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Rotterdam 2022. Heterodoxias

Pocas cosas definen mejor un festival que la inclusión de ciertas películas en sus escaparates principales. Y pocas películas tan insólitas, tan fuera de la norma o de las modas, como la israelí Kafka for Kids de Roee Rosen, han asomado por los más destacados festivales europeos en los últimos años. En Rotterdam estaba en su competición principal, los ‘Tigres’, una de las muchas películas verdaderamente arriesgadas, puede que imperfectas pero sin duda estimulantes de un festival que parece haberse reinventado en sus dos últimas ediciones bajo la nueva dirección de Vanja Kaludjercic y que, lamentablemente, han tenido que desarrollarse online.

La película de Rosen se presenta como una suerte de programa infantil que pone en escena La metamorfosis de Franz Kafka con todo un variopinto arsenal de recursos, desde la animación al collage, una provocadora parodia en la línea habitual de su autora que recupera en su tramo final su cortometraje anterior, Explaining the Law to Kwame, en su día ya anunciado dentro del proyecto ‘Kafka for Kids’, pero que no acaba de encontrar acomodo en este largometraje. Más ortodoxa pero no menos sorprendente, la canadiense Le rêve et la radio, de Renaud Després-Larose y Ana Tapia Rousiouk, presenta a unos personajes que parecen salidos del mundo de Jacques Rivette (sociedades secretas, conspiraciones) para ir derivando hacia una trama política inspirada por Pedro Costa o Nicolas Klotz y Elizabeth Perceval en la que confluyen las más diversas influencias formales, desde las vanguardias clásicas a las cámaras de vigilancia.

Por su lado, la australiana The Plains, de David Easteal, está llamada a convertirse en una de las grandes películas del año. Su propuesta tiene muchos elementos deudores del estructuralismo: tres horas de duración, planos secuencia filmados todos ellos desde la misma posición de cámara, el asiento trasero de un coche, y solo interrumpidos, cada media hora, por breves interludios exteriores (una cámara, en cualquier caso, siempre en movimiento), y un mismo trayecto, el que emprende el protagonista cuando a las cinco de la tarde coge su coche para volver a casa, unas veces solo (hablando por teléfono), otras con un compañero de trabajo más joven. Pese a su radicalidad, el dispositivo es sorprendentemente ágil y entretenido, sin para ello tener que recurrir a giros dramáticos, sosteniéndose tan solo con el lento discurrir de los días: las novedades del trabajo, los recuerdos biográficos, los conflictos familiares, la sensación de que un mismo itinerario nos va a deparar siempre alguna novedad… También la constatación de que el rigor formal no está reñido con la escritura dramática (o viceversa) y que las películas más sugerentes son aquellas que saben esconder su complejidad en la sencillez de su estructura.

La diversidad de secciones que ofrece Rotterdam puede resultar un tanto confusa, no así sus claras apuestas estéticas, indiferentes al marco en el que están expuestas. Así, en la ‘Big Screen Competition’ nos podíamos encontrar con la nueva propuesta del kazajo Adikhan Yerzhanov, Assault, la historia de una improbable toma de rehenes en una escuela de, como siempre en su cine, Karatas y el todavía más improbable rescate por parte de una serie de profesores, policías y los borrachos y los tontos del pueblo; algo así como un Rufufú dirigido por Aki Kaurismaki que no alcanza la hilaridad de la anterior película de Yerzhanov, Yellow Cat. Mientras, en la sección ‘Harbour’ era posible descubrir Corsini interpreta a Blomberg y Maciel de un Mariano Llinás que, después de Concierto para la batalla de El Tala, vista en el último BAFICI, se embarca en un nuevo proyecto musical, en este caso una insólita adaptación de un disco, por definir de algún modo una película que se escapa a toda norma. El día de la independencia argentina Llinás se propone volver a grabar un disco de tangos de 1929, el que editó Corsini a partir de las canciones con letras de Blomberg y música de Maciel. El remake del disco es el punto de partida para una investigación sobre los personajes y lugares que pueblan estas canciones, con muchas alusiones a la época de Juan Manuel de Rosas (mediados del siglo XIX) y su conflictivo legado, que todavía hoy polariza la política argentina.

‘Cinema Regained’, la sección que programa Olaf Möller, ha ganado coherencia en estas dos últimas ediciones. También ambición en su combinación de recuperaciones y novedosas propuestas que abordan desde el documental distintos aspectos de la historia del cine. En la versión online para la prensa, la sección aparecía dramáticamente amputada (películas no disponibles de Sarah Maldoror, Carolee Schneemann, Mani Kaul o episodios televisivos de Ida Lupino), pero aún así presentó algunas de las propuestas más estimulantes del festival. En ocasiones se puede tratar de películas que simplemente nos amplían nuestro conocimiento del universo cinematográfico global, como es el caso de Urf (aka), de Geetika Narang Abbasi, que retrata el fenómeno de los imitadores de estrellas del cine indio… a su vez devenidos protagonistas de sus propias películas, un bucle que nos habla de la importancia cultural que el cine aún tiene en ciertas sociedades. Por su lado, la rusa What Beat You Nothing, de Lyubov Arkus, es un documental sobre la actriz teatral (y ocasionalmente también cinematográfica: El espejo, de Tarkovsky, sin ir más lejos) Alla Demidova. Un documental extraordinario, la verdad, que puede verse también como un duelo entre la actriz y una cineasta (y reputada crítica de cine) que se enfrenta cara a cara con un personaje mítico y refractario a discutir de su pasado (pese a la larga relación de confianza entre las dos mujeres), al tiempo que van saliendo a relucir los constantes enfrentamientos con la censura soviética de los artistas rusos, una constante que no parece tener fin.

What Beat You Nothing. Caiman Ediciones

Pero la gran estrella de ‘Cinema Regained’ era un programa doble que define perfectamente el espíritu de la sección. La excepcional Viaggio nel crepuscolo, de Augusto Contento, se había estrenado ya en Venecia, pero en Rotterdam se presentaba junto a Ora e sempre riprendiamoci la vita, de Silvano Agosti, una película de 2018 que apenas había circulado internacionalmente. Si Agosti aborda la Italia post-68 a partir de materiales de archivo, con todos los conflictos políticos de los setenta, Contento, con la colaboración de Adriano Aprà, enfoca el mismo periodo histórico solo que a través de las películas de Marco Bellocchio, digamos que los temas que trata desde I pugni in tasca (el pre-68) hasta Buongiorno, notte (el secuestro y asesinato de Aldo Moro). Contento se sirve de declaraciones del cineasta y colaboradores, siempre en off, mientras que sus imágenes son las de las películas de Bellocchio o archivos de la época, más, y esto es lo más sorprendente, animaciones un tanto abstractas, como si esos años, efectivamente, constituyesen una auténtica pesadilla.

En muchos sentidos, Rotterdam tiene algo de metafestival, el primer festival de la temporada, pero también una recapitulación de la anterior. Es así como la recuperación de la veneciana Viaggio nel crepuscolo se complementa y enriquece con un programa doble; y otro tanto podemos decir de A New Old Play, premiada en Locarno y que justifica una retrospectiva de su director en Rotterdam. El foco Qiu Jiongjiong permite así confirmar como en apenas trece años se va desarrollando una obra que parte del documental más o menos ortodoxo (The Moon Palace) para ir derivando hacia modelos híbridos (Mr. Zhang Believes) que acaban por confluir en una ficción (la susodicha A New old Play) que desarrolla los temas principales de su filmografía (la autobiografía familiar, la compañía teatral, las persecuciones políticas del maoísmo) en un conjunto que solo puede entenderse con la perspectiva de la evolución que siguió su carrera.