El realizador de Niñato (2017) vuelve a las salas comerciales con un relato de ficción que se alimenta de lo real y que nace de la cercanía cultivada con las personas-personaje que la habitan. Su nuevo largometraje trata de unos jóvenes que se introducen en la vida adulta, y de esos cambios de ciclo y esos nuevos entornos que pueden enrarecer los vínculos con el barrio, las amistades y las familias. El dispositivo visual empleado por Orr potencia la sensación de proximidad y autenticidad que desprenden las escenas.
Han pasado varios años desde el estreno en 2018 de tu primer largometraje, Niñato, que a su vez te llevó mucho tiempo de trabajo. ¿Dónde has estado desde entonces? En realidad no tardé mucho en ponerme a trabajar en A nuestros amigos con el coguionista, Celso Giménez, que es uno de los directores de la compañía teatral La Tristura. Le propuse hacer una película juntos que se pudiese grabar en un año, o en dos años como mucho. Y hemos acabado haciendo esta, que nos ha llevado cuatro años de rodaje y casi un año y medio de postproducción.
¿Y por qué sucedió eso? Me costó un poco encontrar la película que quería hacer, pero tampoco me costó tanto. El primer año que rodamos fue el 2019. Pero incluimos el paso del tiempo en la vida de los personajes, que es uno de los temas que más me interesan del cine, y eso supuso que el proceso se alargase. Me parecía que dejar pasar el tiempo de verdad, sin fingirlo, aportaba otra cosa.
¿Cuál es el planteamiento general de la película? Quería volver un poco al universo de Las hormigas (2007), mi primer corto, donde hablaba de un verano de mis amigos reales del barrio, de sus trabajos, de cómo iban a demoler las casas donde vivían algunos de ellos… Quería volver a filmar un final de la adolescencia desde la misma cercanía que tenía con mis colegas. Y ahí entró Sara Toledo, la actriz protagonista. Creo que entonces estaba ensayando la obra teatral Future Lovers con Celso, mientras él y yo estábamos sembrando varias ideas de guion. Pedimos ayuda a Sara para buscar entre sus amigos a las personas que debían encarnar a los personajes. Íbamos viendo amigos suyos de su barrio, pero al final siempre nos interesaba ella. Ella era el centro de las conversaciones, era muy líder. No queríamos perder eso, su energía, y por eso le propusimos que fuese la protagonista.
Esa joven que habla sobre la vida y el amor con sus amigos comienza a ser actriz, y ahí surge un juego de planos con las obras que ensaya y representa. En realidad, me daba pereza presentar un personaje actor cuya vocación devorase la película, pero el teatro era tan importante en la vida de Sara que no podíamos dejarlo de lado. Partiendo de un acercamiento aparentemente documental, fuimos encontrado la manera de jugar con ello. Nos funcionaba como giro. Ha sido interesante, porque al final la película está inspirada en el argumento de la obra de teatro que interpretaba, Future Lovers, y tiene mucho de la vida real de Sara, pero para mí es como una ficción absoluta.
La película acaba incluyendo tres materiales: alguna escena completamente real, momentos de documental de creación donde se escenifica una especie de realidad alternativa de la vida de los actores, y relato de ficción. ¿Cómo te planteaste encajar todo ello? Hay un juego honesto de querer que la película parezca un documental cuando realmente no lo es, pero eso también sirve para intentar que todos los materiales de la película fuesen más homogéneos. Intentábamos que las escenas completamente documentales, como ese inicio donde los personajes están haciendo sus pruebas de selectividad, y las que están completamente escritas, respirasen de una manera similar. Y que Sara fuese la misma persona en todas, que no cambiase cuando aparece la dramaturgia, porque si no fuese así se rompería la sensación de apariencia de realidad. Era un reto, porque hay mucho más material construido de lo que puede parecer. Y, a la vez, la película es más documental de lo que imaginé al principio.
El público puede sentir curiosidad por saber qué es documental y que es ficción pura de todo ello, porque realmente habéis conseguido desprender una autenticidad que sugiere que vemos algo real. Puede ser, pero no era una intención a priori. Las escenas teatrales cuentan de alguna manera cómo está hecha la película, explicitan su propio dispositivo, porque nos parecía importante no engañar a nadie. No buscábamos eso, sino conseguir con esas personas y sus personajes la intimidad y la cercanía que se consigue con rodajes documentales como el de Niñato. Y esta vez me permití jugar con el relato. El teatro, además, nos abría una vía para jugar con el lenguaje, con la reconstrucción de algo real en un escenario, como hace La Tristura. Ha sido divertido hacerlo y espero que sea divertido verlo.
A nuestros amigos puede generar impresiones contradictorias. Al principio, parece un documental de creación construido a través de mucha búsqueda con la cámara rodando, pero en otros momentos uno se puede imaginar un rodaje mucho más acotado. En realidad, pasó algo parecido. Hay un proceso de búsqueda de la película en el primer año, de pasar tiempo con Sara, de filmar cosas con ella, con su padre, para crear un vínculo con los personajes y su entorno… Después pensamos la película en casa, Celso y yo, y luego también Samuel Martín, desde ese conocer a las personas que vas a filmar para poder ser honestos con ellas. E imaginar cosas que quizá no harían nunca en su vida, pero que les representan de alguna manera. Cuando ven la película, se han sentido representados, y eso es muy importante para mí. Tiene que ver con el proceso de encontrar la película no solo cuando estás filmando, sino también cuando yo llevaba a Sara al cine, o cuando ella me llevaba al teatro o con sus amigos. En pandemia pensamos todo el segundo bloque de la película, y desde entonces ya no filmé tanto. Fue filmar un guion con sus escenas más concretas, con sus diálogos escritos, sin generar mucho material bruto.
He leído que has partido de experiencias propias. La película aborda esos momentos en que el salto a la educación superior facilita que te alejes un poco de allá donde estabas y te introduzcas en otros entornos, en otras maneras de relacionarte… Sí, son cosas que nos pasaron a mí en la Universidad y a Celso en el salto al teatro que comportó que se mudase a Madrid. Vives la vida de tu barrio, con tus colegas de siempre, y en la Universidad te vas más lejos, sales de tu entorno, conoces otro tipo de gente que quizá no tiene mucho que ver. Es algo que Sara también comenzó a vivir con el teatro e iba a vivir más en la Universidad. Me sentí muy reconocido en ese proceso de desclasamiento cultural que estaba produciéndose en ella, y que le cambió la vida bastante. Sara viene a decir: yo soy esto, y puedo convertirme en otra cosa, pero sin dejar de ser lo que soy. Son cambios vitales que percibes con el paso del tiempo, porque es difícil saber qué está pasando cuando lo estás viviendo. Pensamos que Sara siempre se quedará en medio de esos dos mundos, porque no dejas de pertenecer a uno pero tampoco acabas de pertenecer al otro porque no vienes del mismo sitio.
Entrevista realizada en el Festival L’Alternativa, de Barcelona, el 14 de noviembre de 2024.
Ignasi Franch











