Silencio y contención
¿Cómo le llega el proyecto? ¿Qué fue lo que le interesó de él? Ildikó Enyedi me busca a través de William Chang, en Hong Kong, director de producción de todas las películas de Wong Kar-wai y uno de mis mejores amigos. En aquel momento, yo no conocía a Ildikó, pero por supuesto, me interesó leer el guion. Después de hacerlo, vi que se trataba de una historia muy especial, sobre un árbol, donde él es el protagonista y que además, está narrada desde su punto de vista. Vi En cuerpo y alma (2017) y La historia de mi mujer (2021), y me gustaron mucho, sobre todo la primera, y ahí nació el deseo de trabajar con la directora. Cuando me reuní con ella, me dijo que había escrito el personaje para mí, que no haría la película sin mí. Y en esa reunión descubrí que, además de admirar su trabajo, también me gustaba ella como persona. Suelo confiar en mi instinto, así que decidí aceptar el papel.
Aunque ya ha trabajado con anterioridad en alguna otra producción internacional, en este caso se trata de un film europeo independiente, producido fuera de los grandes estudios, ¿qué destacaría de esta experiencia? Los buenos directores y los buenos equipos de profesionales trabajan de la misma manera en todas partes, así que no hay muchas diferencias en este aspecto. Disfruto mucho de todas las producciones y en especial, he disfrutado mucho de esta experiencia de rodaje con Ildikó. Te sientes muy diferente cuando trabajas en un país extranjero que no conoces y hay muchas cosas que explorar.
En El amigo silencioso el silencio y la contención son fundamentales. ¿Cómo abordó la construcción de un personaje que se comunica, en lo fundamental, sin recurrir a las palabras? No tuve que preparar esa cuestión específicamente. Nada más tuve que entrenar mis conocimientos de neurociencia y el desarrollo cognitivo de las plantas. No sabía nada sobre ello y descubrí que las plantas son seres asombrosos, como los seres humanos: son inteligentes, pueden comunicarse… Para mí no hay ninguna diferencia entre los árboles, o las plantas en general, y los seres humanos. Así que lo que tuve que hacer es ganar confianza en mí mismo e investigar sobre el tema, para verme en el papel de un investigador neurocientífico.
Antes de viajar a Marburgo para el rodaje, le escribí a Ildikó y le pregunté qué más necesitaba para preparar mi personaje, y ella me dijo que nada, que únicamente necesitaba que yo estuviera allí. Quería que explorara la ciudad y que sintiera cada escena. No quería que actuara, sino que fuera algo muy auténtico, así que yo intenté sentir las localizaciones, sentir a la gente, pero con el conocimiento del árbol, con una perspectiva diferente. Antes, quizá, miraba a las plantas como algo vacío. Pero después de entenderlas y saber más sobre ellas, cuando las miras ves algo completamente diferente. Así que no necesitas poner en escena un lenguaje corporal determinado, ni diálogos, para mostrar una relación muy intensa con el árbol o con la naturaleza con la que interactúas.
Y en cuanto al método de trabajo con la directora Ildikó Enyedi, ¿cómo fue el diálogo con ella? ¿Cómo afronta la dirección de actores? Aunque proporciona algunas instrucciones para cada escena, siempre deja un espacio para improvisar, para hacer lo que uno quiera. Ildikó no quiso hacer ensayos como tal, porque decía que lo que hacía durante el ensayo ya era bueno. Según ella, una vez la cámara empieza a filmar me convierto en otra persona. Así que, a veces, no sabía si la cámara estaba o no encendida. Realmente buscaba algo muy auténtico. Yo no soy consciente de cuándo se está filmando, no me pongo una máscara en ese momento.
En esta película da la sensación de que vive dentro del personaje, que lo encarna de una manera muy orgánica. ¿Es algo habitual en su método de actuación? ¿Qué distingue a este personaje de otros que ha interpretado en el pasado? Sí, suelo construir los personajes de esta forma, pero esta es la primera vez que preparo un papel a lo largo de seis meses, porque quería disfrutar del proceso lo máximo posible. Cuando llegué a Marburgo estaba completamente preparado, no tuve que preocuparme por nada, solo disfrutar el viaje. Creo que todos los personajes que interpreto tienen algo de mi personalidad, porque se expresan a través de mí mismo, a través de mis emociones y de mis sentimientos reales. Así que todos ellos tienen algo que es muy cercano a mí.
Como intérprete, en las escenas donde el diálogo es mínimo, lo físico adquiere una importancia capital, el cuerpo, la mirada. ¿Cómo trabaja estos aspectos? En algunas películas intenté trabajar el movimiento corporal de una manera específica o traté de tener un aspecto físico diferente o una expresión facial distinta, como en Deseo, peligro (2007), de Ang Lee. Pero esta vez únicamente tuve que trabajar sobre el material que Ildikó me proporcionó y no hice nada más. Solo conseguir que fuera natural. Se podría decir que este personaje es mucho más parecido a mí, con el conocimiento añadido de un neurocientífico.
En un momento en el que el cine contemporáneo parece debatirse entre la urgencia comercial y la necesidad de decir algo sobre el mundo que habitamos, entre estos dos polos, ¿cree que el cine está cumpliendo su compromiso social, político y artístico? ¿O vencerá la urgencia comercial? Creo que el cine de Hollywood o incluso de Hong Kong, el cine más mainstream, es un cine muy calculado, en el que cada cinco minutos hay que mostrar algo nuevo para estimular al público. Y, sin embargo, las películas europeas son más artísticas, en mi opinión. Y más personales también. El cine europeo es más inspirador. Pero creo que siempre convivirán dos maneras diferentes de hacer cine.
Entrevista realizada en Madrid, el 22 de enero de 2026.
Elsa Tébar








