Felipe Rodríguez Torres
¿Es posible aunar el realismo y lo weird en una misma obra, incluso en un mismo plano? Barrio triste, la ópera prima del cineasta y fotógrafo colombiano-estadounidense Matías Vasquez –más conocido por el nombre de Stillz, el cual ha reinterpretado y revolucionado la imagen de lo urbano contemporáneo con videoclips para Rosalía o Rauw Alejandro, pero sobre todo por crear la imagen de una de las estrellas musicales más importantes del panorama actual: Bad Bunny– demuestra que sí y que el POV en primera persona todavía tiene mucho que decir. Esa revolución de la imagen y el sonido de lo urbano lo traslada al terreno del found footage, de la mano de su productor, Harmony Korine, con el que guarda muchos puntos en común, en especial su habilidad para juguetear y mutar lo analógico con lo digital, tanto en el tratamiento de la imagen como en su hibridación con la pista de sonido, aquí potenciado por el trabajo sonoro en forma de banda sonora electrónica, demoledora y letal como sus imágenes, obra de la artista venezolana Arca.
Y esta revolución audiovisual, este conjunto de imágenes, sonidos y formas, que bien podrían caer en la trampa del miserabilismo, aquí se elevan para fundirse en un paseo psicodélico por lo sobrenatural, lo místico y lo esotérico, de la mano de un entorno marginal como el Medellín de los años ochenta. Elevando la apuesta además con un reparto amateur, sin experiencia ninguna delante de las cámaras, en un relato que es a la vez testimonio directo y crudo de una realidad escondida, testimonio humano y demoledor de las juventudes perdidas por una sociedad anestesiada y también un paseo por los rincones más oscuros del alma, transformando las barriadas de Medellín en una suerte de escenario cuasi lovecraftiano donde lo más visceral, brutal y físico, se mezclan sin solución de continuidad con lo inexplicable y surreal. En definitiva, una verdadera experiencia audiovisual, y una nueva manera de entender la imagen en movimiento.











