El amor como en un espejo

Has hablado en varias ocasiones de la necesidad de volver a los orígenes del cine y de la influencia que han tenido en ti los hermanos Lumière. ¿Qué hay de Méliès? Es decir, ¿te inspiras también en la ficción? Sí, y es algo que aspiro a ganarme porque quiero que mi siguiente proyecto sea una ficción. Aunque yo no distingo entre documental y ficción, creo que los Lumière son ambas cosas a la vez. Hay documentales altamente impostados y hay ficciones con un grado de verdad tremendo. Por ejemplo, Rossellini es alguien con compasión y eso no es otra cosa que acompañar en el sufrimiento. A él no le son indiferentes las cosas que está haciendo. Hay tantos cineastas que me han marcado… Cuando era joven escuchaba hablar a Lisandro Alonso y me decía: “Este tipo es íntegro”. Yo no sé lo que quiero hacer, pero quiero ser íntegro. Prefiero ir poco a poco y por eso digo lo de ganarme la ficción. Antes de entenderme a mí mismo, quiero empaparme de una realidad que está viva y de la que formo parte.

Yo intuía este interés en la estructura de tu película, que me recordaba a cierto cine contemporáneo. Sí, aunque a mí me fascina, sobre todo, John Ford. Si tuviese que quedarme con alguien, sería él. Creo que su poética dura en el tiempo porque no es pretenciosa, porque lo que está haciendo es más grande que su autoría. Por eso, yo siempre trato de pensar estructuras que reflejen de la manera más sencilla el movimiento de las vidas que filmo. En la película hay un conflicto entre dos bloques. Mercedes es la guardiana del umbral, va pivotando entre el bloque de Landi, al oeste en Zapata, y el de la felicidad de Deinis, su hijo. Ambos bloques son como un imán, tratan de confluir pero, como sus protagonistas viven al margen de una sociedad que los ha olvidado, esa unión no se puede materializar y, cuando lo hace, dura muy poco.

Entonces, ¿el amor es lo que estructura la película? Sí, es que, ¿sabes qué pasa? Todo mi círculo en Cuba ya no está ahí. Yo, en el cine, me tengo que exigir más porque, por mucho que sufra, cada noche me acuesto pensando que, si todo va mal, puedo irme. No es la situación de la gran mayoría de mis colegas, ni de mis personajes. En un marco donde todo se desmorona, yo quiero hacer un cine que transmita esperanza y a mí lo único que me la da es el amor que me reflejan mis personajes, el vivir para el otro sin el otro.

En la película hay dos imágenes que se miran, literalmente, porque en ambas los personajes miran a cámara. Cuando Landi está cazando el cocodrilo y cuando Deinis está en el mar, disfrutando con su padre. Si tú te mantienes lo suficientemente sencillo en la estructura, la vida te regala cosas que resuenan entre ellas, como en un espejo, y tú simplemente tienes que estar disponible para ellas. Creo que a mí lo que me interesa es hacer ficción, entendida como una estructura formal.

Cuando vi la mirada de Landi me estremecí. Siento que todo lo que trata de reflejar la película está contenido ahí porque yo no me he propuesto hacer una película donde no se me viese, sino donde se me viese tanto que no molestase mi presencia, es decir, que no le quitase verdad a la película. Entonces, cuando cuando vi la mirada a cámara de Deinis mientras Landi juega con él, imitando a un cocodrilo, algo que a él le cuesta la vida… Me parece que esa poética no se puede impostar. Por eso amo el cine, porque te lleva a depender del otro y a veces te revela cosas que parecen muy pequeñas, pero son la semilla de algo grande.

Entrevista realizada por videollamada, Barcelona–Vila-Real (Castellón),
el 4 de agosto de 2026.

Ariadna Vidal