Jaime Pena

No es Roma Elastica la primera película de este Cannes 2026 que transcurre en el mundo del cine o que está ambientada en un rodaje, ahí están para atestiguarlo Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, El ser querido o Amarga Navidad, entre las que me vienen a la cabeza y que he visto. Pero la de Bertrand Mandico es la primera centrada en las peripecias de una actriz, Eddie (Marion Cotillard), que vivió sus mejores momentos en los años ochenta y que, ahora, con un cáncer diagnosticado, se embarca en el rodaje de una película de ciencia ficción en Roma, el destino que les esperaba en tiempos a tantas estrellas venidas a menos. A Eddie la acompaña Valentina (Noémie Merlant), su secretaría que hace las veces de guardaespaldas.

Roma es, por supuesto, una ciudad absolutamente felliniana, pura Cinecittà llena de estatuas clásicas. Una de las primeras cosas que se le ofrecen a Eddie al llegar al rodaje es la posibilidad de jugar con el monstruo de Possession (Andrej Zulawaski, 1981) y la película que va a rodar debe mucho a Fulci y a Bava, o eso nos dicen, por más que su directora la venda como “si Antonioni dirigiese 1997… Rescate en Nueva York”. Nunca lo sabremos, en las películas de cine dentro del cine vemos los rodajes pero no las películas resultantes. Quizás tampoco sea necesario. Menos barroco que en otras ocasiones, esta operación de Mandico remite a las primeras películas de Patrick Strickland, a una forma de hacer cine que entronca con el pasado y en la que las formas del género se imponen casi como restos arqueológicos.

Esa idea del pasado está muy presente, en los cameos de Ornella Muti y Franco Nero, o en la figura de un anciano y prestigioso director que afirma que “hacer películas es un antídoto contra la vejez”. Es lo que más teme Eddie, que en sus sueños imagina que de la parte posterior de la cabeza le sale el rostro de una mujer más joven, como si el síndrome de La sustancia (Coralie Fargeat, 2024) se prolongase en Roma Elastica, solo que con unas formas más autorreflexivas. Eddie teme envejecer, si bien esa oportunidad nunca se le ofrece en las películas que protagoniza y en las que siempre está condenada a morir.