Habitar el silencio

Vilhelm Hammershøi (1864-1916) fue uno de los pintores más importantes de finales del siglo XIX a comienzos del XX en el Norte de Europa. Sus interiores lúgubres, iluminados por sutiles fuentes de luz externa y frecuentemente habitados por misteriosas figuras de espaldas son la marca de un autor que desarrolló un estilo personal que, heredero de artistas como James McNeill Whistler, Johannes Vermeer o Rembrandt, determinaría el curso del arte moderno del cambio de siglo y en adelante. A pesar de su indudable relevancia como bisagra entre momentos y tendencias fundamentales en la Historia del arte occidental, Hammershøi no ha contado con el reconocimiento que históricamente han recibido muchos de sus contemporáneos. Por esta razón, hoy en día comisarios de todo el mundo se proponen reivindicar su figura, otorgándole el lugar que merece dentro del canon.

En ese espíritu, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge una gran retrospectiva dedicada al pintor danés: Vilhelm Hammershøi. El ojo que escucha que, comisariada por la conservadora de pintura moderna Clara Marcellán, se podrá visitar entre el 17 de febrero y el 31 de mayo en Madrid. La muestra reúne una amplia selección de sus obras formando un conjunto que busca reflejar las distintas facetas y preocupaciones del artista: desde sus famosos interiores domésticos hasta el papel que jugó su mujer, Ida Ilsted, su interés por la música, su aproximación a la arquitectura y los paisajes o el giro hacia la autorrepresentación en su etapa final.

Como acompañamiento de la exposición, el Museo Thyssen-Bornemisza, en colaboración con Caimán Cuadernos de cine, ofrece un ciclo de proyecciones en las que se explorará la enorme influencia de Hammershøi en el medio cinematográfico, desde las primeras décadas del siglo XX hasta la actualidad (https://www.museothyssen.org/actividades/ciclo-cine-hammershoi). La primera sesión abrirá con el documental de la BBC titulado Michael Palin y el misterio de Hammershøi (Eleanor Yule, 2005). En él, el actor y comediante británico –mayormente conocido como uno de los miembros del grupo Monty Python– explora su fascinación por la vida y obra del artista, siguiendo su huella en ciudades como Londres, Ámsterdam y Copenhague y visitando los espacios donde este realizó algunas de sus pinturas más famosas. Reconstruyendo su biografía en el camino, Palin lleva al espectador por lugares recónditos y hace hincapié en una mirada que, como la del propio Hammershøi, vira hacia la sombra para revelar lo que está en los márgenes, lo invisible, el silencio.

Una vez presentada esta introducción a los rasgos más importantes de la obra de Hammershøi, el ciclo se centrará en señalar la influencia que esta tuvo más allá de la pintura y, en concreto, en el ámbito del cine. Una figura clave en ese sentido es la de Carl Theodor Dreyer (1889-1968), en cuyos filmes es posible identificar conexiones formales y discursivas con el pintor, como el manejo de la luz, el retrato de interiores domésticos o la intensidad dramática que se logra desde el minimalismo. Para ejemplificar estos diálogos entre ambos autores, el ciclo contará con dos hitos de la filmografía de Dreyer: su ópera prima, Præsidenten (1919), realizada tan solo unos años después de la muerte de Hammershøi, y su último largometraje, Gertrud (1964). La línea que se traza entre una y otra demuestran la huella constante del pintor en el cine de Dreyer, uno de los más grandes representantes de la estética moderna en los países escandinavos. Ambas películas, además, presentan personajes femeninos multidimensionales que, como las enigmáticas figuras del pintor, parecen apuntar hacia una concepción humana y de género adelantada a su tiempo.

Precisamente a causa de la ambigüedad de los espacios y sujetos retratados, Hammershøi ha sido y continúa siendo fuente de múltiples y variadas interpretaciones. Un tema al que se vuelve una y otra vez es el de la espiritualidad: a pesar de que nunca se aborda directamente en sus pinturas, estas frecuentemente transmiten sentimientos de melancolía e introspección, asociados con una búsqueda interna del individuo. De ese modo, otro autor relevante en el ciclo es el director sueco Ingmar Bergman. El film escogido, Los comulgantes (1963), conecta con Hammershøi no solo desde una puesta en escena medida y una acción que transcurre en su mayoría en el interior de una iglesia, sino también precisamente gracias al tema que representa: la crisis de fe por la que atraviesa un pastor protestante. Lo formal y lo temático se dan la mano en el uso de la luz como vehículo de lo místico, tan propio del director y que tiene ecos en la forma de construir los espacios del pintor.

El festín de Babette. Caimán Ediciones
El festín de Babette (Gabriel Axel, 1987)

La exploración de la espiritualidad en términos más allá de lo puramente religioso es algo que está presente también en la siguiente película del ciclo: El festín de Babette (1987). Obra fundamental de la cinematografía danesa, el film de Gabriel Axel transcurre en una aldea puritana a finales del siglo XIX. La llegada de una forastera, la francesa Babette, cambiará el curso de ese lugar y de sus habitantes, culminando en un banquete que ofrece a estos en agradecimiento. Tanto esta escena colectiva como los planos de Babette en solitario remiten a muchos de los motivos recurrentes para Hammershøi, incluso en lo que respecta a sus paisajes, menos conocidos pero igual de magistrales que sus interiores. También la música ocupa un lugar relevante para los personajes de la película, del mismo modo que lo hace en la obra del pintor danés y a lo que alude el subtítulo de la exposición, “El ojo que escucha”.

A modo de cierre del ciclo, se dará un salto al cine contemporáneo con la proyección de La chica danesa (2015), de Tom Hooper. La película, basada en la novela homónima de David Ebershoff, se relaciona con el mundo del arte danés directamente, narrando la historia de Lili Elbe y Gerda Wegener en las primeras décadas del siglo XX. Más allá de su controvertida aproximación a la pareja de artistas, el film permite reconstruir e ilustrar la Dinamarca de Hammershøi, de nuevo enfatizando los interiores sombríos, pero también haciendo énfasis en su arquitectura, sus calles y los personajes que las habitaban. Así, el público podrá percibir la influencia que, en términos formales, continúa teniendo la pintura de Hammershøi en el cine hasta la actualidad, al mismo tiempo que la película funciona como una ventana a la época en la que el pintor danés vivió y desarrolló su obra.

Daniela Urzola