Ensanchar el alma

Nacido desde el deseo de celebrar la llegada de un cine digital que prometía, al fin, la democratización del arte cinematográfico, el Festivalito alcanzó por fin su vigésima edición, una edición número veinte que parecía impensable tras la desoladora pausa de un lustro que tuvo lugar a partir de 2010 hasta la multitudinaria edición de 2015.

El certamen no lleva el subtítulo de ‘Festival de cine de las estrellas’ por lo que podría parecer a simple vista: el cielo privilegiado de la isla de La Palma, que impulsó la existencia del Observatorio astrofísico del Roque de Los Muchachos, invita a rodar en sus paisajes y a implicar al entorno como uno de los protagonistas de los relatos de los cortometrajes que se filman durante la semana, actividad que supone el auténtico corazón del encuentro y que no solo reúne a un gran espectro de los cineastas de las islas sino también a cualquier participante que desee contar su propia historia.

“Ama, ama y ensancha el alma”, era el lema propuesto por el festival para su competición de rodajes express. Allí no existen jerarquías, el director de una pieza sostiene la pértiga para el sonido en otra, y la sensación de una comunidad en la que se socorren unos a otros para llevar los trabajos a buen término transforman el certamen en un evento poco comparable a otros en la misma categoría: la familiaridad que respira un concurso en el que había inscritos más de cien cineastas no tiene equivalente en el panorama internacional, y se ha convertido con el tiempo en el gran tesoro del Festivalito.

Toma tierra, de Yon Bengoechea, obtenía el Premio a Mejor Cortometraje en Andrómeda, la categoría que aglutinaba las piezas realizadas por cineastas profesionales, en un relato que seguía a dos personajes en su devenir por el bosque mientras discuten sobre el pino canario como responsable de los incendios de la isla. La cámara entonces atraviesa el suelo y vemos las raíces de los árboles, cómo se comunican entre sí y cómo lanzan improperios hacia los dos visitantes.

Marcos y Cordero, de Víctor Hubara, obtenía el Premio del Público de la edición con una pieza que parodiaba el género policiaco y sus clichés a través de un humor que jugaba con el doble sentido de cada palabra para desplegar un sinfín de situaciones disparatadas, al estilo de la también absurda Top Secret! (Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker1984).

En cualquier caso, los premiados eran solo una anécdota frente al regalo de tener un espacio en el que crecer juntos como cineastas, seguir pensando y compartiendo el cine.

Jonay Armas