Palabras revividas

¿Cuál es el papel del cine en el tratamiento de la guerra? Numerosas películas de la Sección Oficial de Documentales se han aproximado a esta cuestión desde prismas diversos, incidiendo en nuestra relación con las imágenes de la actualidad, las dinámicas de fetichismo por las ruinas bélicas o el consumo de imágenes en tiempo real que llegan desde los móviles de los soldados ucranianos. Así, películas como Saarvocado (Víctor Orozco Ramírez, 2025), Ojalá pudiera decir la verdad (Víctor Mendívil, 2024) o Vino la noche (Paolo Tizón, 2024) reflexionan sobre el papel del cine en la filmación de la guerra a través del archivo, el testimonio o la inmersión en la vida de los soldados. Sin embargo, la película que con mayor sensibilidad se acerca al poder de la imagen como elemento de justicia y comunicación mutua en este contexto es Recuerdos para el que por mí pregunte. Fernando Vílchez introduce su cámara super 8 en La Rioja para combatir un olvido generalizado de los asesinados en la Guerra Civil, a través de una recuperación de los testimonios de estos represaliados que son leídos a cámara por sus familiares vivos casi noventa años después. Para ello propone un dispositivo de tratamiento del archivo similar al planteado en su anterior trabajo El polvo ya no nubla nuestros ojos (Colectivo Silencio, 2022), que recogía discursos, artículos periodísticos y testimonios de personas asesinadas como consecuencia de distintos eventos convulsos de la Historia política de Perú.

Esta vez, los escritos recopilados son cartas enviadas a las familias, que en unos casos reflejan la indudable consciencia de su destino inmediato y, en otros, son sencillas misivas rutinarias que recopilaban las necesidades y pensamientos de los firmantes. La película funciona, en primera instancia, como testimonio del horror cometido contra la población y como acto de resistencia contra el falso relato de paz históricamente arraigado. No obstante, lo que emerge por encima de todo en estas escenas es una sensación de reencuentro y cariño que nace, no solo de la lectura de estas palabras que por vez primera comunican a varias generaciones con sus antepasados asesinados, sino de la reunión de todos los familiares entre sí en comunidad. La inauguración del memorial de La Barranca (municipio de Lardero), alrededor del cual se congregan los habitantes, aparece como eslabón principal en una cadena de iniciativas para la recuperación de esta memoria colectiva silenciada, que han ido sucediéndose en los últimos años en la región y de las que forma parte el proyecto de Vílchez. Estos documentos en los que se centra Recuerdos para el que por mí pregunte, que son en definitiva fragmentos de vidas, ven ahora la luz y son registrados por una cámara que filma sin florituras ni abigarramientos formales, permitiendo que este proceso de fijación atemporal del cine sirva como acto político de revisionismo histórico y, por encima de todo, como gesto profundamente humano.

Nacho Álvarez