Àngel Quintana
Después del viaje místico llevado a cabo con Godland, Hlynur Pálmason decide retratar la vida cotidiana de una familia separada. En los primeros momentos de la película vemos a una madre que se dedica a explorar el territorio del land art y a vivir junto a sus hijos en una casa de campo. La familia cuida de las gallinas, juegan con el perro, recogen arándanos, buscan setas. El padre trabaja en un barco pesquero y la madre trabaja patrones de acero oxidados con los que construye sus obras. Pálmason empieza trabajando con gran sensibilidad los pequeños detalles de una cotidianidad que va cambiando con el paso de los años. La película empieza a derivar hacia un relato sobre los conflictos familiares, sobre la difícil integración del padre. La ficción adquiere un cierto tono humorístico que va derivando hacia ciertas salidas absurdas. El padre mata un gallo y este aparece transformado en un gallo gigante. Un galerista sueco llega a la finca y expone a la madre una curiosa teoría sobre las virtudes de los vinos. Un tótem que han construido los niños en medio del campo se convierte en una trampa que acaba de herir un niño con una flecha. Todo va adquiriendo un tono más grueso y la poética de los pequeños detalles de la primera parte se va perdiendo, como si Pálmason quisiera moverse entre lo cotidiano y lo simbólico sin saber encontrar un tono preciso.








