Carlos Losilla
Esta es, por ahora, una de las películas más conflictivas y difíciles de la sección oficial vallisoletana, que se está revelando, film a film, como toda una caja de sorpresas. Y no lo digo porque sea un relato de complicado acceso –pocas películas recientes se muestran tan transparentes, tan nítidas–, ni porque Tiago Guedes haya hecho un film que busque enfrentarse abiertamente a su audiencia –al contrario, la trata como a un igual–, sino por algo muy distinto: esta adaptación –¡de casi tres horas y media!– de La trilogía de Jesús de J. M. Coetzee supone todo un desafío al empezar como un relato realista, continuar como un teorema filosófico y atreverse a terminar como una parábola que en ningún momento oculta sus cartas, hasta el punto de bordear el ridículo en diversas ocasiones. Ya saben, sin embargo, que tomar este tipo de riesgos es a su vez muy peligroso, y por eso lo que resulta igualmente admirable es que Aquí nunca rehúya los obstáculos que se pone a sí misma. Al contrario, los hace crecer y multiplicarse hasta que se convierten en la esencia misma del film.
Tres personajes principales, situados en un paisaje abstracto e indefinido, evolucionan para cumplir su destino. Se trata de un hombre y un niño, recién llegados en barco desde no se sabe muy bien dónde, y la mujer a la que eligen como compañera y madre. Pero también de una extraña academia de danza, de un equipo de fútbol y de un hospital, lugares a los que el chico va a parar a lo largo de los años, espacios del debate espiritual pero también –quizá– del milagro. Primero, la película adopta un realismo que no teme enfrentarse a la inverosimilitud, quizá porque –como dice el muchacho– lo que es cierto no es siempre la verdad. Después, se sitúa entre dos aguas, en un territorio poético que incluye el musical y la tragedia amorosa como espacios de confrontación dialéctica. Y, en fin, aterriza en suelo por completo resbaladizo al entrar de lleno en equivalencias simbólicas y referencias religiosas, en un escenario intermedio –diríase que en un limbo retórico– donde todo sucede como si los personajes se hubieran trasladado a otra dimensión. La verdadera razón de ser de Aquí, sin embargo, sale a la luz cuando el film termina y todo eso se confunde, cuando nos apercibimos de que no sabemos muy bien por dónde hemos estado transitando: ¿parábola sobre la inmigración y el totalitarismo rampante, ciencia ficción, fantasía espiritual, un cuento narrado desde el país de los muertos? Aquí no ocurre entonces ‘aquí’ ni ‘allí’, sino en otra dimensión del relato, no en vano el texto de referencia constante es el Quijote y la escritura se propone como uno de los objetivos vitales de los protagonistas. ¿Quién ha escrito lo que hemos visto? ¿Quién escribirá la nueva versión? Puede que nadie. Puede que todo esté ya escrito y filmado y solo quede reescribirlo o volverlo a filmar.








