Posts Tagged ‘Sofía Pérez Delgado’

Nueva vida en Nueva York (Cédric Kaplisch)

Sofia Pérez Delgado.

Parece que Xavier siempre tiene que volver a empezar. Hace doce años le veíamos irse a estudiar a Barcelona en Una casa de locos (2002). Tres años después, hacía un repaso a su relación con las mujeres entre París, Londres y San Petersburgo en Las muñecas rusas (2005). Y ahora, como indica el título original de la última parte de la trilogía, Casse-tête chinois, le encontramos tratando de recomponer el rompecabezas que sigue siendo su habitualmente complicada vida, en esta ocasión anclado en la Chinatown neoyorkina. Xavier comenzará, una vez más, a formar parte de una nueva ciudad. Sin embargo, ya no tiene la ilusión ni la curiosidad de la juventud: lo hace porque le obliga la paternidad.

Cédric Kaplisch nos ha mostrado tres etapas de la vida de un hombre y sus allegados, correspondiente a cada uno de los libros que escribe el propio protagonista. Pero, ante todo, ha desarrollado un certero retrato de la inmadurez patológica. En estos años, Kaplisch también ha evolucionado hasta convertir su espíritu espontáneo y amateur en un rasgo de estilo, no tanto exigido por las circunstancias, sino autoimpuesto. Reconocemos sus típicas subtramas, que aquí parecen ya algo desgastadas y repetitivas, forzadas para alargar y conducir la historia hacia el aparente happy ending. Se cierra de este modo un círculo en la vida de Xavier, que termina donde empezó.

Las aventuras de Lily Ojos de Gato (Yonay Boix)

Sofia Pérez Delgado.

Presentada por primera vez en el último Festival de Cine Europeo de Sevilla, Las aventuras de Lily Ojos de Gato es un modelo de cine low-cost. Financiada mediante crowdfunding, ha conseguido distribución por parte de Paulo Branco, una de las figuras más importantes de la producción independiente mundial. La película se desarrolla durante una noche de verano en Madrid. Los jóvenes salen a disfrutar en la medida que pueden; entre ellos Lily, que malvive con un trabajo precario, compaginándolo con alcohol y drogas. Ya en su primera película, Amanecidos (2011), codirigida con Pol Aregall (que en ésta es el encargado de la fotografía), Yonay Boix expresaba su interés por esa generación perdida entre el mundo juvenil y el adulto. En su segundo largometraje se observa una mayor madurez argumental: ya no estamos ante un grupo de veinteañeros haciendo cosas intrascendentes, sino ante una chica cerca de la treintena que alberga las dudas, contradicciones y deseos lógicos de aquellos que viven en la eterna adolescencia, sin llegar a crecer porque no saben cómo hacerlo.

Si Amanecidos se componía de episodios inconexos, de un modo similar a lo que haría posteriormente Juan Cavestany en Gente en sitios (2013), Las aventuras de Lily Ojos de Gato es una historia sin principio ni final concretos dentro de una narración más convencional, a pesar de estar construida a base de retazos de momentos más amplios, de personajes que aparecen y desaparecen. Boix solventa la escasez de medios con un estilo de formas sugestivas, como los juegos de espejos, reflejo del vacío existencial de la protagonista y de aquellos que la rodean. Un homenaje a las calles y los locales de la capital, transformado en la fábula decadente de una juventud que, en el cine, cada vez tiene un reflejo menos bohemio y más desencantado.

Publicado en Caimán CdC especial nº 4 (18), abril 2014

No se aceptan devoluciones (Eugenio Derbez)

Sofia Pérez Delgado.

Hay temas que, pese a ser de sobra conocidos por todos, continúan funcionando entre el público. Así ocurre con la fórmula de hombre crápula y reacio al compromiso que se ve obligado a centrarse de golpe con la aparición de un vástago del que desconocía su existencia. No se aceptan devoluciones llega precedida por un enorme éxito comercial tanto en su país de origen como en Estados Unidos. Su creador, el popular comediante Eugenio Derbez, abarca en su ópera prima para el cine los principales aspectos de la película. Como director, en primer lugar, Derbez se muestra limitado de recursos, con un tratamiento estético propio de un telefilm. En cuanto al guion, reduce la cinta al humor más simplista, dotándole a cualquier situación de un espíritu naíf, cuya ingenuidad (acentuada por la persistente banda sonora de Carlos Siliotto) resulta esperpéntica. Y en el apartado actoral, ofrece un repertorio de muecas y slapstick (no en vano, interpreta a un especialista de cine) que quedan ensombrecidos por la naturalidad de su joven coprotagonista, Loreto Peralta. La película se guarda un dramático as en la manga en su tramo final, pero para entonces ya se ha tomado tan poco en serio durante todo su extenso metraje, que no emociona ni transmite empatía real. Un resultado más bien desafortunado para la que se erige como la película mexicana más taquillera de la historia.