Nuevos habitantes, viejos habitantes
El espacio existencial vivido se estructura sobre la base de los significados y los valores que se reflejan en él por el individuo o el grupo, sea de manera consciente o inconsciente.
Juhani Pallasmaa, Habitar (2016)
Una de las consecuencias de esta época de la deslocalización es la pérdida, en muchos sentidos, de la ligadura física del hogar, algo que provoca una constante redefinición de lo que implica habitar. En el cortometraje Ciudad futuro Nicolás Fernández-Montes Cuberta confronta al espectador con la arquitectura de la ciudad-promesa de las periferias españolas, reflejo del suburbio estadounidense que aseguraba una vida fuera de la ‘colmena’ para la clase media aspiracional. En una serie de planos generales se encuadran solares vacíos, carteles de pisos de nueva obra que nunca se llegaron a terminar y proyecciones de carreteras y rotondas de barrios residenciales. Así se filma un paisaje conformado por la explosión de la burbuja inmobiliaria, que deja a la vista los esqueletos de hormigón de los edificios y el constante movimiento de grúas y buldóceres –seguido instintivamente por la cámara– que pueblan los exteriores de las grandes ciudades. No obstante, al lado de estas vedute desoladas, que son síntoma de un presente y un futuro en el que la vivienda será el centro de la conversación pública, el cineasta sitúa a una serie de jóvenes –los principales afectados por la especulación inmobiliaria–, que se reapropian de estos espacios y resignifican la idea del hogar. La cámara abandona el trípode y se introduce dentro de las raves y los botellones para moverse y registrar un sentido de comunidad y de avance, que contrasta con ese estatismo mortuorio del inicio de la película. La fe en lo colectivo impulsa una puesta en escena que abandona lo absolutamente deshumanizado para entregarse a la esperanza de futuro.
Este habitar se aborda de forma muy diferente en Río adentro, la película de Pablo Martínez Pessi que sigue el proceso de creación del fotolibro homónimo del artista Lucas Mariño Devotto. El fotógrafo decide volver a transitar las regiones cercanas a su lugar de nacimiento, recorriendo las islas y montes aledaños de Villa Soriano y acompañando a los pescadores que navegan el río Uruguay y el río Negro para filmar su trabajo. Adoptando uno de los principios de la pesca, el sentido de la espera, la cámara se dedica a observar los márgenes del río y a registrar cuanto sucede en él, bailando entre lo rutinario y lo insólito. Estas imágenes se unen a las propias fotografías de Lucas que poblarán la obra final y a las páginas de la libreta de apuntes que cuestionan una y otra vez la estructura, los presupuestos para carretes y el plan de trabajo. La voz en off del fotógrafo guía las escenas, preguntándose acerca de lo que implica pertenecer al río y sus límites –“¿Cuántas cosas contiene el río?”–, repitiendo a modo de enumeración enseñanzas, reglas y rutinas de los pescadores, que se intercalan con meditaciones y conversaciones con sus compañeros. Río adentro genera así una idea de diario filmado sobre la propia experiencia de pertenencia del artista, que conecta a la vez con la de sus ancestros pescadores, lo ritualístico de la práctica y el hogar como constructo cultural en actual indefinición.
Nacho Álvarez











