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Festival de Cine Africano 2022 (versión ampliada de Caimán CdC nº 168)

Tan lejos, tan cerca

La gran familia de cines africanos, expresión de la cultura de la resistencia, cruzó de nuevo los catorce kilómetros del estrecho que separa Tarifa del continente para hacerse más cercano, más visible. En su 19ª edición, el FCAT presentó una selección de los mejores títulos de los últimos meses, muchos con el aval de su paso previo por importantes festivales internacionales. Un total de diez largometrajes de jóvenes realizadores con apuestas formales muy diversas que miran al pasado, el presente y el futuro del continente con retratos íntimos y personales llenos de urgente realidad, se dieron cita en su sección oficial.

Propuestas documentales que vuelven la vista atrás, como Xaraasi Xanne (Bouba Touré y Raphaël Grisey; Mali, Francia, Alemania) y Constelações do Equador (Silas Tiny; Portugal, Santo Tomé y Príncipe). La primera sigue el rastro de la inmigración que abandonó Mali entre los años sesenta y setenta para instalarse en una Francia que no era el país soñado de las oportunidades. La contraposición de imágenes de archivo y grabaciones actuales denuncia los problemas que siguen sin resolverse. Por su parte, Constelações do Equador nos acerca al primer conflicto poscolonial de la historia de África, la independencia unilateral de Biafra del gobierno de Nigeria que llevó a la evacuación de miles de niños de la región. Otro documental, Faya Dayi (Jessica Beshir; Etiopía, EE UU, Qatar), se alzó con el Premio al Mejor Largometraje. Una cinta que también explora las crisis migratorias a través de los sueños de los jóvenes del país que se intoxican de khat, un poderoso psicotrópico cuyo cultivo ha sustituido al del café en Etiopía.

Feathers. Caimán EdicionesDentro del apartado de ficción, tres retratos de mujeres fuertes destacaron en la programación. Feathers, de Omar El Zohairy (Egipto, Francia, Holanda, Grecia), transita entre lo fantástico y lo surrealista en su denuncia de la sociedad patriarcal. Un cuento sobre la emancipación de la mujer con grandes dosis de realismo mágico y un tono cercano al Emir Kusturica de los años noventa. Freda (Haití, Francia, Benin), un drama político escrito y dirigido por Gessica Géneus, que muestra cómo una familia (y toda una sociedad) trata de sobrevivir en medio de la corrupción y la violencia del país. Y, por último, la interpretación del mito griego de la tunecina Black Medusa (ismäel y Youssuf Chebbi).

Y cerrando el apartado de ficción, Une histoire d’amour et de désir (Leyla Bouzid; Túnez, Francia), relato aparentemente sencillo de amor y despertar sexual entre dos estudiantes en París que pone sobre la mesa el conflicto entre la autocensura del universo masculino y la desinhibición femenina; y la ruandesa Neptune Frost (Saul Williams y Anisia Uzeyman), estilizado musical futurista que canta por la liberación del tercer mundo de la esclavitud impuesta por el capitalismo.

Para completar la sección oficial, dos títulos donde el cine se vuelve autoconsciente: en Nous, Étudiants!, el director Rafiki Fariala sigue a varios amigos estudiantes de la Universidad de Bangui (República Centroafricana) que relatan sus aspiraciones y frustraciones, mientras en Lèv la Tèt Dann Fènwar (Premio del Público) Erika Étangsalé desvela el pasado de su padre, original de la Isla de Reunión que emigró a Francia de joven. Una conversación entre padre e hija donde la cineasta evoca el pasado para iluminar la oscuridad. Una auténtica declaración de intenciones del festival.

Microbus. Caimán EdicionesDentro de la sección ‘En breve’ competían diez títulos firmados por nuevos talentos del cine africano, entre los que destacaron dos trabajos que abordan la violencia contra la mujer: Imuhira (Myriam Uwiragiye Birara; Ruanda) y Microbús (Maggie Kamal; Egipto, EE UU), premio al Mejor Cortometraje. Así como otras originales propuestas que apuestan por el humor como Precious Hair & Beauty (John Ogunmuyiwa; Reino Unido), un día a través del escaparate de una peluquería y la reflexión metacinematográfica del cortometraje de animación The Unusual Kinky Quaint Peculiar Weird Strange Rum Queer Odd and Bizarre Day of a Shadow Man (Hary Joel; Madagascar).

Las actividades paralelas del festival, en forma de mesas redondas o encuentros con directores, fundamentales en todo certamen que promueve la reflexión en torno al cine, resultan doblemente interesantes e instructivas cuando nos encontramos ante cinematografías periféricas que, en muchos casos, siguen códigos de representación a los que estamos menos acostumbrados. Destacar, de entre las numerosas propuestas del festival, la retrospectiva ‘Entre la tinta y la pantalla’ que abordó la relación entre el cine y la literatura con una selección de dieciséis adaptaciones, entre las que se incluían, entre otros, dos títulos del denominado padre del cine africano, Sembène Ousmane, dos películas del angoleño Mariano Bartolomeu basadas (libremente) en relatos de Hemingway y Kenzaburō Ōe, Hyènes (Djibril Diop Mambéty), transposición de una obra literaria suiza o Sarraounia (Med Hondo), la historia de la reina que resistió los avances expansionistas franceses.

 

Freda (Géssica Généus). CANNES 2021 – Un Certain Regard

En 1993, un cineasta nacido en Haití, Raoul Peck presentaba en Cannes, L’homme sur les quais. Desde ese momento, ninguna otra película haitiana había sido exhibida en el festival y no me consta que alguna haya tenido exhibición comercial en salas. Debido a su situación política, el cine haitiano se convirtió en un cine con grandes dificultades para existir. Es por este motivo que la presencia de Freda de la cineasta Géssica Généus es un acontecimiento. No porque implique la presencia de una cierta cota del cine del Caribe, sino sobre todo porque Freda es una buena película. Géssica Généus nos muestra el retrato de una familia que vive en un lugar cercano a Port-au-Prince. La madre tiene dos hijas y un hijo y todos ellos deben enfrentarse a la situación del país y tomar sus determinaciones vitales. El hijo mayor, Moisés, aprovechará la situación para marchar a Chile; la hija pequeña, Esther, intentará penetrar en la alta sociedad de su país casándose en un rico, sin tomar conciencia de que puede meterse en la boca del lobo. Y finalmente, Freda no cesa de debatirse entre marchar junto a su compañero de la República Dominicana o continuar en el país para proteger a su familia, asumiendo la  inestabilidad social del país y la suya propia.

Pero a diferencia de otras películas que juegan con situaciones elementales, para describir el malestar de un mundo en descomposición, Géssica Généus sabe como articular un discurso en el que mezcla lo privado y lo político. Lo privado queda perfectamente reflejado en el dolor de la madre que calló frente al dolor de sus hijas y consintió por miedo. Lo político surge en las escenas que transcurren en las aulas o en las calles, donde queda claro el deseo de continuar luchando a pesar de todo. Las paradojas del destino han hecho que Freda haya llegado a Cannes dos días después del asesinato de Jovenel Moïse, el que era el actual presidente del país. A pesar de estar rodada dos años antes, Freda acaba dando algunas claves sobre la situación en la que se encuentra a día de hoy Haití.

Àngel Quintana