Eulàlia Iglesias
La ópera prima de Pauline Loquès puede leerse como una actualización de Cléo de 5 a 7 de Agnès Varda, en clave masculina, nocturna y juvenil. A Nino le diagnostican un cáncer derivado del virus del papiloma en una visita rutinaria de la que no esperaba salir con esta noticia fatal. Estamos casi en el fin de semana y el lunes tiene que empezar el tratamiento de forma urgente. Además, le aconsejan que deposite una muestra de semen para su congelación porque lo más probable es que la quimio lo deje estéril. Nino dispone de apenas tres días para asimilar la información, tomar decisiones claves en su vida y pensar quién es la persona adecuada para acompañarle en el tratamiento, un requisito obligatorio para los menores de treinta años. Para agravar la situación, ha perdido la llave del apartamento y el portero no da señales de vida.
El primer largometraje de Loquès retrata la desorientación de un hombre joven cuando tiene que enfrentarse a una noticia inesperada que afecta su salud, su futuro y su fertilidad. La directora muestra las dificultades para asumir este nuevo escenario por parte de alguien quien por edad no estaba preparado para lidiar con él y que por el hecho de ser chico tampoco está acostumbrado a compartir informaciones y emociones tan íntimas. Loquès lo acompaña a lo largo de este fin de semana de vagabundeo obligado en que debe reconectarse con su entorno: con su excéntrica madre, con su antigua novia, con esa amiga del instituto con quien coincide por casualidad, con su mejor amigo… en un intenso viaje que tiene mucho de reencuentro con él mismo. Lejos de subrayar el dramatismo del punto de partida, Loquès nos embarca en un trayecto íntimo, cálido y con su punto de humor de un joven inseguro que se lanza tímidamente a abrazar la vida cuando se da cuenta de que corre peligro de perderla. Una de las películas que más poso acaban dejando en la maratón cannoise, Nino debe parte de su fuerza a Théodore Pellerin, quien encarna a la perfección una idea de vulnerabilidad masculina muy propia de su generación. El actor quebequés consiguió el Premio de la Revelación Fondation Louis Roederer en la Semana de la Crítica, sin duda merecido, aunque hablamos de un intérprete con una trayectoria ya bastante conocida.








