La lógica independiente
Esta es la segunda vez que participas en la producción de una película de Oliver Laxe. Primero fue en O que arde (2019), a través de Miramemira, y ahora en Sirât desde la propia productora de Laxe, Filmes da Ermida. ¿Cúal ha sido tu función en estas dos películas? En O que arde fui director financiero, llevaba toda la coproducción con Francia, Luxemburgo, con Eurimages, etc. En Filmes da Ermida estamos los dos, Oliver y yo. La configuración de esta coproducción viene a ser un símbolo de la fuerza que ha ido cogiendo la producción independiente en España en los últimos años. El testigo lo recogemos de la producción independiente que, por ejemplo, ya llevaba haciendo El Deseo desde hace cuarenta años. Con la particularidad de que hemos sumado el esfuerzo de otras compañías independientes españolas, por orden cronológico, Filmes da Ermida, El Deseo y Uri Films. Luego se ha unido Movistar. Y hay que decir que han respetado muchísimo todo el ecosistema de producción independiente, pero también el de la distribución (BTeam). Las plataformas audiovisuales tienden a cargarse o reducir las ventanas de los cines. Movistar ha hecho lo contrario, ha dejado que produzcamos de forma independiente, respetando esta tradición de la producción independiente española y que nos ha llevado, por qué no decirlo, a tener dos películas en la sección oficial en Cannes, lo cual es un hecho con muy pocos precedentes. Pero también ha permitido que haya una distribuidora independiente que pueda hacer una explotación prioritaria para los cines, entendiendo que ese es el escaparate perfecto para que las películas cojan valor, más allá de la vida que pueden tener en plataformas VOD, etc. Y creo que esta configuración es muy audaz a día de hoy. Esto se acaba de complementar con una producción pequeñita, un 10%, que tenemos desde Francia. A todo esto hay que sumar las ayudas públicas estatales y autonómicas, por lo que hay un equilibrio muy bueno entre financiación pública y financiación privada, que respeta muy bien el ecosistema de la producción.
Lo que más llama la atención es el salto brutal en cuanto a presupuesto de O que arde a Sirât, pasando de 1.250.000 a 6.500.000 €, multiplicándolo por más de cinco, cuando en realidad la película anterior, habiendo funcionado muy bien, había superado escasamente los 100.000 espectadores… Hay una cosa que es muy particular de Oliver, que luego se ve en la faceta de la producción, y es que él intenta abrirse a un gran público sin traicionarse a sí mismo. Y eso es muy difícil realmente: coquetear con el género, pero buscar cuestiones formales que vayan un poquito más allá; conectar con grandes audiencias, pero introducir temas y una óptica que no se ha visto en otras películas. Y eso también lo llevamos a nivel de producción. Lo hicimos en O que arde, cuyo presupuesto oficial era 1.250.000 €, pero es reduccionista porque hicimos que cundiera como si fueran tres millones. Y esta es exactamente igual. Hemos aplicado lógicas de producción que no son de una gran superproducción. Lo que intentamos fue diseñarlo de otra forma, haciendo posible cosas que serían muy imposibles. No podemos pagar a 3000 extras para que hagan una secuencia de una rave. Lo que hacemos es producir algo que se parece conceptualmente a una free party para poderla rodar de tal forma que nos dé un código verdadero y que esa verdad insufle a la ficción, algo que está un poco devaluado. Buscamos una verdad que interpele desde otro lugar al espectador. Y eso se nota en la producción, por ejemplo, en este evento que organizamos en Teruel invitando a 2000 raveros franceses.
Pero es que en la película se conjugan secuencias muy espectaculares, poco habituales en el cine independiente, salvo por ciertas elipsis que quizás han servido para abaratar los costes, con una propuesta estética que por momentos es muy radical. Yo creo que es la película más narrativa de Oliver, con mucha diferencia. Pero me imagino que cuando hablas de elipsis hablas de la caída de un vehículo. Pues mira, esto era una apuesta que estaba ya en el guion. No era para ahorrar dinero, porque, en realidad, hemos tenido que comprar camiones por triplicado para poderlos explotar, aprovechando una oferta que vimos en Alemania, de unos antiguos camiones de bomberos. Y eso también es hacer economía de medios. Y volviendo a esa cuestión de las elipsis, ciertas cuestiones son apuestas de guion, porque lo más lógico, hablando de ese caso concreto, es tengas un plano subjetivo de lo que ha ocurrido, pero eso ya estaba tal cual en el guion. Hay algo que tiene mucho que ver con Oliver en cuanto a que necesita realidad. Eso de rodar con efectos visuales de postproducción no entra dentro de sus lógicas. Cierto cineasta decía que el estado natural de una película es no existir y desde la producción y la dirección hacemos lo posible para que exista.
Tanto Sirât como Romería, de Carla Simón, han contado con presupuestos poco habituales en la producción independiente española, acostumbrada a la precariedad. ¿Crees que esto ha sido determinante para que estas dos películas hayan entrado en la Sección Oficial del Festival de Cannes. Sí, normalmente siempre estamos haciendo economía de medios y en este caso nos hemos podido permitir lo que la película necesitaba, desde triplicar camiones o, en un caso determinado, mover un tren que estaba a 700 km hasta la localización de rodaje. Que luego resultó que había una tormenta de arena y que las vías estaban llenas de de arena y tuvimos que tener a setenta personas barriendo las vías para que el tren pudiera hacer esos 700 km… Si no tienes músculo financiero para poder lidiar con esos imposibles, no tienes la misma película. Pero también creo que depende de los autores que están detrás. Ni Carla ni Oliver han tenido complejos para hacer el cine que tienen que hacer y han pedido los recursos que necesitaban.
En O que arde, además de productor fuiste el compositor de la banda sonora. Supongo que si en este caso no os lo planteasteis fue porque necesitabais sí o sí un músico electrónico. En esta película he hecho más de supervisor musical. También buscar ese punto de comunicación que necesitaba Oliver con David Letellier (Kangding Ray), aunque Oliver ha estado mucho en Berlín, trabajando con él mano a mano. David ha sido providencial porque ha pillado muy bien el espíritu de la película partiendo del contexto de la free party, haciendo toda una evolución que acompaña el viaje que implica la película. Y lo ha hecho trabajando con sus materiales y tímbricas habituales. Oliver ha aplicado aquí la lógica que utiliza con los actores: busco un actor natural que me da exactamente lo que quiero y no le pido a un actor profesional que haga de algo que no es. Y esta ha sido esa misma lógica, pero aplicada a la composición.
Entrevista realizada en
A Coruña el 8 de mayo de 2025.
Jaime Pena








