BIFF 2026: el pulso del cine asiático
La consolidación de un festival no se mide solo por sus invitados o el volumen de su programación, sino por su capacidad para construir una propuesta cinematográfica reconocible. La 31.ª edición del Festival Internacional de Cine de Busan, celebrada del 6 al 15 de octubre, parece haber encontrado en esa premisa el argumento central de su transformación. Con 246 películas procedentes de 59 países, 94 estrenos mundiales y una asistencia superior a los 200.000 espectadores, el certamen surcoreano ha evidenciado su capacidad de convocatoria en un momento decisivo para su proyección internacional. La incorporación a la categoría A-list de la FIAPF es más que un reconocimiento institucional, pues modifica las condiciones desde las que Busan puede intervenir en el mapa de los grandes festivales.
La cuestión es si esa nueva centralidad se traduce en una programación capaz de visibilizar cinematografías y conflictos poco representados en los circuitos internacionales. El cine asiático ha vuelto a ocupar el núcleo de la propuesta, en diálogo con una amplia muestra del panorama mundial. La sección Icons ha reunido trabajos de cineastas como Cristian Mungiu, Pedro Almodóvar, Ryusuke Hamaguchi, Hong Sangsoo y Tsai Ming-liang. Junto a las secciones dedicadas al cine independiente coreano y asiático en general, la selección sitúa Busan como punto de encuentro entre distintas escalas de producción y reconocimiento.
Los títulos a competición han concentrado buena parte del interés de la edición. Sus trece largometrajes, procedentes de países como Irán, Indonesia, Taiwán, Japón y Corea del Sur, componen una imagen plural del cine asiático contemporáneo. Más que una identidad estética común, el conjunto revela preocupaciones compartidas: las tensiones entre individuo y comunidad, las desigualdades materiales y las estrategias cotidianas de supervivencia.
El premio principal ha recaído por unanimidad del jurado presidido por Zhang Yimou en Midday Meal, del iraní Majid Majidi. La película sigue a un maestro rural que intenta mantener las comidas de sus alumnos tras desaparecer el benefactor que las financiaba. La precariedad amenaza tanto la enseñanza como su futuro laboral, empujándolo a decisiones que ponen a prueba sus convicciones. Majidi vuelve sobre una preocupación recurrente de su filmografía: la fragilidad de la infancia y el esfuerzo por preservar su dignidad en condiciones adversas. El argumento, anclado en una realidad local, remite a temas universales como el acceso a la educación, la responsabilidad colectiva y el coste individual de la supervivencia. Por otro lado, el galardón adquiere una nueva dimensión institucional: desde esta edición, la película ganadora del Busan Award puede optar a la vía de presentación para el Oscar a mejor película internacional, siempre que cumpla los requisitos correspondientes. Midday Meal inaugura así una etapa en la que el palmarés del festival puede ampliar su recorrido más allá del circuito asiático.
El resto de los premios dibuja un panorama diverso. Ibuku, del indonesio Eddie Cahyono, ha recibido el Premio Especial del Jurado; Lee Yun Chan, el de mejor dirección por To Be Ordinary. Zhou Xun, por The First Taste of Loneliness, y Kashun Himeno, por Satoko Always, han compartido el reconocimiento interpretativo. La distinción al sonido de Li Danfeng por The First Taste of Loneliness destaca la atención a la construcción formal. En New Currents, el premio ha sido para Birds in the Dark, de Shashank Walia, y la mención especial, para Beach Fictions. El palmarés combina así la consagración de un cineasta reconocido con el impulso a nuevas voces.
Con una programación ampliada y más espectadores, Busan sale de 2026 reforzado. Su desafío será evitar que el ascenso institucional diluya su principal virtud: mostrar el cine asiático desde su pluralidad, sin aislarlo del resto del mundo ni subordinarlo a las jerarquías de los grandes escaparates occidentales.
Marta Piñol Lloret








