Fassbinder— aparecía como actriz. Serra le propuso participar en la película del mismo título, pero en el montaje final su presencia desapareció, ante el estupor de la actriz. Después de un tiempo de silencio y de tensión, Serra llamó a Ingrid Caven y le propuso grabar un disco, considerado como un acto de redención. El disco debía contener una serie de canciones inéditas, escritas por ella, en las que se llevaría a cabo un repaso a su vida. La banda sonora de acompañamiento iría a cargo del grupo de Banyoles, Molforts, encabezado por Marc Verdaguer, compositor de la banda sonora de la mayoría de películas de Serra. Antes de la grabación, en diciembre de 2023 hubo una primera actuación en el Teatre de Salt, dentro del festival Temporada Alta. El disco se grabó poco tiempo después con el título alemán de Heidschi Bumbeidischi (Dieciséis momentos de una vida), pero los resultados del registro sonoro no fueron óptimos, por lo que finalmente acabaron vehiculando todos los esfuerzos en un nuevo concierto en el Teatro Bouffes du Nord de París, en febrero de 2025. El concierto fue grabado con diferentes cámaras y Albert Serra intentó crear una atmósfera peculiar, creando una clara intimidad en torno al escenario y dejando a Ingrid Caven que desgranara su mundo y demostrara, a sus 86 años, que quedaba algo de la herencia de aquel viejo cabaret alemán.
Seize moments de ma vie es básicamente el documento/registro de un concierto. El propio Serra ha reconocido que su trabajo no ha sido otro que acompañar a la cantante y a sus músicos. No obstante, todo va un poco más allá, porque el concierto tiene algo de testamento en torno a la presencia de una auténtica musa de la música y el cine alemán, pero también de reflexión sobre cómo recrear una sonoridad a partir de un juego constante de creación de ambientes para que la voz ronca de la cantante pueda desgarrar alguna cosa íntima. Como en Tardes de soledad, nunca vemos al público y el espacio escénico es el centro. Como en otras de sus películas, Albert Serra encuentra una de las claves en atrapar el envejecimiento de un mito, situándose en un territorio crepuscular que anuncia algún final. Ingrid Caven empieza, como en el libro biográfico que escribió su esposo Jean-Jacques Schuhl, con la actriz recordando el momento en que, siendo niña, debió cantar Noche de Paz ante los oficiales nazis; posteriormente nos recuerda las bombas de la guerra, los encuentros con Schuhl en el Café Voltaire mientras este escribía, la fascinación por Blancanieves o ese cine que fue a la vez un mundo y una vivencia. El resultado es hipnótico y fascinante. El disco se transforma en imagen y adquiere más potencia, mientras la distancia y la necesidad de filmar los gestos de los músicos en planos largos posee algo cercano a los postulados de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet sobre cómo filmar la música para dejarla ver y oír.











